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Publicado el 28 Julio, 2020 por Delia Reyes Garcia en En Cuba
 
 

CONSTRUCCIÓN

Un estribillo inconcluso

Cemento, ladrillo y arena…, son parte de la producción local de materiales que ha crecido de manera sostenida durante los últimos años, aunque todavía no satisface la demanda. La llamada columna vertebral del programa de la vivienda, tiene en los municipios potencialidades para aumentar los aportes con recursos propios, mientras urge asegurar la calidad y los precios asequibles a la población. La incorporación del sector no estatal plantea nuevas oportunidades y retos

Un estribillo inconcluso

Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

El villaclareño Lisdier Delgado Arango conoce al dedillo cuál es la mezcla exacta que lleva cada molde: cemento, polvo de piedra y agua. Luego de terminar la carrera de Construcción Civil hizo las prácticas en el taller Julius Fucik del municipio de Placetas, que pertenece a la Unidad Empresarial de Base (UEB) de la Industria Local. “Desde entonces me enamoré del mosaico. Ya llevo ocho años aquí y puedo hacer buena cantidad al día”, aseguró quien es considerado el operario más largo del centro.

Las prensas que tiene esta UEB datan de los años 40 del siglo pasado, una tecnología casi artesanal pero que sigue dando la hora. Los siete trabajadores que allí laboran, cuando cuentan con las materias primas, fabrican alrededor de 800 mosaicos diariamente. Pero a mediados de noviembre de 2019 solo llegaban a la mitad por falta de suministros. En este taller también se producen viguetas y plaquetas para las cubiertas de casas, y en aquel momento su elaboración estaba parada porque escaseaba el acero, precisó Pedro Luis González Morales, director de la UEB de Placetas.

Mario Osvaldo Leonard Díaz, administrador del taller, reconoció que aunque tenían cumplido el plan de losas, en tanto las cifras fueron ajustadas por las limitaciones con el combustible y el árido, no lograban satisfacer la demanda del municipio.

De manera general en la provincia de Villa Clara, especificó entonces Pablo Vázquez Enríquez, encargado de atender el programa de las producciones locales en el gobierno, “los materiales son insuficientes para responder a las necesidades.

Un estribillo inconcluso.

En las máquinas del taller Julius Fucik, de Placetas, se producen mosaicos de atractivos colores, con alta demanda entre los pobladores.

Aunque tenemos capacidad constructiva instalada para fabricar los elementos de una casa diaria, no podemos hacerlo porque el plan de la economía no logra respaldarnos en su totalidad.

“El plan de 2019 incluyó más de 1 400 módulos de viviendas, y para 2020 se trazaron 3 025. Pero esta última cifra ha tenido variaciones en tanto el plan va por su cuarta versión y su aprobación dependerá de la situación económica nacional. No podemos obviar la incidencia del bloqueo del Gobierno estadounidense en Cuba”, subrayó Vázquez Enríquez.

El asunto de fondo es que esas producciones locales, aunque están destinadas a utilizar las materias primas naturales o reciclables existentes en los municipios, demandan recursos del balance central que hace el país, entre los que se encuentran el cemento P-350 y el acero, producidos en la industria con altos costos.

Largo trecho

En la edición 16, del 12 de agosto de 2011, y con el título Del dicho al techo, un trecho, BOHEMIA buscó los intríngulis del programa de materiales de factura local. Ante los problemas de la Industria de Materiales y los altos costos de las transportaciones que afectaban en aquellos momentos el suministro estable a los puntos de venta a la población, esta revista se hizo eco de la convocatoria a propiciar el desarrollo de las producciones locales.

Un estribillo inconcluso

Manuel Tomás Vázquez, sostiene que es necesario aprovechar más las capacidades instaladas y mejorar la calidad.

“Una investigación realizada en 2009 por el Instituto de Geología y Paleontología y la Comisión de Industrias y de Construcción de la Asamblea Nacional del Poder Popular, arrojó que en el país hay potencial para desarrollar la industria local de materiales de la construcción, con producciones alternativas que permitirán cubrir la mayoría de las demandas a nivel municipal. Pero evidentemente el primer paso para lograr ese desarrollo es cambiar estrategias y mentalidades”, refería aquel reportaje.

Lamentablemente, no prendieron aquellas sugerencias de rescatar técnicas constructivas basadas en el uso de la cal como aglomerante, del desecho de las empresas forestales y el marabú como combustibles, de la arcilla para hacer ladrillos, de los cementos mortero y puzolánico (mezcla con zeolita, abundante en Cuba), y de techos abovedados que no requieren metales.

Casi una década después, algunas producciones de factura local siguen dependiendo de la asignación de recursos del balance nacional. “Aunque se emplean materias primas naturales y reciclables, quedan reservas que se pueden explotar. Este es uno de los eslabones débiles del programa. Además hay que aprovechar más las capacidades instaladas y mejorar la calidad”, valoró Manuel Tomás Vázquez Enríquez, al frente de la dirección de Producción Local de Materiales del Ministerio de la Construcción (Micons).

Sobre el discreto uso de las materias primas naturales, Pablo Vázquez Enríquez puso como ejemplo que los municipios villaclareños de Manicaragua, Camajuaní y Placetas “tienen barro y condiciones para producir tejas, tubos, conexiones hidráulicas y bloques. Pero esos recursos se explotan poco”.

“Apagafuegos”

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Buena parte de las producciones locales se destina a los puntos de venta del Mincin.

Para Vivian Rodríguez Salazar, directora general de Vivienda del Micons, el programa de producciones locales es la columna vertebral de la Política de la Vivienda en Cuba. Según el titular del ramo, René Mesa Villafaña, los materiales de factura local garantizan una buena parte de los renglones necesarios para edificar las casas y se destacan, entre otros, elementos sanitarios, hidráulicos, eléctricos, pisos, mesetas y ventanas.

“El 80 por ciento de todo lo que produce la industria local es para venderlo en las tiendas del Ministerio de Comercio Interior (Mincin), con prioridad para los subsidios y las construcciones por esfuerzo propio. El resto tiene como destino los gobiernos locales”, sostuvo Manuel Tomás.

En el país existen 33 empresas líderes, subordinadas a los consejos provinciales. El directivo las llama “apagafuegos” de los gobiernos, y están descapitalizadas con una crítica situación en los equipos de transporte. De ese total hay 16 –incluyendo la del municipio especial Isla de la juventud– que son de industrias locales y funcionan desde hace años, y “en su diversificación se han incorporado al programa porque este tiene alta rentabilidad y reciben recursos del balance nacional. Hay otras ocho especializadas que se dedican básicamente a producir materiales, y nueve que producen y construyen, pero priorizan lo segundo, por eso estamos tratando de deslindarlas para que su misión sea solo producir”.

A esas empresas “apagafuegos” se integran las capacidades disponibles de los Organismos de la Administración del Estado (OACE). Por ejemplo, ilustró Manuel Tomás, “el Grupo Empresarial Azucarero Azcuba de la Agricultura, tiene seis canteras y solo las explota al 30 por ciento. La capacidad restante se respalda con los portadores energéticos del programa para que produzca áridos. Las soluciones locales parten de aprovechar al máximo las arenas naturales, las piedras de potrero, los escombros, pero siempre se necesita un árido de calidad para las cubiertas sólidas, los tanques de agua, que en buena lid lo entrega la Industria de Materiales del Micons, aunque bien limitado”.

Calidad… calidad

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La pintura Corona conquista el mercado habanero con su as de triunfo: una resina propia, la cual sustituye importaciones.

En el taller artesanal de pinturas dirigido por Antonio Rafael Corona Montero, en el capitalino municipio de La Habana del Este, los trabajadores contratados no pierden minuto. “Así es todos los días, aunque ahora en tiempos de pandemia extremamos las medidas de seguridad. Los insumos que utilizamos son nacionales, compramos algunos a la Empresa Geominera, y productos ociosos a otras entidades. Contamos con más de un centenar de clientes de diversos sectores, y el taller no da abasto para satisfacer las demandas de todos los municipios de La Habana. Mensualmente hacemos entre 15 000 y 20 000 litros, y si pudiéramos llegar a 50 000, igual se venderían”, aseguró Antonio Rafael.

El principal destino de esta producción es el Mincin, que luego la comercializa en los puntos de venta a la población. “La pintura está registrada en la Oficina de la Propiedad Industrial con la marca Corona, y la certifican con el Laboratorio de Pinturas y Barnices radicado en el municipio de Cerro”, amplió Yemilé Reyes Seijido, directora de la UEB de Materiales para la Construcción, perteneciente a la Empresa Provincial de Industrias Locales Geila.

Más al centro de la Isla, muy atareados estaban también en el taller de fundición de Braulio Cirilo Conesa Iglesias, donde a golpes de martillo se le daban los toques finales a algunas puertas y ventanas de aluminio. “Aquí en Placetas existe una larga tradición con las producciones de este tipo. En mi caso, llevo medio siglo en los hornos. La materia prima me la suministra la empresa”, aseguró este cuentapropista contratado a domicilio por la entidad Metalcom del Grupo Empresarial de Industria y Artesanía Viclar.

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Las puertas y ventanas de aluminio producidas en el taller de Braulio Conesa tienen poco que envidiar a las de la gran industria.

Si bien las cualidades de la pintura Corona en la capital, de la carpintería de aluminio y los mosaicos de Placetas, y de los tomacorrientes e interruptores de Cienfuegos, fueron destacadas por el director nacional del programa, hay una realidad insoslayable: “La calidad todavía es insuficiente. A los puntos de venta tiene que ir lo que sirva. Pero como la demanda es alta entonces se vende lo bueno y lo malo. El Mincin tiene la indicación de que si las producciones no están certificadas, no las puede recibir”.

¿Quién certifica la calidad? Esa función la realiza la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas (ENIA), del Micons, pero como reconoció Manuel Tomás Vázquez “está descapitalizada, sin medios de transporte. Entonces, el mayor responsable de la calidad es el productor, por eso en el certificado de concordancia hay que especificar la materia prima utilizada.

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La calidad de las construcciones de vivienda también depende de los materiales empleados.

“Existen índices de consumo, por ejemplo, con una tonelada de cemento hay que hacer tal cantidad de bloques. Pero sucede que falla el control y se roban el cemento. Dentro de las cosas que estamos impulsando está buscar proyectos de colaboración que nos permitan tener un laboratorio en cada municipio para realizar los análisis de calidad, sin renunciar a las pruebas que hace la ENIA”, aseguró.

Como ha dicho el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, no se reconocerán como terminadas la viviendas carentes de calidad. La exhortación permanente es a desterrar la chapucería y potenciar la cultura del detalle en las construcciones.

Sobre el tema, la directora general de la Vivienda del Micons compartió con BOHEMIA algunas reflexiones. A raíz de las críticas realizadas por la máxima dirección del país, de los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y de las quejas de la población, “se está revisando no solo la calidad de las viviendas terminadas, sino de todo el proceso, incluidos los materiales que se emplearon. Por ejemplo, hay pisos que vienen desfasados (por fallas de escuadra) y cuando se ponen quedan saltillos.

“Otro problema es la pintura, que al pasar el tiempo el color se marea o se cae. Por eso algunas personas llegan a pedir que le dejen la casa sin pintar. Igual sucede con los elementos de techo como viguetas y plaquetas que por debajo tienen porosidad, y en esos casos hay que dar macilla o fino. El mejor termómetro para medir la calidad de un material es la demanda que tiene en el mercado”, resumió Rodríguez Salazar.

Ingenio en los equipos

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Geovani Torres Palomo es un innovador fuera de serie en la Isla de la Juventud.

Geovani Torres Palomo es un innovador que sabe cómo sacar las castañas del fuego. “Había una máquina mezcladora rusa muy vieja, tirada en el patio, cubierta de fango. Un día dijo que la iba a recuperar y pensamos que estaba loco. La limpió y comenzó a trabajar en eso. Le inventó los piñones y otras cosas más. Poco después ese equipo estaba a todo tren, y cuando da algún bateo, el único que lo entiende es Geovani. En diez minutos prepara la mezcla para 85 bloques. Si se hiciera a mano fuera mucho más tiempo. Así que la productividad creció de manera considerable”, narró Leyani Chacón Montoya, directora de la UEB del municipio especial Isla de la Juventud.

Como este innovador, hay muchos en el país que despliegan su inventiva para hacer molinos artesanales, prensas para fundir losas, bloqueras… Las industrias cubanas también pusieron su grano de arena con equipos y moldes nuevos para el programa local el año pasado. Vale destacar a los grupos empresariales de la Sideromecánica (Gesime), de Materiales de la Construcción (Geicom), y de Logística de la Agricultura (Gelma).

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La meseta integral que hacen en la Isla de la Juventud luciría mejor si se empleara el mármol, abundante en ese lugar.

 

 Gratitud

La cuarta parte del dinero para la adquisición de equipos destinados al programa de producción local de materiales, el año pasado, entró por colaboración internacional, subrayó Yamila Torres González, especialista principal de esa dirección en el Micons.

De manera general, desde que se inició ese programa en 2011, se han recibido unos ocho millones de dólares. La Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) le ha destinado financiamientos a través de varios proyectos como Hábitat I y II, de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en Villa Clara; los del Proyecto de Fortalecimiento de las Capacidades Municipales para el desarrollo local que dirige Ada Guzón; y los del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para la Reducción de Riesgos y Desastres.

El Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera ha sido puntal en posibilitar las donaciones y los proyectos de colaboración que entraron para el programa, agregó Torres González.

La especialista recordó que luego del ciclón Mathew, que azotó el extremo más oriental de Cuba, en Baracoa y Maisí se beneficiaron más de 7 400 viviendas con las minindustrias de materiales que se instalaron, las cuales fueron adquiridas mediante el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

 

 CONTRATOS A DOMICILIO

 Los materiales que tributen al programa de la vivienda no pueden quedar en el aire, y tampoco los precios

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La tarjeta de presentación de las producciones de Carlos Argote Céspedes tiene estampado: CKC. Son las iniciales de su nombre y las de sus hijos. En el negocio familiar se producen áridos, bloques, lavaderos, enchapes de pared, encimeras de mármol, pisos de granito y mosaicos. El taller está ubicado en la barriada de Luyanó, en el capitalino municipio de Diez de Octubre.

Él es un cuentapropista asociado a la Unidad Empresarial de Base (UEB) René Bedia, la cual se subordina a la Empresa Provincial de Producción de Materiales y Servicios Especializados para la Construcción (Promat), de La Habana.

“La UEB suministra el cemento para que hagamos elementos de piso, lavaderos y mesetas de granito. Son las producciones que tenemos contratadas con la empresa. Antes nos entregaban el polvo de piedra y eso era un problema, pues dependíamos de cuando llegara el suministro. Pero desde que se aprobó la minería urbana, buscamos por nuestra cuenta la piedra de potrero y la molemos, además reciclamos los escombros”, explicó Argote Céspedes, abogado de profesión.

A kilómetros de allí, en el mismo Diez de Octubre, está el taller de Reinier Venereo Martínez, también cuentapropista, contratado por la propia UEB. “Este es un local arrendado con el propósito de desarrollar un proyecto de producción local de materiales. La idea siempre fue producir elementos de hormigón, como plaquetas y viguetas para cubiertas sólidas, que tributen al programa de la vivienda. La UEB es la encargada de suministrar los principales componentes como cemento, arena y acero”, precisó el también ingeniero civil.

A principios de marzo, cuando BOHEMIA visitó a estos trabajadores no estatales, Argote Céspedes llevaba algunos años contratado por la empresa, mientras que Venereo Martínez recién comenzaba en el giro. En la capital sumaban alrededor de 84 cuentapropistas incorporados a Promat.

En Villa Clara, a mediados de noviembre del pasado año, la Empresa Provincial de Producción Local de Materiales de la Construcción tenía incorporados a 472 trabajadores a domicilio, contratados con las UEB de los municipios.

“Los contratos a domicilio son ventajosos para ambas partes. El cuentapropista se quita de encima el rollo, para hablar claro, de tener que forrajear el cemento por dondequiera. La empresa le entrega una tonelada de cemento y él debe producir 1 730 bloques. Y se le paga entonces por lo que hace. Es una relación transparente. La entidad estatal se ahorra consumos de electricidad y de agua”, argumentó Pablo Vázquez Enríquez, encargado de atender el programa de las producciones locales en el gobierno provincial.

Según Manuel Tomás Vázquez Enríquez, al frente de la dirección de Producción Local de Materiales del Ministerio de la Construcción (Micons), en el país hay más de 1 200 trabajadores por cuenta propia vinculados a ese programa. “Eso ha ido muy bien. Buscan alternativas ante las dificultades con el combustible, se mueven en carretones, y lo hacen para que no se les pare su industria porque viven de eso. No es igual ‘lo mío’ que ‘lo nuestro’. Este sector no estatal entra con sus propias capacidades, con equipitos hechos que funcionan bien. Eso es algo importante”.

Tras el rastro

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Para Carlos Argote, cuentapropista de la capital, las materias privadas deberían venderse a los asociados a las empresas estatales, de manera diferenciada.

“El servicio a domicilio tiene mucha aceptación. Cuando el cliente nos llama le llevamos los materiales hasta la puerta de la casa”, afirmó el capitalino Carlos Argote Céspedes.

Algunas de sus producciones están contratadas con Promat “y el resto lo hacemos con los materiales que compramos en el rastro. Pero esa es una dificultad grande que tiene esta actividad. Necesitamos altos volúmenes de cemento y cuando vamos a adquirirlo la gente suele disgustarse, porque es un producto que escasea. Eso nos coloca en una situación bastante penosa ante la población”, valoró el cuentapropista.

Igual de incómodo se siente Reinier Venereo Martínez cada vez que va al punto de venta de materiales a comprar el cemento necesario para elaborar bloques. “No se entiende por qué compramos 20 sacos. La gente te dice que es para revender. Y hay que explicar muchas veces: no es para especular, es para producir. Amén de que el suministro a los rastros es muy limitado”.

Sobre ambos casos, la analista B de Calidad de Promat, Inalvis Rodríguez Rodríguez, consideró que a su entidad “le convendría contratar la producción de bloques, pues esos cuentapropistas trabajan con mucha calidad, y son elementos con una alta demanda por la población”. Venereo Martínez, quien llegó a la empresa ayer –como quien dice– pudiera entender esa respuesta. Pero, Argote Céspedes, que también hace bloques y lleva años asociado a Promat, ¿cuánto más tendría que esperar por la dichosa contratación?

En La Habana hay que ponerse los patines para no quedar rezagado. “Nosotros debemos producir 21 renglones para el programa de la vivienda, pero estamos muy por debajo de esa cifra, solamente cumplimos dos. El eslabón más débil que tiene la empresa es la producción de la cubierta sólida, es decir, de las viguetas y plaquetas. El gobierno provincial está exigiendo que impulsemos esos elementos en cada uno de los municipios”, precisó la especialista Rodríguez Rodríguez.

¿Precios locales?

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En La Habana hay que estimular la producción de elementos de cubierta e incorporar a los productores independientes.

Según Manuel Tomás Vázquez Enríquez, los materiales que producen estas industrias se venden a precios distintos. Por ejemplo, “el bloque de 15 centímetros es a tres pesos, y el de 10, a 2.50; aunque en La Habana es un poquito más caro. Hay una acción diferenciada por parte del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), con gravámenes menores de 25 por ciento, más el margen comercial del Mincin, para los materiales locales; mientras que los producidos por la industria, tienen más de un 70 por ciento”.

En el reportaje Del dicho al techo, un trecho, publicado por BOHEMIA en el número 16, del 12 de agosto de 2011, se denunciaba el estancamiento en los puntos de venta de algunos productos de factura local debido a los altos precios. Al respecto, el directivo del Micons afirmó: “Eso ya está resuelto. El Consejo Provincial prepara y eleva la ficha, y el MFP aprueba. Esto no quiere decir que todavía no exista ‘cabeceo’ con el Mincin”.

Durante la visita de esta publicación a productores contratados a domicilio por las UEB de Materiales de la Construcción saltaron algunas cuestiones.

“La losa de granito de 40 por 40 se la vendemos a Promat a 2 pesos y 46 centavos, y luego el Mincin la vende a la población a 10 pesos. Pero los montos que nos paga Promat no son rentables, por eso, para mantener vivo el negocio, apelamos a nuestras ventas directas a la población”, se escudó Argote Céspedes. En su taller, la misma losa de granito de 40 por 40 se oferta a 42 pesos.

Venereo Martínez aseguró que hacen los bloques con material reciclado y emplean la dosis exacta de cemento, los cuales “tienen mucha aceptación. Al día podemos hacer unos 150 y los vendemos directamente a la población a 10 pesos”.

En el caso de las viguetas y plaquetas, que sí están contratadas, refirió la analista B, Rodríguez Rodríguez, “estamos en proceso de establecer la ficha de costo interno, a partir del consumo de recursos por el productor. Las viguetas no deben exceder los 90 pesos, y las plaquetas oscilarían de 30 a 35. Es lo que pensamos, pero el Mincin eleva el precio por encima del 35 por ciento del costo de producción”.

A juicio de Venereo Martínez, “ese análisis debe hacerse con mucha precisión, porque si le ponen un precio bajo pueden desestimular al productor, y entonces este prefiera construir elementos decorativos que se venden más caro. Una jardinera, por ejemplo, en dependencia del tipo, va de 300 a 500 pesos. Mientras que una vigueta requiere parámetros técnicos, mucha exigencia, porque si ese elemento falla es tremenda responsabilidad para el productor. No hay que pasarse, pero tampoco no llegar”. En su taller, al momento de la visita de esta publicación, tenían parada la producción de viguetas y plaquetas por falta de acero.

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Reinier Venereo Martínez (izquierda) y su mano derecha, el arquitecto Lázaro Mendizábal Basaco, consideran que los precios de las viguetas y plaquetas que se establezcan deben estimular al productor.

En Placetas, los trabajadores Adriel Frías Roa, Osmany Rodríguez Rodríguez y Maikel Manso Villanueva sudaban la camisa terminando un grupo de bloques, en el amplio taller de un productor asociado a la UEB de Materiales de la Construcción en el municipio. Allí se hacen tanques y balaustradas.

Bajo la sombra de la nave principal de fundición, José Manuel Pérez Pérez, jefe de Producción de la UEB, sacaba sus cuentas. “El tanque de agua de 600 litros se le paga a 14 pesos a los productores a domicilio, luego la UEB se lo vende al Mincin a 97 pesos y 70 centavos, porque ahí se incluyen los costos del combustible, así como el traslado y compra de los materiales. Después el Mincin lo vende a la población a 154 pesos”.

Uno de los puntales de la producción local de materiales es vender en origen, es decir, donde se produce, para evitar el gasto de combustible en el trasiego de las cargas y lograr precios asequibles. Entonces, sería más provechoso cumplir lo que dice el programa sobre la venta de origen, también para los trabajadores privados asociados mediante contrato a las UEB.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia