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Publicado el 12 Septiembre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

ARTES ESCÉNICAS

Teatro Alhambra: “Admirable refugio del criollismo”

Una meca del teatro musical vernáculo, de reconocida trascendencia cultural, arriba al aniversario 130 de su fundación
A 130 años de fundado el Teatro Alhambre, se le recuerda como un verdadero refugio de criollismo.

1- Sainetes, operetas, parodias, revistas y zarzuelas de fuerte arraigo popular se presentaron en este teatro. (Foto: Autor no identificado).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Tal vez, el bufo no halló recinto más espléndido en la escena insular que el Alhambra. Vilipendiado por unos y ensalzado por otros, aquel coliseo devino símbolo de una época en que lo alborozado del ser cubano contrastó con la ruina moral de cierta parte de la sociedad.  Un “pálido reflejo del profundo deterioro político en que la República, recién inaugurada, había naufragado”, diría el investigador, crítico y teatrólogo Rine Leal.

Este espacio, tildado como antro para el arte menor, según sus detractores, satirizó los manejos neocoloniales e influyó sobremanera en el teatro cubano. También lo hizo en la difusión del son, el danzón, la rumba y otros géneros musicales.

En la intercepción de las calles Consulado y Virtudes, en el actual municipio de Centro Habana, se fundó el teatro Alhambra, el 13 de septiembre de 1890. En un inmueble de una sola planta, sin ninguna virtud arquitectónica, el emigrado catalán José Ross –su propietario– alzó su minúsculo centro artístico. Durante unos dos lustros apenas estrenó zarzuelas, entremeses y otras piezas sin grandes exigencias de calidad.

Ese rudimentario y limitado Alhambra resurgió poco antes de comenzar el siglo XX, período en el cual hizo historia, cuando el libretista Federico Villoch, ya célebre en el teatro Martí, inauguró una temporada ininterrumpida de más de tres décadas junto a una nómina integrada, en principio, por el escenógrafo Miguel Arias y el actor José López Falco, apodado Pirolo.

Otras figuras se sumarían en el decurso y harían de la crítica social, el escarnio y la sátira política, la esencia del género denominado alhambresco, génesis y pilar de varias hornadas de artistas. Allí se reunieron creadores del relieve de Regino López Falco, hermano de Pirolo. Asimismo, cinco generaciones de la familia Robreño, tan significativa en la historia de la cultura cubana;el compositor Jorge Anckermann; los actores Ramón Espígul, Arquímedes Pous, Fernando Mendoza, Sergio Acebal, Blanca Becerra, Mimí Cal, Enrique Arredondo, entre otros notables.

A 130 años de fundado el Teatro Alhambre, se le recuerda como un verdadero refugio de criollismo.

Para el Alhambra Federico Villoch concibió centenares de obras. La isla de las cotorras, La danza de los millones, La república griega, La casita criolla, El rico hacendado son algunos de los montajes más recordados. (Foto: lajiribilla.cu)

Si bien esta pléyade no inventó el bufo, sí innovó a partir de su estructura primigenia, al sustituir personajes tipos del vernáculo por otros; extender y enriquecer los recursos de interacción con el público, sustentados en la música, el texto ligero, el choteo, la parodia, los mensajes – gestuales y verbales– subidos de tono.

Siempre hubo lugar para la actualidad política, prescindiendo por lo general de comentarios que hurgaran en las causas del problema. A decir verdad, a finales del siglo XIX en el escenario del Alhambra se criticó tanto a mambises como a norteamericanos. Y, en ocasiones, las alusiones antiyanquis fueron tanto por pura morriña ibera como por genuino sentimiento de soberanía. Ya en la República, a veces giró tras los vientos que marcaban la realidad de los partidos políticos y los gobiernos de turno.

Los libretistas engordaban el repertorio con obras que garantizaran el lleno total en los dos estrenos semanales y las tres funciones diarias. Asistían hombres solos de cualquier estrato social. Las primeras referencias sobre la relación entre el humor y la música, tanto en el empleo de la orquesta acompañante como en el disco, parten de las placas fonográficas grabadas por cómicos del Alhambra. Se dice que la compañía Victor registró diversas estampas humorísticas y vendió miles de copias de ellas.

En 1935 el pórtico del inmueble se desplomó y jamás fue reconstruido, quedaba atrás el auge de una época de la escena antillana. Unos años antes, el escritor cubano Alejo Carpertier había sintetizado su trascendencia para la historia en estas palabras: “Con todos sus defectos y vulgaridades (supuestas o no) […] este teatro constituye un admirable refugio del criollismo”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez