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Publicado el 20 Diciembre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Alicia Alonso: expresión del cuerpo y el alma

En el centenario de la prima ballerina assoluta BOHEMIA recuerda su trascendencia como una de las maestras y coreógrafas más influyentes de las últimas décadas
Alicia, expresión del cuerpo y el alma.

Su interpretación y versión coreográfica de Gisselle ha sido una de las más notables de sus obras. (Foto: ICAIC).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Tal vez pocos imaginaron que aquella muchachita de grandes y expresivos ojos pardos, entusiasta en los juegos activos e inquieta danzarina desde la más temprana infancia, llegaría a ser una excelsa artista universal, cuya impronta indeleble ha marcado a varias hornadas de creadores, y deviniera paradigma de talento, consagración y magisterio para las generaciones presentes y venideras.

Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez y del Hoyo, para Cuba y el mundo, Alicia Alonso (1920-2019), nació en La Habana un 21 de diciembre. Era apenas una niña cuando ingresó en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, institución cultural patrocinada por medios privados que contribuyó con especial relevancia –aunque de manera incipiente– al desarrollo del movimiento profesional de la danza teatral en la mayor de las Antillas, al fundar nuestro primer centro académico para la enseñanza del ballet.

Expresión del cuerpo y el alma.

Cada consejo suyo significaba una clase magistral repleta de enseñanzas para la vida y la danza. (Foto: ARCHIVO DEL BNC).

Allí, en breve lapso, la jovencita despuntó entre sus compañeras de clase y luego de una notable interpretación en un montaje de La Bella Durmiente, impresionó favorablemente a los públicos y la crítica; a partir de aquel momento encarnó los roles protagónicos de las piezas danzarias concebidas en Pro-Arte.

“Desde el principio pude contar con la comprensión de mi madre, Ernestina del Hoyo, quien me respaldó en todo lo que me proponía en relación con el ballet. Papá se resistió primero, por aquello de que no alcanzaba a imaginarme ‘mostrando las piernas en el escenario’, pero finalmente el entusiasmo y el orgullo por los triunfos de su hija se fueron imponiendo”, confesaría en una entrevista concedida a la revista Opus Habana, a mediados de 2011.

Quien en el decurso se convirtió en la prima ballerina assoluta decidió perfeccionar su formación en los Estados Unidos, donde se nutrió de la savia de excepcionales profesores europeos afincados en Nueva York. Comenzó una etapa de aprendizaje y creación de extraordinaria riqueza.

Al Ballet Theatre de Nueva York (actual American Ballet Theatre) se integró a partir de 1940 y en su trayectoria creativa fueron decisivos los vínculos que entabló con los célebres coreógrafos Michel Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, Antony Tudor, Jerome Robbins, Agnes de Milles.

Nace una escuela

Expresión del cuerpo y el alma

Quienes la acompañaron en el arte de la danza conocieron su sencillez y especial sentido de superación. En la foto, junto a los bailarines Ocilia Pedrera, Pepe Medina y Adolfo Roval (derecha). (Foto: ARCHIVO BNC).

Para aproximarse a la figura de Alicia Alonso, a su grandeza y trascendencia como artista, se precisa una mirada plural e integradora  a su obra, pues no es posible admirar, valorar a la bailarina como el portento inigualable que fue, sin antes reflexionar de manera sistémica  sobre la validez y el virtuosismo de su quehacer como pedagoga y coreógrafa.

Cuando ella fundó en 1948 el Ballet Alicia Alonso –devenido Ballet Nacional de Cuba (BNC) al triunfo revolucionario de enero de 1959– junto a un grupo de sobresalientes creadores que incluía a los hermanos Alberto y Fernando Alonso, ya la artista perfilaba su intención de desarrollar el movimiento de ballet profesional en la Isla.

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Para Svetlana Ballester, la prima ballerina assoluta fue un modelo de ética y excepcional mentora. (Foto: ARCHIVO BNC).

La idea de que los bailarines antillanos debían viajar a otras tierras para alcanzar elevados niveles técnicos e interpretativos resultaba inadmisible para la creadora; por ello, mientras trabajaba en los Estados Unidos y crecía como estrella mundial, alternaba con actuaciones en La Habana sin desatender a la compañía recién fundada, en tanto modelaba su estilo al entrar en contacto con los saberes de distintos sistemas de enseñanza.

Aprehendía, experimentaba, bebía de las influencias que le aportaban valiosos representantes de célebres escuelas de la época: rusa, danesa, inglesa, italiana; y seleccionó de aquellas los elementos que mejor se avenían a sus particularidades físicas y necesidades de expresión. De manera inconsciente, pero permeada de búsquedas y afirmaciones sobre preocupaciones estéticas, estilísticas, sentó las bases metodológicas de lo que a la postre se convirtió en la tan elogiada escuela cubana de ballet.

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Siempre se mantuvo atenta a las más jóvenes hornadas. El primer bailarín Rafael Quenedit Castro se siente afortunado de haber compartido con esta artista de relieve mundial. (Foto: ROLANDO PUJOLS).

Así, en 1950, la tríada de los Alonso (Alicia, Fernando y Alberto) concibió un centro académico en la mayor de las Antillas, resuelto a articular las esencias del ser cubano, su temperamento e idiosincrasia, su identidad y cultura. Desde entonces la principal artífice del BNC ha dejado una impronta de sencillez, superación y aprendizaje constantes en varias generaciones de bailarines.

“No me podía imaginar que mi vida iba a cambiar drásticamente y que a su lado aprendería y me desarrollaría profesionalmente, asimilando sus sabias enseñanzas y admirando su extraordinaria energía y la fuerza de un carácter incorruptible”, confiesa el Premio Nacional de Danza 2019, Adolfo Roval –bailarín solista, maître y regisseur– vinculado desde 1952 a la compañía.

Maestra concienzuda y pertinaz, la mentora del BNC siempre se sintió en la responsabilidad de conocer a sus discípulos a fondo, apoyarlos y ofrecerles el máximo de conocimientos. Svetlana Ballester, una de las más prestigiosas maîtres del colectivo danzario en los últimos 20 años, confiesa que “tenerla todos los días en clase era un orgullo, una enseñanza y un gran ejemplo”. Recuerda que era muy joven cuando participó junto a José Carreño en el New York International Ballet Competition, en junio de 1987.

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El legado de Alicia pervive en las nuevas generaciones de primeros bailarines, entre ellos la actual directora general del BNC, Viengsay Valdés. (Foto: TODD LESHTICK).

“Habíamos viajado solos, sin un maestro, y allá estaba Alicia como miembro de un jurado compuesto por reconocidísimas personalidades de la danza. Por ética, no podíamos tener contacto con ella. Al final, José obtuvo medalla de oro y yo de bronce. Sé que Alicia se sintió muy feliz y orgullosa de nosotros”. La artista comentó a BOHEMIA que al regresar de aquel viaje les programaron dos pas de deux en el Gran Teatro de La Habana, en una función donde bailaba la célebre bailarina.

“Además de su aliento antes de salir a escena, estuvo observándonos sentada justo al lado del jefe de escena y contrario a lo que pueda pensarse, no sentíamos presión, sino un gran apoyo de su parte”, añade la artista que colaborara con Alicia Alonso en diversos montajes del repertorio romántico, clásico y contemporáneo.

Al perder el sentido de la vista, la gran bailarina debió aprender a bailar y enseñar de otra forma, no obstante continuó siendo maestra eminente, comprometida hasta la médula con la docencia y el arte. “En ocasiones, parecía que solo escuchaba la música, pero realmente estaba bailando aunque estuviera sentada, se detenía en el gesto que no estuvo completo o en el movimiento que quedó por terminar con la expresividad que requería el personaje”, rememora el joven primer bailarín Rafael Quenedit Castro.

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Siempre predicó con la fuerza del ejemplo y el talento. La instantánea muestra una sesión de trabajo en el hogar de Javier Sánchez. (Foto: NEYRA).

Y mientras lamenta no haber tenido más tiempo, por su corta edad, para escuchar sus consejos, relata: “Siempre nos insistía en que éramos artistas, no deportistas, que cada movimiento que hiciéramos tenía que tener un sentido, un significado… había que expresar no solo con el cuerpo, sino con el alma.

“Tuve el honor de acompañarla en varios actos donde le hicieron homenajes. Sentir su mano apoyada sobre la mía, estar a su lado, escuchar sus comentarios… me hicieron un hombre dichoso, no solo por ser parte de la escuela que ella construyó y dejó como legado para las futuras generaciones de cubanos, sino por tener la suerte de conocerla. Creo que esa experiencia nos hará sentir mejores artistas y mejores personas”,

Durante más de cuatro décadas, incluso en paralelo con el ejercicio de bailarín, Javier Sánchez trabajó de forma directa y sostenida junto a Alicia Alonso, como asistente de montaje en varias obras. De esa relación profesional y afectiva, el artista infiere: “Todos los días de su vida se preocupaba por formar maestros, bailarines, técnicos que supieran preservar con su trabajo, sobre la base de principios éticos y morales, el alto nivel artístico del BNC”.

La creación: esencia de la diva

Expresión del cuerpo y el alma.

Siguiendo las pautas de la escuela cubana de ballet, la solista y maître Ana María Leyte Cáceres, imparte clases a las primeras bailarinas Grettel Morejón (izquierda) y Sadaise Arencibia (centro). (Foto: JORGE BONET).

En la misma medida en que recibió ovaciones como bailarina en los más acreditados escenarios del mundo, su labor coreográfica exhibió un desempeño prominente. Unas 50 piezas, de extraordinaria riqueza y diversidad temática y formal, componen su acervo en este ámbito.

Según se ha documentado, la artista cubana debutó como coreógrafa en 1942, cuando creó una comedia ballet titulada La condesita, con música original de Joaquín Nin, y presentada en el teatro Auditorium de La Habana. A partir de ese instante vinieron distintas obras de intenso y renovador aliento que se ganaron la aceptación de los públicos.

En 1950, para el Ballet Alicia Alonso concibió Ensayo sinfónico, inspirada en las composiciones del pianista y director de orquesta alemán Johannes Brahms, y que en su estreno se consideró una creación coreográfica audaz; tanto fue así que al año siguiente integró el repertorio del American Ballet Theatre, de Nueva York.

A lo largo de su existencia generó nuevas obras y adaptó otras con absoluto ingenio y talento. Entre las más reconocidas se hallan su versión coreográfica de Gisselle, por la cual en 1966, de conjunto con la interpretación personal de la pieza, conquistó el Grand Prix de la Ville de Paris. Dicha versión ha trascendido en el tiempo por encima de otras también valiosas y forma parte del repertorio de acreditadas agrupaciones foráneas.

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Durante el Festival Artes de Cuba (Centro Kennedy, de Washington, 2018) ocurrió una de las últimas apariciones en público de Alicia Alonso. (Foto: CARLOS CARRAZANA).

Asegura la primera bailarina Viengsay Valdés, actual directora general del BNC, que “las puestas en escena de los clásicos, realizadas por Alicia, fueron creadas sobre la base de elementos coreográficos originales heredados de la tradición y, sobre todo, de la autoridad y absoluto dominio que ella poseía en ese tema. Estas versiones se distinguen por tres aspectos esenciales: la autenticidad del estilo, la coherencia de su dramaturgia y la riqueza del vocabulario coreográfico.

“El legado de Alicia nos aporta un espíritu de trabajo, una pasión por la danza. Es el ejemplo de la constancia, la dedicación, la autoexigencia, el amor a este arte y estas son cualidades esenciales para cualquier bailarín del mundo”.

A la relación coreógrafo-intérprete prestó especial atención la diva de la danza mundial, quien siempre tomó como su regla de oro intercambiar con el bailarín sobre la historia del personaje, los distintos giros y sentidos de cada frase coreográfica.

Refiere el también destacado maître de primer nivel Javier Sánchez que “acostumbraba a preparar la coreografía con gran concentración, analizando no solo la medida de la música, sino el estilo que debía tener el ballet; y cuando se comenzaba a trabajar en el salón, la obra ya casi estaba concebida en un alto porcentaje”.

De acuerdo con este docente sobresaliente, la artista era indetenible a la hora de crear; volcaba en el proceso toda su experiencia y nunca se detenía en la búsqueda de composiciones musicales, temas, y argumentos novedosos. “Siempre tenía en cuenta los detalles que conformaban la puesta en escena de un ballet, sin supeditar ninguno a otro. Desde el comienzo, ofrecía a quienes trabajábamos con ella una visión total de lo que pretendía hacer”.

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Más de medio siglo trabajando junto a la principal artífice del BNC transformaron la vida del historiador Miguel Cabrera, quien ha resguardado celosamente el devenir del prestigioso colectivo danzario. (Foto: ARCHIVO BNC).

La originalidad, sagacidad, creatividad e imaginación, de la eterna mentora del BNC y su escuela, todavía sorprenden. La acreditada bailarina y maître Ana María Leyte Cáceres evoca que cuando preparaban en su hogar la primera escena del ballet Cascanueces, “llegó a la casa la doctora Isolina Aragón y no entendía al vernos moviendo sobre la mesa pomitos de especias. Le explicamos que trabajábamos la mise-en-scène y los pomitos eran grupos de bailarines que Alicia movía para que yo transcribiera exactamente cómo debía ser su desplazamiento en el escenario”. La visitante quedó impresionada de cómo Alicia resolvió, por medio de la inventiva y elementos inmensamente sencillos, una situación técnica puntual.

No existe instante en que la primera bailarina Sadaise Arencibia no deje de sentirse halagada y orgullosa cuando al referirse a su rol en Carmen le comentan ‘me recordaste a Alicia’. Igualmente, reconoce que varios de sus méritos profesionales se los debe a la prima ballerina assoluta, referente cardinal en la creación de ese personaje. Relata que mientras preparaba el personaje de Gisselle quiso rescatar cargadas de la versión coreográfica de Alicia Alonso que ya no se ejecutaban durante el adagio del segundo acto, las cuales poseen una belleza indiscutible y están impregnadas del sentido etéreo propio de un ballet como ese.

Expresión del cuerpo y el alma.

Su universalidad abarca diversos ámbitos del arte y la cultura de todos los tiempos. Primer plano del ballet Yagruma. (Foto: TONATIUH GUTIÉRREZ)

“En aquel entonces mi pareja de baile era Miguel Ángel Blanco, extraordinario partenaire, y yo sentía que él era ideal para llevar a cabo este anhelo. Me le acerqué a Alicia con esa inquietud y rápidamente accedió, o más bien me exigió que lo hiciera exactamente del modo en que ella acostumbraba a ejecutar esa parte. A partir de ahí se volvieron a retomar esas cargadas.

“Alicia ubicó a Cuba en el panorama danzario internacional desde que debutó en Giselle en los Estados Unidos. Justo en ese país, donde se iniciaron su fama y su leyenda indiscutibles, recibió también sus últimas ovaciones e hizo sus últimas apariciones en público en 2018. Quiso el destino que me cupiera el altísimo honor de estar a su lado, acompañándola en ese instante único e irrepetible, saludando tras culminar una función de Giselle protagonizada por mí, el ballet que la llevó a la gloria desde el primer momento”.

Cada persona que tuvo el privilegio de estar cerca de la prima ballerina assoluta tiene su propia anécdota, tan singular y genuina como su obra y el ser humano que fue, cuya excepcionalidad va más allá de su técnica pulida, correcta, perfecta; de su histrionismo en los roles que encarnó con especial virtud y donaire; de su magisterio y talento creador a toda prueba.

El doctor Miguel Cabrera, durante cinco décadas historiador del BNC, sintetizó la preponderancia de su figura al expresar que “se convirtió para siempre en una gloria de la cultura cubana y una contribuyente a la cultura danzaria mundial”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez