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Publicado el 23 Octubre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

En el alma de un artista

Homenaje a propósito del cumpleaños 90 de un creador con una obra representada en importantes museos y galerías del mundo
El alma de un artista llamado Alfreso Sosabravo

Sus obras, a pesar del tono hilarante y travieso, implican una reflexión profunda sobre la realidad. (Foto: wikimedia.org).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Pocas veces la frugalidad de un contacto logra definir la vida entera de un ser humano. Así le ocurrió al apenas veinteañero Manuel Alfredo Sosa Bravo cuando en 1950 una exposición de Wifredo Lam, emplazada en el Parque Central habanero, daría un nuevo sentido a su existencia. Lo conmovió hondamente que la obra del ya veterano en las lides del arte moderno hubiera triunfado en circuitos europeos y que el pintor fuera oriundo de Sagua la Grande, la misma región villareña que vio nacer al joven, el 25 de octubre de 1930.

Según declarara Sosabravo en varias ocasiones, sus primeras inquietudes artísticas llegaron en la niñez, con las tiras cómicas publicadas en la prensa de la época. Entre juegos y andanzas por la finca donde creció hasta mudarse a La Habana a la edad de 11 años, descubrió el universo que habita en sus obras.

Ya adolescente pensó en ser pianista y hasta entró en una escuela de música a estudiar teoría del solfeo. Además, llegó a escribir cuentos que se publicaron en las secciones literarias de periódicos como el Diario de la Marina. Pero el estremecimiento de ese día en el Parque Central le marcó la ruta y lo impelió a comprar pinceles, pinturas al óleo, lienzos y hasta un caballete de paisajista.

Necesitaba reconocer, palpar el mundo que en realidad lo cautivaba. Durante un lustro intentaría continuar las huellas del maestro (Lam). Logró ingresar en la Escuela Elemental de Artes Plásticas Aplicadas, anexa a la Academia de San Alejandro, y allí permaneció por espacio de dos cursos, su única formación académica.

A finales de los años 50 trabó relación con el también pintor Ángel Acosta León, quien, como su más cercano mentor, lo guiaría e invitaría a participar en algunas exposiciones. A instancias de este notable artista cubano, en 1960 se presentó en el Primer Salón de Grabado con temas sobre la Revolución, convocado por el Museo Nacional de Bellas Artes. La pieza enviada al certamen ganó el Premio de Adquisición en el Salón, el todavía novel artista Sosabravo estaría a la altura de los maestros Armando Posse, Carmelo González, Lesbia Vent Dumois.

Se iniciaría una rica y prolífica trayectoria por el universo de las artes visuales que incluiría la docencia, así como la participación en múltiples muestras, el reconocimiento con lauros y distinciones, y la creación de toda una obra, elogiada hasta hoy en la mayor de las Antillas y en otras latitudes del orbe.

A lo largo de más de seis décadas el grabador, escultor, ceramista y pintor por antonomasia, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1997, ha experimentado e innovado a partir de diversas técnicas y soportes.

El alma de un artista llamado Alfreso Sosabravo.

A partir de 1998 emprendió, con la fábrica italiana Ars Murano, un exitoso camino en el ámbito de la creación de vidrio artístico. (Foto: vistarmagazine.com).

Su paleta de colores trasciende la gama de los verdes, azules y rojos para recrear historias aparentemente absurdas, disparatadas, con un tono hilarante y hasta travieso, pero que implican una reflexión profunda sobre la realidad. Es lo que el propio artista denomina “humor blanco”; una suerte de expresión en la que las obras “aluden a temáticas serias desde una perspectiva humorística no agresiva, respetuosa y muy colorida”, señaló en diálogo con la revista Excelencias en 2014.

Recordadas son Prostituta peinándose (1967), Homenaje a Almodóvar (1995), Un hombre de éxito (1997), Lluvia erótica (2001), Con la cabeza llena de pájaros (1996), esta última con una versión en vidrio de Murano concebida en 1998.

“Las tonalidades y sus combinaciones se han convertido en el rasgo familiar que distingue su arte. No son matices frívolos, a pesar de la aparente y engañosa futilidad del tema, tampoco son colores tropicales, en caso de que se haga la innecesaria asociación”, ha señalado la escritora y crítica de arte Carol Damian, directora del Museo Frost de Florida, Estados Unidos.

Aun cuando no pretendió ser ceramista ni grabador, supo aprovechar con extraordinaria lucidez las condiciones que las circunstancias le impusieron y salió airoso. En la actualidad es reconocido como una figura notable de nuestra litografía, asimismo uno los precursores (entre los años 50 y 60 del pasado siglo) de la cerámica artística en Cuba y, por supuesto, dentro del revitalizado y diverso despliegue que exhibe la manifestación en el presente.

La escultura es otra de las grandes pasiones de Sosabravo, cada pieza en su disparidad y diferencia carga el aire de familia de su creador. Tanto las bidimensionales como las tridimensionales, en su mayoría transmiten una sensación de movimiento a quien absorto intenta captar su poética, en el vidrio, el bronce, la arcilla.

Lo figurativo y lo simbólico se hermanan como rasgo distintivo en la creación visual de este artista, quien con soltura incursiona en el surrealismo, el arte pop, el realismo mágico, como él mismo ha referido. Con maestría mueve un concepto, una idea, de un soporte a otro sin que se diluya la energía contenida en la obra.

El artista celebra sus 90 años de vida, vale la ocasión para recordar la certidumbre de su más acucioso investigador y crítico, Alejandro G. Alonso: “Sosabravo ha cruzado barreras, derribó tácitos límites interdisciplinarios para, en etapa avanzada de madurez, tentar otras opciones”. Ese es su principal y más extraordinario mérito: concebir una mixtura de formas, colores, sensaciones, siempre renovado.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez