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Publicado el 12 Abril, 2021 por Delia Reyes Garcia en En Cuba
 
 

Sopesando las inversiones ( I parte)

Sopesando las inversiones.Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Trabajadores de empresas constructoras de Camagüey, Villa Clara y Matanzas andaban muy ajetreados en terminar el montaje del secadero de arroz en el poblado matancero de Santa Gertrudis, municipio de Colón, justo antes de arrancar las últimas hojas al almanaque de 2020. Otra brigada de santiagueros y obreros de la cooperativa no agropecuaria SageBien, también habían puesto su granito de arena.

Aunque faltaba poco para su alistamiento final, previsto para los meses de febrero y marzo del año en curso, Delio Montes Zulueta, inversionista y director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Arrocera de Santa Gertrudis, se sentía insatisfecho. “Esta obra comenzó en 2016 y, según el cronograma, debía concluir dos años después. Sin embargo, no sucedió así. A pesar de ser una inversión priorizada, nos han faltado recursos que se destinaron a otros sectores. La competencia con el Turismo en el territorio es muy fuerte.

“Esa planta ya pudiera estar funcionando. Secando el arroz en la carretera no vamos a resolver el problema. Hay que industrializar la producción, aplicar los adelantos de la ciencia y la tecnología para poder autoabastecernos, sustituir importaciones y entregar a la población un producto de calidad. Debemos trabajar para eso, desde los cultivos en el campo, hasta la industria”, argumenta Montes Zulueta.

Acerca de los atrasos en la ejecución de esta planta, Rigoberto Tanquero Garrido, jefe de la sección de Inversiones y Desarrollo de la Delegación de la Agricultura en Matanzas, reconoce: “la obra ha estado afectada por la inestabilidad en la entrada del hormigón premezclado, déficit de redes hidráulicas y sanitarias, impermeable, electrodos; e inestabilidad en el trabajo de las grúas por roturas y otras causas. Además, existieron dificultades con el combustible para la transportación de los constructores. Aunque la agricultura sí le ha dado la máxima prioridad”.

Sin embargo, los atrasos tienen otros males de fondo. Por un lado, la falta de secuencia constructiva, y por el otro, las demoras de estas inversiones en el programa arrocero.

Sin haber terminado Santa Gertrudis se comenzó a trabajar en otro secadero en Merceditas, municipio de Cárdenas, en el último trimestre de 2019. “A este se le puso más recursos y ya tiene un avance considerable”, sostiene Jorge Luis Hernández Álvarez, director general de la Empresa Agroindustrial de Granos en la provincia. La fecha de terminación de la obra está prevista para el 6 de mayo del actual año, mas igual ha presentado dificultades con la entrada del hormigón premezclado y otros suministros.

“Los dos secaderos poseen tecnología china e incluyen una etapa de puesta en marcha, pero como se vencía la garantía, se pidió prórroga al país asiático y dio un año más. Por eso hubo que trabajar en todas las plantas a la vez. En el Ministerio de la Agricultura (Minag) había muchas obras de este tipo y requerían buena cantidad de recursos. Ya hay secaderos de estos funcionando en Camagüey, Villa Clara, Pinar del Río”, amplia Hernández Álvarez.

Según Luis Enrique Díaz Burón, director de Inversiones y Desarrollo del Minag, el programa arrocero fue aprobado en 2011 y, a través de un crédito con la República Popular China de 300 millones de dólares, comenzó a importarse plantas de secaderos y molinos, otras para el tratamiento de semillas, básculas de pesaje, transporte y sistemas de riego. En 2016 ya estaba en Cuba todo el equipamiento tecnológico para alcanzar la cifra de 600 000 toneladas de arroz, pues en el país solo se producían unas 200 000.

Sopesando las inversiones.

Problemas con los suministros ponen en aprietos la terminación de la UEB en Santa Gertrudis.

“Entre 2017 y 2018 nos dimos a la tarea de arrancar con el montaje de las 18 plantas chinas y buscar soluciones para avanzar en esas obras, sobre todo en la cimentación. Algunas todavía tienen continuidad. Y la única que se nos ha quedado atrasada es la planta de pienso en Santiago de Cuba”, afirma Inalvis de la Calle Sablón, subdirectora general de Construcciones del Ministerio de la Construcción (Micons).

La también ingeniera mecánica sostiene que han existido dificultades con elementos de terminación (hidrosanitarios y eléctricos) para concluir la infraestructura, así como problemas puntuales con el combustible, cemento y acero. “La estrategia ha sido terminar de montar las plantas y darles valor de uso aunque queden pendientes otras acciones”.

Con esta decisión se corre el riesgo de que la terminación completa de las inversiones se eternice en el tiempo, como le sucede a la planta de semillas de la UEB 13 de Marzo de Artemisa. En 2017 comenzaron los trabajos de montaje tecnológico, en agosto de 2019 los especialistas chinos dieron el visto bueno para la puesta en marcha. Desde entonces están produciendo; sin embargo,  quedaron algunos cabos sueltos como la cerca perimetral, el local socio-administrativo, el laboratorio y la parte electrónica para el funcionamiento de la báscula de pesaje, puntualiza Eddy Santiago Gómez Rojas, director de la Empresa Agroindustrial de Granos José Martí de la provincia artemiseña.

Por otra parte, Díaz Burón reconoce algunas debilidades: “los suministros no son oportunos, tenemos el equipamiento, pero la terminación de las obras depende de los sistemas eléctricos, hidráulicos, hidrosanitarios, que debieran producirse por entidades nacionales y no se hacen. Los materiales del balance nacional como cemento, acero, áridos no aseguran las demandas de las inversiones de la agricultura. La región oriental presenta las mayores dificultades para recibirlos por la lejanía”.

Los obstáculos en el camino no le restan bríos a Montes Zulueta. El también ingeniero electroenergético se considera un soñador y a futuro espera que la planta de Gertrudis no se quede solo en el secado, sino poder montar allí un molino para evitar el trasiego del arroz de un municipio al otro y así disminuir el consumo de combustible.

Por su parte, Hernández Álvarez corrobora que hoy el gasto de hidrocarburos es alto, pues las rastras tienen que recorrer largas distancias hasta Hoyo Colorado o Amarilla a molinar el arroz de Colón.

Según el director de la empresa, mientras no concluyera el secadero de Santa Gertrudis la industria seguiría procesando el arroz que los productores secan en la carretera a cielo abierto, con afectaciones a la calidad del grano al recoger muchas impurezas.

Atender las urgencias

Sopesando las inversiones.

Como puede apreciarse, la diferencia es significativa entre los montos destinados al sector primario, incluida la agricultura, y el sector terciario.

De acuerdo con la clasificación que realiza la Oficina Nacional de Información y Estadísticas (ONEI), la agricultura está dentro del sector primario de la economía, junto a la ganadería, la silvicultura, la pesca y la explotación de minas y canteras. No obstante, sus aportes siguen dejando el plato medio vacío y el bolsillo de la población exhausto.

Mientras tanto, las arcas del Estado se desangran con la compra de alimentos (la factura no baja de los 1 800 millones de dólares anuales). Ante estas realidades y en un escenario agravado por la crisis mundial provocada por la covid-19, más el cerco del gobierno estadounidense, con la especialización de un joyero deben engarzarse los eslabones de la cadena que tributa a la eficacia de los procesos inversionistas en el agro para alcanzar la anhelada soberanía alimentaria.

A pesar de todas las dificultades que enfrenta el país, precisa Díaz Burón, “a la agricultura se le ha dado prioridad, pero algunas inversiones tienen afectaciones por deudas con los principales acreedores de China y Rusia. El pasado año este sector tenía un plan de inversiones de 980 millones en moneda total y cerró al 66 por ciento debido a los incumplimientos en las importaciones de equipos”.

Para el actual se planifican mil 080 millones de pesos, agrega, mientras los presupuestos están recalculándose a partir del proceso de ordenamiento monetario y cambiario. Igual sucede con la cifra aprobada a las empresas para realizar inversiones no nominales, es decir, las que no aparecen en el plan de la economía y que pueden realizar las entidades estatales como parte de la nueva estrategia económica y social para dotar de mayor autonomía al universo empresarial.

A juicio de Adonis Núñez Fonseca, vice titular del Ministerio de Economía y Planificación (MEP), “en los últimos años el sector más beneficiado con las inversiones ha sido el terciario, principalmente el inmobiliario, y los mayores volúmenes fueron para el turismo. Cuando se compara ese sector con el primario, donde está la agricultura, la diferencia es marcada. Ese desbalance está asociado, en primer lugar, con las fuentes de financiamiento para acceder a las inversiones, que tengan una recuperación rápida e impacten en la economía al corto plazo.

“En segundo, el turismo cuenta con infraestructura en todo el país, algunas provincias más favorecidas por la naturaleza que otras. Y ningún sector genera más empleos que este. En el plan de desarrollo hasta el 2030 se prevé llegar a unas 90 000 habitaciones y cada una crea 1,5 empleos como promedio, de acuerdo con las estadísticas. Y eso no hay manera de sustituirlo.

Sopesando las inversiones.

Adonis Núñez Fonseca, viceministro del MEP, precisa que el plan de la economía para este año proyecta un incremento notable del financiamiento destinado a las inversiones en la producción de alimentos y una disminución de los previstos para el turismo.

“En la agricultura y la construcción, que también promueven muchos puestos de trabajo, mientras más tecnología introduces, menos brazos requieren. Pero en el turismo es imposible que te atienda un robot. Ah, que es una apuesta arriesgada, porque la covid-19 ha trastocado todas las cosas, es verdad. Pero, ¿el bloqueo durará para siempre?, ¿el turismo estará así por siempre? La fuente fundamental de ingresos que puede tener Cuba depende de ese sector y su caída la estamos sintiendo fuertemente”, valora el viceministro del MEP.

Ciertamente, el agujero abierto por un enemigo invisible en la industria del ocio es notorio. Quizás por esa misma razón, porque queda demostrado que la llamada “locomotora de la economía” puede pararse y dejar de arrastrar al resto de los coches, bajo circunstancias excepcionales, habría que repensar, si el país puede darse el lujo de mantener esa abismal diferencia en los montos financieros que se dedican a las inversiones en el turismo y la agricultura. ¿Seguirá existiendo esa brecha?

Según Núñez Fonseca, atendiendo a las circunstancias actuales de la economía, a la nueva estrategia económica y social trazada por el país, y a las afectaciones al turismo por la covid-19, el plan de la economía para 2021 proyecta un incremento notable de los montos financieros destinados a las inversiones en la producción de alimentos y una disminución de los previstos para el turismo.

Para la subdirectora general de Construcciones del Micons una solución sería no abrir tantos frentes a la vez y concentrar las inversiones dentro de este sector primario en un grupo de programas con mayor impacto económico y social.

La agricultura tiene urgencias que no deben seguir esperando a las calendas griegas. A vuelo de pájaro, solamente el siete por ciento de las tierras cultivables están bajo riego, mientras se deterioran las vaquerías diseñadas para el ordeño mecánico. Los rendimientos van en picada, entre otras razones, por la falta de insumos. Las investigaciones científicas y tecnológicas, como se ha analizado en las sesiones de trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, no acaban de dar los frutos esperados. Mucho bombo y poco en el plato.

Fuera de serie

Dicen que Víctor Valdés Gutiérrez es un tipo fuera de serie. Desde que regresó de la misión en Argelia, “comenzaron a llamarme Panga, porque así le dicen los argelinos a los amigos y se me quedó el sobrenombre”. Día tras día, de lunes a sábado, y en otras múltiples ocasiones hasta los domingos, se levanta a las cuatro de la mañana, después de un sorbo de café, “cuando hay”, sale a esperar el camión que lo recoge en la barriada de Buenavista, para llevarlo al trabajo.

Su oficio es montador A y ejecutor de obra, pertenece a la Empresa de Construcción Integral de Mayabeque y, aunque ya está jubilado, “aquí sigo al pie del cañón”, dice con picardía. Más de medio siglo de trabajo le ha aguzado la inteligencia, por eso cuando lo trajeron para acelerar el montaje del secadero de arroz en la UEB de Bizarrón, en el municipio de Güines, no tuvo la menor duda de que daría pie con bola.

A consecuencia de la pandemia, esta planta no había podido contar con la asesoría china para instalar las dos torres de secado, además, en los parles donde venía la tecnología, faltó una parte de los tornillos de sujeción y cinco motores. Como a los mayabequenses no les gusta que les pasen gato por liebre, “los materiales de importación que no entraron con la tecnología china (tornillería y motores) estamos en proceso de reclamación con la Empresa Maquimport”, constata Electo Álvarez Figueredo, directivo de la Empresa Agroindustrial de la provincia.

No obstante, Panga puso manos a la obra. “Estoy armando un rompecabezas y consultando siempre el proyecto de origen. Ya inventamos los pasadores de los paños que separan el grano de las materias extrañas. En tres meses, si seguimos a este ritmo, terminamos la parte del montaje”, asegura.

Sopesando las inversiones.

Los atrasos en el cronograma de ejecución de Bioplaguicidas Habana tensan la soga en la entrega de bioproductos a las bases campesinas, ante la carencia de insumos importados.

La covid-19 les puso una fuerte zancadilla. “Hay atrasos en el cronograma de ejecución porque los constructores son de La Habana pero pertenecen a la empresa de Mayabeque y el traslado se dificultó en los primeros meses de la enfermedad. También tuvimos déficit de algunos materiales como la tornillería y los discos de corte que no aparecían ni en los centros espirituales. No obstante, con todas las de la ley, este secadero se termina para junio o julio de 2021, porque todavía queda camino por andar”, afirma el directivo de la empresa.

El territorio cuenta con seis municipios arroceros: Nueva Paz, San Nicolás, Güines, Melena del Sur, Batabanó y San José. En estos se concentran los contratos con las formas productivas, mas la capacidad industrial instalada en Nueva Paz no da abasto para procesar lo que sale de los campos. Por esta razón, hay que trasladar el arroz para secar y molinar en distintas provincias. Cuando se termine la inversión en Bizarrón, subraya Álvarez Figueredo, podrán ahorrar unos 75 000 litros de petróleo anuales que se gastan en el trasiego. La varilla del consumo de combustible pudiera bajar mucho más si se proporcionara a la UEB de Bizarrón una nueva línea para molinar.

Quienes predijeron para 2020 la terminación de la planta Bioplaguicidas Habana, del Grupo Empresarial Labiofam, volvieron a errar el tiro. Aunque la tecnología casi en su totalidad estaba ya instalada al finalizar el año, faltaban algunos equipos para el tratamiento de los residuales. Y las deudas con los proveedores tensaron la soga.

Según el director de Inversiones y Desarrollo del Minag, esta fábrica, más otras dos que se construyen en Villa Clara y Granma, deben multiplicar de manera significativa la producción de bioproductos. Ante la escasez de fertilizantes, herbicidas y plaguicidas importados, la puesta en marcha de estas industrias es capital para la agricultura cubana.

Sin embargo, aunque el Grupo Empresarial Labiofam ha logrado levantar algunas plantas de este tipo en otros países, la suya no ha corrido la misma suerte. A criterio del viceministro del MEP, “esta inversión tiene un atraso enorme. Cuando se presentó el estudio de factibilidad debía generar exportaciones con sus productos que en aquel entonces tenían mercado seguro. Al cabo de una década de ejecución ya todo cambió.

Sopesando las inversiones.

Secar el arroz en la carretera es algo común en Colón por los atrasos de las inversiones en la industria.

“A esta inversión de Labiofam le hemos hecho tres controles ingenieriles y encontramos un grupo de irregularidades propias de los procesos inversionistas demorados. Cuando una obra se extiende en el tiempo hay que cambiar los conceptos iniciales de para qué era. Sin embargo, lo principal es que hay que terminarla y, en este caso, enfocarse en los bioproductos para el mercado interno que sustituyen importaciones.

“Esa inversión va a costar unos 104 millones de dólares. Entonces, cómo los pagamos. ¿Con el ahorro? ¿Cuál ahorro? Si no tenemos dinero ni para pagar los fertilizantes. Si en el plan de la economía tuviéramos todos los años 100 millones de dólares para comprar plaguicidas, ahora con estas producciones ya no hubiera que gastarlos. Entonces, con ese dinero se pudiera devolver el crédito. Pero si no existe el dinero, cómo se pagará.

“Cerca de Bioplaguicida Habana hay otra inversión que nació junto con ella, la fábrica para la vacuna de la fiebre aviar destinada a las gallinas ponedoras del país. Y se quedó en la cimentación, porque nos demoramos tanto en hacerla, que en el mundo se controló esa enfermedad y no tenía sentido seguir enterrando recursos”, ilustra Núñez Fonseca.

El papel fiscalizador de la subdirección general de Construcciones del Micons se focaliza en el chequeo del cronograma de las obras y que estas avancen. En el caso de Bioplaguicidas Habana, puntualiza de la Calle Sablón: “ha tenido atrasos en todo, y la principal irregularidad está en la organización del sistema constructivo, con problemas de fuerza de trabajo y en los suministros”.

La lista de brigadas de diferentes empresas que han trabajado en esta fábrica de Labiofam es bien larga. Alastor, BioCubaFarma, Unión de Industrias Militares, Contingente Raúl Roa, Micons, Citma, Geisel, Inoxidable Varona, Unión Eléctrica, Ministerio de Transporte, EMI Granma…hasta la cooperativa no agropecuaria Ingeniería Extrema, enumera Joaquín Molina Corcho, jefe del grupo de supervisión de proyectos de la obra.

Donde fuego hubo…

Sopesando las inversiones.

Después de un letargo, el organopónico de Fontanar renace como el ave Fénix con el apoyo de las autoridades locales.

Después de varios años de inusual abandono, el organopónico de Fontanar, en el municipio de Boyeros, por fin comenzó a recuperarse. Antaño, los grandes canteros rebosaban de vegetales y hortalizas que deleitaban la vista y el paladar. Como dice el viejo refrán: donde fuego hubo…

Algunos pocos trabajadores, vecinos de los alrededores, no perdieron la esperanza de devolverle su lozanía al lugar. Y con la llegada de Oliver Antonio Tornes Terry, su nuevo director, vieron los cielos abiertos.

“Se cambió el sistema de trabajo, cada obrero agrícola vinculado al área atiende una treintena de canteros y recibe más de la mitad de los ingresos por las ventas, el resto es para cubrir los gastos en semillas, abonos orgánicos, y demás, que necesita esta UEB, perteneciente a la Empresa Agropecuaria Metropolitana de La Habana”, explica Tornes Terry.

Como parte de las inversiones previstas en el organopónico de Fontanar, se le instaló un nuevo sistema de riego a unas ocho hectáreas entregadas en usufructo. Fueron recuperados los caminos de acceso y a mediados de diciembre último quedaba pendiente la construcción de más de una decena de casas de cultivo rústicas.

Una parte del financiamiento para estas obras la entregó el Gobierno del municipio de Boyeros, con 700 000 pesos, en aras de rescatar allí la producción de alimentos. La otra, de 400 000, fue a través de un crédito solicitado al banco para revitalizar los sistemas de riego.

La UEB cuenta también con 32 fincas de frutales distribuidas en distintas localidades del municipio, y las aspiraciones que tienen Tornes Terry y el resto de los obreros son las de exportar aguacates y mangos. También, a tenor con las nuevas medidas para la comercialización, quieren abrir un punto de venta en Fontanar para acercar los vegetales y hortalizas a la población.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia