0
Publicado el 25 Octubre, 2016 por Rafael Pérez en Deportes
 
 

LUCHA GRECORROMANA

Mosqueteros cubanos

Espectacular triunfo de hace 15 años ha marcado pautas
Filiberto Azcuy en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, junto a los entrenadores Pedro Val y Carlos Ulacia. (Archivo de BOHEMIA)

Filiberto Azcuy en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, junto a los entrenadores Pedro Val y Carlos Ulacia. (Archivo de BOHEMIA)

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Vamos a adelantarnos un poquito, a tono con las reglas de la lucha deportiva, para que no vayan a marcarnos “pasividad”. Y es que el equipo cubano de la modalidad grecorromana llega a un importante aniversario redondo. Hace 15 años logró un demoledor triunfo en el Campeonato Mundial de Patras, Grecia 2001. Era muy desacostumbrado que el éxito no perteneciera a los rusos (o, según el momento histórico, a los soviéticos). Quedaron atónitos preguntándose qué pasó al llegar los mosqueteros cubanos.

Ese inolvidable mundial terminó luego de tres días de combates el 9 de diciembre, y a partir de entonces se celebra en igual fecha el Día de la Lucha Cubana con una gala de combates que se hace más o menos coincidir con esa efeméride deportiva.

¿Por qué escribimos mosqueteros cubanos, en alusión a la famosa novela de Alejandro Dumas? Es que ellos cumplieron el lema de “todos para uno y uno para todos”. Única forma de terminar en la cúspide. Los ocho hombres de la escuadra lograron aportar puntos para el equipo (otorgados a los 10 primeros). A los rusos, en cambio, les fallaron tres luchadores. En aquel momento todavía Mijaín López, quien integró el elenco, estaba en los compases iniciales que lo llevarían a convertirse en un casi invencible.

¿Cómo resultó el desempeño de la aguerrida tropa, entonces dirigida por el experimentado entrenador Pedro Val? Quizás se imponga recordar que tuvimos incluso una productiva cosecha de medallas, con una de oro, una de plata y dos de bronce.

Entretelones

La corona perteneció al gran Filiberto Azcuy, ratificando la jerarquía que le había permitido volver a ser un año antes campeón olímpico, en Sídney 2000, como lo había sido en los de Atlanta 1996. En la ciudad estadounidense lo hizo compitiendo en la división de los 74 kilogramos, y la estrategia para los de la urbe australiana fue que lo hiciera en 69. Duro reto el de bajar de peso: aguantar la boca y no perder fuerza.

Esa faena de Azcuy en 69 kilogramos, aportó 10 de los 54 puntos. Los rusos archivaron 38 (vamos, que el triunfo no resultó ni tan pegado). Y los estadounidenses 33. Así quedó definida la competencia.

Azcuy había estado en los podios de los mundiales de 1995 (bronce), 1997 (bronce), 1998 (plata), 2002 (bronce).

Roberto Monzón: acostumbrado a los podios. (TERRA.COM)

Roberto Monzón: acostumbrado a los podios. (TERRA.COM)

En plata quedó Ernesto Peña en 97 kilogramos (con nueve unidades), quien logró el mejor desempeño de toda su vida. Entre los importantes asepctos por contar de su carrera se encuentra también la corona un año después en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003.

Finalizaban con bronce Lázaro Rivas (54) y Roberto Monzón (58), quienes tributaron ocho puntos cada uno.

Rivas –fallecido, con 38 años de edad, a finales de 2013– había tenido, un año previo a Patras 2001, la posibilidad de alcanzar un podio olímpico: plata en Sídney 2000.

Hay que decir también que Monzón en su primer combate, el siempre importante debut, se impuso a Stanislav Lomatchinski, y este sufrió después un segundo y definitivo traspiés. Quedó subcampeón olímpico en Atenas 2004, un elemento más que demostró su presencia constante en los podios. Había sido tercero en el mundial de 1993 para la categoría cadetes; luego campeón juvenil del orbe en 1994 y 1996, bronce en 1997; y en los de adultos bronce también en 2002 y plata en 2003.

Esfuerzo de todos

¿Cómo fue en Patras 2001 el resto del aporte de los cubanos? Juan Luis Marén (63-cuarto lugar-7 puntos), Mijaín López (130-sexto-5), Luis Méndez (85-séptimo-4) y Odelis Herrero (76-octavo-3).

Es por ello que el entrenador Pedro Val dijo con toda razón: “El éxito no fue producto de un solo hombre, sino el esfuerzo de todos”.

Y aunque, como ya quedó claro, el aspecto que decide en este caso son los puntos, y no las medallas, veamos ahora lo conseguido por los rusos. Hubo para ellos una de oro, lograda por Alexander Bezruchkin (97). En plata quedaron Alexei Gloushkov (69) y Alexei Mishin (76). También le aportaron puntos Alexander Menshikov (4° en 85) y Youri Patrikeev (8° en 130).

Lázaro Rivas ayudó mucho con su medalla de bronce. (EFE)

Lázaro Rivas ayudó mucho con su medalla de bronce. (EFE)

¿Por dónde hizo aguas esa nave de tan reconocida tradición? Los tres representantes de las divisiones de menos peso corporal no pudieron aportar ni un puntico: Alexey Shevtsov (11° en 54), Stanislav Lomatchinski (31° en 58), Igor Tchoutchounov (24° en 63).

La espina quedó clavada. Un año después, en septiembre de 2002, quedó planteada la posibilidad de la revancha. Y en una nueva “Batalla de Moscú”, los rusos volvieron a su acostumbrada cima,  con dos de oro, una de plata y una de bronce. Lo mejor por nuestros compatriotas resultaron los bronces de Monzón y de Azcuy (ahora en 74), así como el cuarto lugar de Peña. Pero en el ambiente, era inevitable, se sentían todavía los olores de lo sucedido en Patras. Y de alguna forma esas sensaciones serán eternas.

Último asalto

Quizás se imponga señalar que el primer mundial de lucha grecorromana se disputó 97 años antes del celebrado en Patras 2001. Ocurrió en Viena, Austria, en 1904. Hubo solo dos divisiones: 75 y más de 75. Era el inicio.

También se impone volver al presente, a hace solo dos meses atrás, la lucha grecorromana de nuestro país volvió a ser inmensa en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Esa afirmación viene dada por las tres medallas logradas allí. La primera gran sonrisa llegó con la de oro aportada por Ismael Borrero (59). A ella se sumó la tercera en esas citas de Mijaín López (130). Y para redondearlo todo, la de plata de Yasmany Lugo (98).

Siempre vale hablar de Lugo, porque nos dejó un ejemplo de voluntad. Él fue campeón mundial juvenil en el año 2009, en la ciudad turca de Ankara. Enseguida se le pronosticó allí un gran futuro. Las cosas se le enredaron un poco, no llegaba el resultado que deseaba. Pero no se rindió, siguió entrenando, sudando, y así llegó ahora la plata olímpica. Esa fue una medalla muy disfrutada por todos.

Si Cuba hubiera llevado a Río solo a su equipo de greco hubiese terminado en el lugar 39 de la tabla de medallas, entre 206 comités olímpicos nacionales. Imaginen que esa ubicación estaría por encima de naciones como Azerbaiyán, Bielorrusia, Turquía, Armenia, República Checa, Etiopía, Eslovenia, Indonesia o Rumania, por mencionar las primeras que aparecen a continuación (colocadas del 39 al 47). Ellas se encuentran entre las que ganaron un título.

Y más allá de Patras 2001, de Río 2016, de otros momentos gloriosos… la lucha cubana, por suerte, vive muy consciente de la importancia de no dormirse en los laureles.


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez