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Publicado el 13 Noviembre, 2015 por Abelardo Oviedo Duquesne en Deportes
 
 

Altivos frente a los inconvenientes

Luis Gustavo González Carballido, jefe de la subdirección

Luis Gustavo González Carballido, jefe de la subdirección de psicología del Instituto de Medicina del Deporte. (Foto ANARAY LORENZO)

Por: ABELARDO OVIEDO DUQUESNE

Avanzada ya la tarde-noche, fue progresando el tono de la voz en los intercambios de opiniones; y ello acentuaba un ambiente áspero, válido para que nunca se firmara la paz. En efecto, cada bando hizo su trinchera y, mediante la palabra, intentó sumergir al otro.

De pronto se encendió un barril de “pólvora”, visible desde cualquier lugar de la cuadra, pues uno de los involucrados en la “conversación” empleó el vocablo frustración para denominar el rendimiento de un deportista, así como de un colectivo, durante la temporada preolímpica.

Entonces le pregunté al doctor Luis Gustavo González Carballido, jefe de la subdirección de psicología del Instituto de Medicina del Deporte (IMD), si ese término significa el final de un competidor.

Y con su habitual paciencia me explicó: “En diferentes esferas de la sociedad ocurren centenares de situaciones adversas en el transcurso de una jornada. Algunas tienen mayor connotación que otras. Pero todas acaparan la atención de las personas.

“Por ejemplo -argumentó- el mundo escuchó atentamente la información acerca de la exclusión de Sergei Bubka de los Juegos Olímpicos Barcelona 1992, porque el insuperable pertiguista ucraniano estaba lesionado. “También surgieron muchas apreciaciones cuando el multilaureado afronorteamericano Carl Lewis no clasificó en la eliminatoria de su nación, y quedó fuera de la prueba 100 metros planos en los Juegos Estivales de Atlanta, en 1996.

“Tanto los más aficionados al deporte, como los que no lo son, guardan en su memoria que la jamaicana Merlene Ottey es una de las velocistas más longevas en la historia del atletismo y, sin embargo, nunca ganó un cetro olímpico”, dijo.

“Asimismo -enfatizó Luis Gustavo-, los seguidores del deporte rey aún se refieren emocionados a los duelos entre Silvio Leonard y los velocistas de su generación; del doble éxito de Alberto Juantorena en los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976; y cuentan la trayectoria de Teófilo Stevenson, Javier Sotomayor y Ana Fidelia Quirot en los escenarios de competencia.

Iván Pedroso

En la festividad olímpica Sydney 2000 Iván Pedroso, a pesar de las molestias musculares, superó en el último intento al australiano Jai Taurima. (Foto EFE).

“Por supuesto -puntualizó el especialista-, los aficionados narran con regocijo la réplica presentada a los curtidos vallistas cortos estadounidenses por parte de nuestros coterráneos Alejandro Casañas, Emilio Valle, Anier García, Dayron Robles; y describen la inconfundible prestancia de Luis Mariano Delís en los círculos de lanzamiento de disco e impulsión de la bala; puntualizan sobre la entereza de Norberto Téllez en las dos vueltas al óvalo en el campeonato mundial de Atenas, en 1997. O la épica hazaña de Iván Pedroso en la festividad olímpica Sydney 2000 cuando, a pesar de las molestias musculares, superó en el último intento a Jai Taurima con aquel 8.55 para arrebatarle la medalla de oro al australiano. Muchos critican la insuficiencia de las actuales estafetas cortas y largas del país en las grandes competencias.

“La alegría invade muchísimos rostros cuando en una conversación se recuerda la entrega de los baloncestistas cubanos en la festividad olímpica de Múnich, en 1972, que estimuló la proeza de lograr la medalla de bronce; así como la muestra de intransigencia de las Espectaculares Morenas del Caribe en el cotejo, entre otros, frente a Rusia, por la medalla de oro en Sydney 2000. Y de los muchachos en la Liga Mundial de 1998”, sentenció el investigador.

El doctor Luis Gustavo apuntó que muchas personas en el mundo estimaron justa la victoria de Puerto Rico ante Estados Unidos en la apertura del torneo de baloncesto de los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004; y lamentaron la mala actuación de la garrochista Yelena Isinbayeba en los mundiales de Berlín 2009 y Daegu 2011, al quedar excluida de las finalistas. “Todavía muchas personas consideran como un exceso la medida acerca de la arrancada en falso de Usain Bolt en la prueba de 100 metros durante el campeonato del orbe Berlín 2009, pues esa decisión los privó de ver un encontronazo de leyenda”, añadió.

“Los xenófobos –aseguró- realizan un gran esfuerzo para mantener la compostura en las citas donde los corredores africanos sobrepasan a los europeos en las lides de largo aliento, porque les irrita escuchar las ovaciones que les dispensan las personas sensatas presentes en esos recintos”.

Resistir

“Por supuesto -añadió Luis Gustavo- los pasajes mencionados significaron, o constituyen, depende del tiempo y el espacio, alegría para algunos y tristeza para otros. A esas individualidades o conjuntos que dejaron un mal sabor, una máxima lo define como frustración. El ser humano lucha contra su génesis porque, a veces, ella significa el final de una exitosa trayectoria. Pero… el naufragio es inherente al ser humano y, por lo tanto, al deportista”.

La decepción es un estado que se produce cuando los resultados de la ejecución quedan por debajo de lo esperado. Es decir, tras fallar el cumplimiento de los objetivos propuestos. Está demostrado que esa realidad produce una importante magnitud de estrés. La tolerancia a las desilusiones es una capacidad de inapreciable valor para esos instantes.

“En el deporte, los problemas relacionados con la frecuencia de resultados infructuosos juegan un rol fundamental. El modo en que el competidor vive ese entorno está relacionado con la autoestima general de la personalidad (frustración general) o con el incumplimiento de propósitos concretos, insertos en un proyecto de acción más abarcador (frustración parcial).

“En el primer caso, el desencanto tiene un grado de generalización amplio, relativo a la calidad que el sujeto se atribuye, y se debe a cualidades generales como el valor, la capacidad para triunfar en su especialidad. El suceso conmociona la personalidad y puede provocar respuestas de amplio alcance para la seguridad en sí mismo y para la propia vida deportiva.

“Los reveses parciales, por su parte, están relacionados con acciones malogradas, imperfectas o insuficientes que, a juicio del joven, comprometen la ejecución final o el éxito competitivo. Estas tienen un carácter temporal y están relacionadas con el vertiginoso curso de la actividad. Se trata de infortunios relativos a medios para alcanzar fines más determinantes y a metas que constituyen fases o submetas de otras más amplias.

“Por ejemplo, en una modalidad que se compita por intentos, alguna de las presentaciones puede resultar deficiente y el muchacho/cha ver amenazado su rendimiento final. Un lanzamiento pobre, o no válido; un clavado de muy baja puntuación; o un disparo de poco valor, ponen al concursante en malas condiciones para aspirar a la victoria.

“Después de una comparecencia negativa, disminuyen las probabilidades de lograr un rendimiento máximo y queda un saldo psicológico nocivo que deviene vector de oposición al desempeño. La posibilidad de imponer una actitud optimista y persistente se hace más difícil y depende mucho de la personalidad del individuo”, aseguró.

Ana Fidelia Quirot.

Ana Fidelia Quirot, una prueba de la perseverancia. (CUBACONTEMPRANEA.COM).

“Recuerdo que durante un torneo de tiro Benito Juárez, celebrado en México hace poco más de una década, comprobé la importancia de la calma ante las contrariedades parciales. El campeón olímpico norteamericano Lones Wigger, quien ostentaba el límite de 599 puntos de 600 posibles comenzó su actuación con un disparo “9” que le impedía desde el principio romper su plusmarca.

“En ese momento se escuchó la exclamación: ¡Ohhhhhhh!, de los observadores y expertos, que creyeron que Wigger había ido a “pasear” al torneo mexicano. Como respuesta a esa “frustración parcial”, el estadounidense respondió con una tirada perfecta en los 59 disparos posteriores, sin permitir que después del fallido ocurriera una cadena de inexactos tiros producto de un descalabro emocional. El hecho terminó con una igualada de su mejor desempeño, nuevamente 599 unidades de 600 posibles”.

Otra frente altiva

“También pueden ocurrir fracasos parciales dentro de una misma acción, lo que traslada el problema a un ámbito de mayor especificidad”, reveló.

“Hace algunos cuatrienios –dijo- un triplista realizaba una excelente carrera de impulso en una cita y, en un momento, le pasó por la mente la posibilidad de lograr un gran salto. Esta idea ejerció un efecto multiplicador en su motivación y sus esfuerzos.

“En la fase de vuelo, sin embargo, su pierna de péndulo quedó un poco baja, introduciendo con ello un vector parásito, o inútil, en el campo físico de las fuerzas que entran en juego en esa acción. Se percata de ese detalle y se siente tempranamente arruinado por ‘echar a perder’ tan prometedor desplazamiento.

“Ese atleta -aseguró- se enfrentó, entonces, a dos opciones de reacción inmediata: 1) Hacer caso omiso al infortunado detalle e insistir para compensar lo que pudo haber perdido. 2) Molestarse con su pierna de péndulo, lamentarse por no haber podido aprovechar la magnífica carrera que traía y abortar el intento, descuidando el resto de los movimientos.

“En el primer caso, el muchacho/cha exhibe alta tolerancia a los fracasos parciales; y puede llegar a ganar la cita con ese intento, aunque no le sirva para romper su propio récord. En el segundo, el bajo nivel de tolerancia lo condena a perderlo todo.

“Cuando el deportista adopta como norma la respuesta de insistencia y compensación de la faena errática (alta tolerancia a las frustraciones parciales) los éxitos suelen sorprenderlo, ya que despliega actitudes positivas, tonos musculares óptimos, preserva las cualidades de los movimientos y la ejecución adquiere un calificado rango técnico.
“Por otra parte, con la adopción sistemática de esta variante, se refuerza una respuesta condicionada anabólica que garantiza un rendimiento estable. El sujeto se acostumbra a luchar siempre hasta el final.

“Por el contrario, la suspensión prematura de los esfuerzos, cuando las cosas no salen de manera perfecta en un inicio, conduce al lamentable desaprovechamiento de buenas condiciones de gestión, equivocadamente valoradas como erráticas. Tal desatino provoca también respuestas inhibitorias condicionadas, que frecuentemente lo traicionan aun cuando no albergue intenciones de abortar el movimiento”.

Río, morada de la firmeza

Al igual que sucedió en 2012, en este año olímpico todos los competidores segregarán en las citas más adrenalina que en las de otras campañas del cuatrienio. Porque del 5 al 21 de agosto acontecerá en Río de Janeiro, Brasil, el mayor jolgorio del deporte. Y en aquel plató sudamericano todos querrán demostrar sus dotes para realizar una atractiva danza. Los representantes de nuestro país también saben hacer en esos espacios. Y en sus ambientes extremadamente delicados. Y con efectivos aprendizajes frente a las frustraciones parciales, logradas gracias a la acción de psicólogos y entrenadores, Mercurio llevará el reporte de sus redoblados desempeños a los dioses de todos los panteones.


Abelardo Oviedo Duquesne

 
Abelardo Oviedo Duquesne