1
Publicado el 29 Septiembre, 2017 por Redacción Digital en Historia
 
 

Bolívar y Che Guevara

Por JUAN SÁNCHEZ

Dos grandes de América Latina y del mundo. Grandes del pensamiento político y de la acción. Los dos, aureolados por la leyenda, que es la forma en que los pueblos inmortalizan a sus héroes. Uno, con barba guerrillera, su mate o su tabaco, su fusil, su sonrisa, bajó de la Sierra Maestra para entrar en el corazón de Cuba, que lo ama como a hijo de sus entrañas. Su gran carrera revolucionaria se inició en Guatemala, en 1954, se desarrolló en las serranías del oriente cubano y después en la Invasión, en las montañas del Escambray, en la batalla de Santa Clara y continuó su glorioso ciclo en Bolivia al frente de las guerrillas andinas. El otro, el primero en recibir el título de El Libertador, a horcajadas sobre los Andes cayó sobre los ejércitos realistas y los derrotó en Boyacá; después repitió la hazaña en las sabanas de Carabobo y en Junín y aunque dejó un rosario de Repúblicas libres del colonialismo español, su obra no terminará sino con la conquista de la segunda y verdadera independencia de América Latina por los guerrilleros. Che Guevara, Simón Bolívar: índices de la fuerza, de las expresiones más altas a que pueden llegar los pueblos en pie de guerra para la defensa de sus ideales más puros.

Tomando conceptos del pensamiento de uno y de otro, y respetando la formulación textual en la mayoría de los casos, hemos creado este diálogo posible.

BOLÍVAR: La insurrección que desatamos en 1810 contra España no fue una insurrección criminal. Fue el grito de la naturaleza y de la razón emitido por los pueblos suramericanos, bastante robustos, para hacerse oír y entender.

CHE: Sin embargo, libres de España, las jóvenes repúblicas lati-noamericanas fueron absorbidas por los Estados Unidos, el vecino poderoso y rapaz. América Latina lucha ahora por su segunda independencia. Su marcha de gigante no se detendrá. En todo caso, los que mueran ahora morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irremediable independencia.

BOLÍVAR: Expulsamos a nuestros opresores, rompimos las tablas de sus leyes tiránicas y fundamos instituciones legítimas y luchamos por poner el fundamento del pacto social que debió formar de ese mundo una nación de repúblicas… La Asociación de los cinco grandes estados de la América era tan sublime en sí misma que hubiera sido motivo de asombro para Europa. ¿Quién hubiera resistido a la América unida de corazón, sumisa a una ley y guiada por la antorcha de la libertad?

CHE: Al colonialismo español sucedió una creciente explotación de nuestras riquezas por parte de América del Norte. El capítulo de sus intervenciones en Sudamérica son páginas llenas de sangre, robo, abuso sin cuento. Ellas demuestran que en el imperialismo no se puede confiar lo más mínimo.

BOLÍVAR: Yo sentía que el camino de América Latina tenía que ser distinto al de Norteamérica. Los americanos del Norte son para nosotros, extranjeros. Por ello nunca estuve de acuerdo en invitarlos a poner en orden nuestros asuntos americanos.

CHE: Los imperialistas hablan de un “peligro comunista” para el continente americano y hasta tienen el cinismo de referirse al “gran sueño de Bolívar”… Echando mano a esos argumentos impusieron su mayoría mecánica para excluir a Cuba de la OEA, esa cómoda máscara para encubrir sus desvergüenzas.

BOLÍVAR: Por los años 20 del siglo XIX, sin embargo, ya existía una amenaza real para la libertad de los pueblos de América Latina. Dije entonces (1825) que los Estados Unidos se consideraban ellos mismos destinados a hundir en la miseria a América del Sur en nombre de la libertad.

CHE: Cuba conoce desde fines de ese siglo XIX esa verdad, como la conocen también Colombia, Venezuela, Nicaragua y la América Central, en general, México, Haití, Santo Domingo. En años más recientes, además de Cuba, conocen la agresión directa de los imperialistas norteamericanos: Venezuela, Colombia, Guatemala y Bolivia, donde concretamente intervienen fuerzas de los Estados Unidos en la represión de los que luchan con las armas por su libertad. También República Dominicana.

BOLÍVAR: Ah, cara Venezuela, consagrada toda a la santa libertad. ¡Siempre consideraste tus sacrificios como triunfos, tus torrentes de sangre, el incendio de tus poblaciones, la ruina absoluta de todas las creaciones del hombre y aún de la naturaleza, todo lo ofreciste en aras de la gran patria americana!

CHE: América constituye hoy, como ayer, un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capita-        les monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Contra eso luchan los venezolanos con las armas en la mano, así como los guatemaltecos, los colombianos, los bolivianos. Otros focos de resistencia aparecen en el continente.

BOLÍVAR: Después de completar la independencia de Venezuela, luché con el más vivo interés para formar de todas nuestras Repúblicas un cuerpo político. La América casi unida hubiera podido llamarse la Reina de las Naciones, la Madre de las Repúblicas…

CHE: En lo que respecta a la lucha actual, sostengo que dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales.

BOLÍVAR: Me esforcé por convocar a una asamblea de plenipotenciarios de los Estados Americanos para deliberar bajo los auspicios de nuestras victorias, sobre los intereses comunes, y estudiar el medio de defendernos de cualquier otra potencia.

CHE: Ahora sí la historia tendrá que contar con los patriotas de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Y esta ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más.

BOLÍVAR: A finales de 1824, desde Lima, convoqué oficialmente a un Congreso a los gobiernos de América del Sur. Mi idea era preparar la unión de Colombia, Perú, Bolivia, La Plata y Chile en una gran república. Así el continente americano hubiera estado compuesto de cuatro estados: América del Norte, México, el Brasil y, por último, bajo el nombre de Estados Unidos del Sur, la América Meridional.

CHE: Aquella reunión de los gobiernos de América del Sur sa-boteada por los gobernantes norteamericanos, tenía un objetivo muy diferente a las frecuentes reuniones de la OEA, ese ministerio de colonias yanquis, siempre bajo la férula de Washington. Por eso América sigue siendo escenario de muchas batallas. En el marco de esta lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son solo episodios, pero ya han dado los mártires que figurarán en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por la libertad plena del hombre.

BOLÍVAR: De acuerdo. La espada de los libertadores no debe emplearse sino en hacer resaltar los derechos de los pueblos.

CHE: Ciertamente. Nuevos brotes de guerrillas surgirán en otros países americanos, como ya ocurre en Bolivia, e irán creciendo, con todas las vicisitudes que entraña el peligroso oficio de revolucionario moderno. El guerrillero empuña las armas como protesta airada del pueblo contra sus opresores y lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio y la miseria…

BOLÍVAR: Tengo la satisfacción de poder asegurar que mi espada no tuvo jamás  otro objetivo que  darle a América del Sur la más grande latitud y extirpar al mismo tiempo, así la tiranía como la anarquía.

CHE: Toda mi acción fue un grito de guerra contra el imperia-lismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran ene-migo del género humano: Estados Unidos de Norteamérica.

BOLÍVAR: También fui atacado por los representantes de los peores intereses en mi época. Los Estados Unidos llevaron parte importante en esa ola de calumnias. La seguridad de que la posteridad me haría justicia y de que otros sentirían también bajo sus talones el costillar de Rocinante, fue todo lo que tuve para mi felicidad en los momentos postreros.

CHE: Así es. Nuestro grito de guerra llega a muchos oídos receptivos y muchas manos se tienden para empuñar nuestras armas y entonar cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria. Los pueblos explotados de Asia, África y América aprenden la lección.

Tomado de BOHEMIA, 22 de diciembre de 1967


Redacción Digital

 
Redacción Digital