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Publicado el 7 Septiembre, 2020 por Lilian Knight Álvarez en En Cuba
 
 

EDUCACIÓN (I): Historias de entreacto

La pandemia de COVID-19 detuvo la asistencia a las aulas, pero esto no significó la paralización de toda la enseñanza en el país. Profesores y estudiantes, aun desde lejos, renovaron métodos educativos y participaron en el enfrentamiento de la enfermedad. Entretanto, septiembre anuncia un anhelado retorno que depende en buena medida de cómo se cumplan los protocolos de seguridad
Reanudación del curso escolar

Foto: radiorebelde.cu

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ

Cortó de un cuajo la primavera, trunca justo al nacer. La pandemia detuvo también la jovialidad de los niños en las escuelas, el bullicio de la gente, de la calle, del país. Trajo el encierro forzoso y amenazó la preparación de cada educando. Sí, nos recluyó, pero la enseñanza no paró…

En Morón, una mujer de 53 años venció sus limitaciones y se apropió de las nuevas tecnologías como una adolescente. A solo un día de haberse detenido las clases presenciales ya la profe de Historia de duodécimo grado, Yamila Ferrá Gómez, implementaba la idea de una de sus alumnas: dar repasos por WhatsApp.

“Para mí adaptar clases presenciales a virtuales requirió de mucho trabajo, era un medio nuevo; sin embargo, este formato me permitió transmitir más contenido que el que lograba dar en el aula durante 45 minutos. Integramos audios, mensajes de texto, imágenes de publicaciones digitales de la Unión Nacional de Historiadores…”, afirmó esta maestra con 30 años de experiencia.

El grupo creció como la espuma, sobre todo por el interés de los estudiantes en prepararse de cara a las pruebas de ingreso a la educación superior. Pronto los 15 alumnos iniciales se convirtieron en casi 100, extendidos por toda la provincia de Ciego de Ávila y otras partes del país.

Pero lo que no creció fue el saldo del móvil de la maestra y sus estudiantes, quienes amilanados por los precios de la Internet decidieron extender su contacto por medio de un programa de radio en la emisora municipal de Morón.

Yamila procuró vías de retroalimentación (sesiones de micrófono abierto, llamadas, el propio chat) con sus estudiantes, en aras de construir y enriquecer horizontalmente los contenidos.

Reanudación del curso escolar.

Cuando el costo de la Internet se les hizo imposible a los estudiantes, Yamila creó un programa de radio para transmitir sus contenidos. (Foto: Cortesía de YAMILA FERRÁ)

La máster en Ciencias Pedagógicas aseguró que “las redes sociales bien utilizadas son increíbles para trabajar las necesidades individualidades de los alumnos”, pues algunos tímidos o avergonzados en el aula se tornaron osados en sus interrogantes por la protección y el relativo anonimato que ofrece un chat privado.

Pudo llegar, según agrega la maestra avileña, no solo a la didáctica de la asignatura, sino también a sortear el confinamiento, a educar a los jóvenes en valores sociales y familiares.

“Estas formas deberían ser analizadas por el Ministerio de Educación y la dirección del país en aras de hacer las redes sociales más asequibles a profesores y estudiantes, lo cual redundaría en un aumento de la calidad de una educación que va con los tiempos”.

La profesora sigue con el grupo de WhatsApp –gracias a las recargas de una exalumna residente en el exterior– al que ha sumado profesores de otras asignaturas. Confía en que tanto este chat como los programas radiales conduzcan a los estudiantes por el Camino del éxito, justo como el nombre de su programa.

Luces, cámara…

Es 30 de marzo. Una semana ha transcurrido desde el cierre temporal de las escuelas; no obstante, nuevos profesores continúan justo donde ha quedado el curso. Una pantalla vence la distancia y el confinamiento; vuelven las teleclases para los estudiantes de nivel elemental y medio como solución emergente.

Del otro lado, maestros devenidos locutores

luchan contra las luces, el espeso maquillaje y los nervios que todo el entorno de la televisión en vivo genera.

En los estudios de la Empresa de Informática y Medios Audiovisuales Cinesoft del Ministerio de Educación (Mined), en la Finca de los Monos, el máster en Ciencias Pedagógicas Javier Gutiérrez Bridón se prepara para su clase de Geografía de octavo grado.

Siente mariposas en su estómago. De su lado tiene al equipo de realización, las investigaciones sobre expresión oral y algo de experiencia en la radio en su Santiago natal. Pero la cámara no tiene rostro, no responde, ni levanta la mano para preguntar; solo le queda confiar y esperar a que las llamadas al terminar la emisión puedan decir qué tal ha ido.

“No es lo mismo que estar en un aula donde se interactúa con los estudiantes. Además, tienes que dar en 27 minutos lo que antes en 45. Por fortuna, los productores y coordinadores de televisión van guiando, pero requiere de mucha preparación”, afirma Javier, quien es metodólogo de la asignatura en el municipio de Playa.

Reanudación del curso escolar.

Las teleclases aportaron el contenido a los estudiantes de primaria y nivel medio, pero su correcta aprehensión dependió fundamentalmente de la responsabilidad de alumnos y padres. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Aunque lleva cinco años sin estar frente a estudiantes, Javier imagina que los alumnos van con él de paseo por los continentes. El escenario deja de serlo, se vuelve aula. Les pregunta en la distancia como parte de una técnica participativa empleada para impartir nuevo contenido de Geografía Económica. Se crece.

Gutiérrez Bridón consulta a otros profesores, intercambia información, incorpora sugerencias y saberes porque su clase no es solo suya, sino “de todos los profesores de Geografía. Al fin y al cabo, compartir enriquece”.

Del otro lado

Dailene Naranjo Tasé vive en Playa. Los lunes, jueves y algunos viernes se sienta frente al televisor. Sus nueve años no le restan responsabilidad para esperar y atender las teleclases; aunque, el hecho de que papá esté en casa y sea profesor también ayuda.

La pequeña lo intenta: lee, se apura, escribe, pero no le da tiempo a copiarlo todo. Incluso tira fotos a la pantalla hasta que el almacenamiento del teléfono no da más.

“Pero no hay problema –agrega la alumna de cuarto grado de la escuela primaria Manolito Aguiar, de Jaimanitas– mi papá luego me explica”.

Similar suerte corre en Santiago de Cuba Leyanis, quien también está en cuarto grado. Su mamá, Yaima Bell Hernández, se ha acogido a la resolución del Ministerio de Trabajo y Seguridad que concede el 60 por ciento del salario a los padres que cuidan en casa de sus hijos en edad escolar.

Yaima cambió momentáneamente su bata médica y el título de endocrinóloga por el magisterio, o más bien por el reaprendizaje, porque como bien dice “uno vuelve a estudiar junto con los niños”.

Reanudación del curso escolar.

Los círculos infantiles y seminternados se mantuvieron trabajando todo el tiempo. (Foto: periodico26.cu).

“Desde mi punto de vista las teleclases fueron una buena opción, permitieron a los niños recapitular el contenido. Leyi (como cariñosamente llama a su hija) es muy estudiosa, pero yo siempre estaba con ella por cualquier duda, para reafirmarle el contenido y ponerle ejercicios de repaso”, añade la doctora, quien piensa que no todas las familias de Santiago estuvieron satisfechas con las emisiones televisivas.

Quizás porque la aprehensión de contenidos por parte de los niños requiere de un total compromiso de estudiantes y familiares. No todos exigieron lo suficiente, ejercitaron, se despertaron en tiempo o acompañaron.

Incluso, es distinto el nivel de comprensión de cada alumno, afirma Laura Lanes Roque, maestra de sexto grado de la escuela José Antonio Echeverría, en Matanzas. Ella estrecha distancia mediante el teléfono y de vez en vez da un saltico hasta la casa de algún que otro estudiante cercano que la pueda necesitar, cumpliendo siempre las medidas higiénico-sanitarias.

Considera que “las explicaciones de las teleclases fueron factibles, muy buenas, lo que no todos los niños son iguales”.

Ni los padres tampoco.

Los profesores actuaron como otro espectador y confeccionaron sus planes de clases y evaluaciones a partir de las orientaciones teletransmitidas. Y en cualquier caso, deben reafirmar contenidos una vez se regrese a las aulas, añade la consagrada educadora.

Para garantizar y complementar la recepción de las teleclases el sitio web del Mined y otras plataformas digitales albergaron repositorios de esas emisiones, y dieron acceso gratuito a su consulta y descarga, aunque no siempre el ingreso a estas páginas resultó fácil o siquiera viable, como afirman Yaima Bell y otros padres respecto al repasador virtual del portal cubaecuca.cu.

Seños y locos bajitos

Llegan de la mano de los mayores, dando pequeños pasitos. Cada vez son menos y menor el tiempo que permanecen en los círculos infantiles, pero las educadoras siguen allí.

Reanudación del curso escolar.

Las seños, que durante el período no recibieron niños, se dedicaron a conformar y dosificar el nuevo programa de enseñanza. (Foto: HITCHMAN POWELL ESCALONA).

Los reciben de sus padres, quienes al llegar les quitan los nasobucos (los volverán a usar solo durante el trayecto a casa), se les toma la temperatura, se les lava las manos y van al salón.

A diferencia del resto de los niveles de enseñanza, las instituciones dedicadas a la primera infancia siguieron funcionando durante el período de aislamiento, en función de que los padres trabajadores aportaran a la economía nacional. Sin embargo, muchos familiares solicitaron licencia sin sueldo o ajustaron sus rutinas para mantener y cuidar a los pequeños en casa.

Debido a que poco a poco la asistencia a los círculos mermó, el sistema educativo decidió agrupar por zonas a los niños en un menor número de estas instituciones y flexibilizar los horarios de entrada y salida.

Después de una pausa larga, el círculo Sonrisas al mundo, en Media Luna, Granma, vuelve en agosto a recibir niños para su adaptación de los nacidos entre marzo y julio del pasado año.

Las profesionales de este sector, con mayor esfuerzo del que ya implica el trabajo con esas edades, lograron distanciar a un metro a los infantes durante el sueño y la alimentación, mientras para el juego se mantuvo una separación de dos, según declara la licenciada Danay Escalona Vega, educadora musical de la entidad.

Por su parte, la máster en Ciencias Pedagógicas Yudanis Martínez Peña, jefa de este nivel educativo en el municipio, añade que las trabajadoras que no tenían niños en esta etapa se dedicaron a “elaborar dosificaciones, planes de actividades, juegos didácticos y materiales novedosos para dar respuesta a las diferencias individuales de cada educando y grupo, desde el trabajo a distancia”.

En el círculo Constructores del futuro, en el municipio Playa de La Habana, se ha seguido una rutina similar. Allí las educadoras se valieron de los espacios abiertos y de los salones para separar a los pequeños, dividieron el quinto año (el de mayor número de alumnos) en pequeños subgrupos y pesquisan diariamente a todos los niños que llegan, refiere Yanelis Troncosa Delgado, auxiliar de tercer año de vida.

Según informó la Ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, en el espacio televisivo Mesa Redonda, 987 círculos infantiles y 242 escuelas primarias se mantuvieron abiertos durante el período para atender a los niños de padres trabajadores.

Trabajo vs. COVID-19

Las escuelas cerradas, en aparente mutismo, esconden tras sus puertas “enjambres de abejas obreras”. Pintan, reparan, limpian, organizan, en el afán de reiniciar el curso escolar lo mejor posible.

Reanudación del curso escolar.

Durante la etapa varias escuelas se acondicionaron como centros de aislamiento. (Foto: HITCHMAN POWELL ESCALONA).

En Media Luna, al decir de la directora municipal de Primera Infancia, se diseñaron acciones que involucraron a trabajadores y familiares en labores de limpieza y organización de los círculos para garantizar la protección y seguridad de los niños. Situación que se repitió –con más o menos apoyo de los padres– en todos los territorios del país.

Además, los educadores trabajaron en el completamiento de la base material de estudio y en la organización de las aulas según las nuevas capacidades que el correcto distanciamiento permite, expresa la profesora matancera Laura Lanes.

Entretanto, Glenda García García, secretaria docente del Instituto Preuniversitario (IPU) República de Panamá de La Habana, expone que en la etapa también se realizaron reuniones, contactos y orientaciones metodológicas, en aras de esclarecer las condiciones en las que el nuevo curso iniciaría.

“Para nosotros no ha habido descanso”, expresa Miguel Antonio Lozano Calderón, mientras realiza el inventario de los medios audiovisuales de las escuelas de Playa.

El subdirector general de la Dirección Municipal de Educación del territorio incluye también entre las acciones realizadas las guardias, la chapea de áreas verdes, la certificación de los 105 centros escolares territoriales por autoridades de salud y las visitas a instituciones y obras en reparación.

Entre estas últimas destacan tres hogares de niños sin amparo familiar, la villa de profesores Los Almendros, ahora empleada como centro de aislamiento, y la escuela primaria Conrado Benítez, de Siboney.

Y en este preciso lugar Yamilé Tasé Espinosa se mantiene a pie de obra como si fuera una constructora más. Su cargo como administradora la ha hecho sacrificar las salidas de verano junto a su hija de nueve años.

“Este centro estaba evaluado de mal por su estado. Las filtraciones en los techos, las paredes abofadas y agrietadas, la ausencia de muros y aceras perimetrales, la carpintería deteriorada, los cortes en las instalaciones eléctricas y las pésimas condiciones hidrosanitarias formaban parte del día a día de los profesores y los 128 estudiantes. Por este motivo fue aprobada una reparación capital de más de un millón de pesos”, informa Tasé, mientras enseña una instalación pintada y renovada.

Para ejecutar la obra fue contratada la Cooperativa Agropecuaria Habana, que añade a su objeto social la construcción y reparación. Unos de sus trabajadores, Israel Gamboa Ramírez, comenta los avatares para entregar la Conrado Benítez a fines de agosto: “Llevamos tres meses yendo y viniendo a pie por la paralización del transporte. La mayoría somos de La Lisa.

“Las intervenciones abarcaron desde el piso y las tasas de los baños, el resane de paredes, la plomería y electricidad, pintura, incluso instalación de nuevas pizarras. Con excepción de las piezas hidráulicas, el resto de los recursos estuvieron disponibles”.

El sector de la educación también se enfrentó directamente a la enfermedad. Al centro de aislamiento Los Almendros (ya recibió a los primeros 63 pacientes) se suman otros en instalaciones educativas como la Universidad de Ciencias Informáticas, que brinda su espacio y parte de su fuerza laboral a la atención de los casos sospechosos al nuevo coronavirus o a la creación de soluciones digitales para el control de la pandemia.

Fundamental en la etapa asimismo ha sido el pesquisaje realizado por los estudiantes de Medicina, quienes a expensas de su propia salud, eligieron su vocación humanista.

La educación en Cuba durante esta etapa reafirmó varios métodos de enseñanza a distancia, muchos de los cuales pueden ser perfectibles con la implementación de nuevas tecnologías asequibles a la población, pero su aporte fundamental fue el de evidenciar que cuando se trabaja con amor y responsabilidad no hay obra imposible.

http://bohemia.cu/en-cuba/2020/09/educacion-ii-lo-que-trae-septiembre/


Lilian Knight Álvarez

 
Lilian Knight Álvarez