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Publicado el 22 Enero, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Las primeras luces de los Lumière

Al cumplirse 124 años de la llegada del cine a Cuba, BOHEMIA rememora detalles de lo acontecido en aquel local de la calle Prado entre San Rafael y San José
Las primeras luces de los Lumière.

Gabriel Veyre nació en una localidad cercana a Lyon, Francia, e introdujo el cine en América, África y Asia. (Foto: cubaperiodistas.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Azarosa y convulsa se advertía la mayor de las Antillas durante el último lustro del siglo XIX. Mientras la guerra iniciada en 1895 sacudía a la Isla con el avance arrollador de las tropas insurrectas, La Habana intentaba mantenerse ajena al revuelo que ocurría en el interior del país.

Aun cuando los precios de los alimentos subieran estrepitosamente e importantes teatros de la época cerraran en la urbe, la vida se mostraba activa para las personas acaudaladas, los grandes comerciantes y los turistas. En ese escenario de aparente sosiego, figuras del arte y novedades de las ciencias de diverso calado echaron ancla en la capital antillana para disfrute de los ciudadanos más holgados. Entre tanto jaleo tecnológico y cultural, el colofón de la centuria llegaría con uno de los inventos más significativos de la historia del arte universal: el cinematógrafo creado por Louis y Augusto Lumière, presentado por primera vez en París, en 1895.

Cuenta la historia que tras la resonancia del ingenioso hallazgo en la Ciudad Luz, sus creadores concibieron una estrategia de difusión global; sorprendentemente incluyó a Cuba, pues aunque todavía se respiraban aires de guerra, ellos creían ganada la independencia por los mambises y con ello devendrían excelentes clientes en la región.

El concesionario de los Lumière, Gabriel Veyre, llegó a La Habana el 15 de enero de 1897, procedente de la ciudad azteca de Veracruz. El también galo, farmacéutico de profesión y con sólidos conocimientos de química, había sido contratado como director técnico y operador itinerante para el área de las Américas y el Caribe. Y formó parte de los doscientos camarógrafos diseminados en el mundo por los Lumière para expandir el invento.

Las primeras luces de los Lumière.

Los hermanos Lumière revolucionaron el mundo de las imágenes en movimiento. (Foto: elcomercio.com).

Poco más de una semana resultó suficiente al forastero para armar el tinglado de las luces y las sombras en movimiento, que superaría con creces al kinetoscopio de Edison, igualmente presentado en la capital habanera un tiempo antes.

“Era un pequeño local, largo y estrecho, que se alquilaba para exhibiciones, en la reducida cuadra de la calle Prado (126), entre San Rafael y San José. La pantalla de ese improvisado cine era una sábana, que al comenzar la proyección se rociaba con agua y el aparato estaba oculto a la vista del público”, refirió el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, uno de los concurrentes al inédito espectáculo visual.

La víspera de la jornada inaugural, el 23 de enero de 1897, el comisionado francés convocó a una función especial dedicada a la prensa y las autoridades, con el propósito de garantizar audiencia en las veladas sucesivas. La idea surtió el efecto esperado y al día siguiente –el 24– los espectadores alucinaron con las imágenes animadas.

Desfilaron por allí cerca de un millar de personas, sin contar que algunos regresaron para repetir la experiencia. Solo en esa noche Veyre recaudó 400 pesos, vendiendo las localidades por el valor de 50 centavos y de 20 a los niños y soldados.

Las películas silentes, de cortos minutos de duración: El regador regado, La partida de naipes, La salida del tren y El sombrero cómico deleitaron a los debutantes cinéfilos. Otras, como Infantería española en vivac y Artillería española en combate, ambas filmadas en la nación ibera, se exhibieron además para contentar a los funcionarios del gobierno local.

Las primeras luces de los Lumière.

En el local con el letrero de Habana Museum Co. se emplazó el cinematógrafo, justo al lado del Teatro Tacón, actual Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. (Foto: cubaperiodistas.cu).

Apenas un par de semanas después del acontecimiento, el 7 de febrero, y aprovechando la cercanía del local de proyecciones con el Cuerpo de Bomberos habanero, Veyre documentó en un minuto el trajín de aquel cuartel. Esta filmación, llamada Simulacro de incendio, se conoce como la primera vista cinematográfica de que se tiene noticias en la historia del séptimo arte en Isla. En ella aparecía la famosa actriz española María Tubau, quien además de la relación que sostuviera con el empresario galo, se había mostrado muy interesada en los pormenores del invento.

Sin embargo, por esas eternas paradojas del destino, sería el fuego el encargado de poner punto final a la rudimentaria sala de exhibiciones y, de paso, dejar al descubierto ciertas fallas técnicas del aparato. De modo que el 16 de marzo de ese mismo año, ardieron las sábanas donde se proyectaban las películas y como consecuencia una porción importante del mobiliario quedó destruido. Para ese entonces el representante de los Lumière había logrado amasar unos 20 mil pesos de ganancia.

Gabriel Veyre salió de Cuba el quinto mes del propio año 1897, rumbo a otras naciones americanas. Se dice que regresó a su tierra natal, empobrecido y enfermo. No obstante, a su empeño le debe la historia del cine mundial el haber llevado el séptimo arte a países de Asia, África y Latinoamérica.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez