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Publicado el 29 Octubre, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Cuba1868: el machete como arma

Aunque hay antecedentes de su uso anterior en unidades con disposición combativa, es con Máximo Gómez que se inserta definitivamente en el arte militar cubano
Máximo Gómez, entonces un forastero de unos 30 años, de porte marcial, ojos, bigote y barba negrísima en forma de pera. (Foto: EL CORREO DE ULTRAMAR)

Máximo Gómez, entonces un forastero de unos 30 años, de porte marcial, ojos, bigote y barba negrísima en forma de pera. (Foto: EL CORREO DE ULTRAMAR)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Venía de Santiago de Cuba el coronel español Demetrio Quirós al frente de una columna de las tres armas, integrada por batallones de los regimientos Cuba y La Corona, con dos piezas de artillería. En total, unos 700 efectivos. Al llegar a Baire, la poderosa tropa acampó.

Una vez impuesto de la noticia, Carlos Manuel de Céspedes ordenó al mayor general Donato Mármol detener el avance enemigo. Este se posesionó en Jiguaní, acompañado de Calixto García, y encomendó a Máximo Gómez atacar con 200 hombres a Quirós cuando marchara por el camino real hacia Bayamo.

El dominicano acantonó a su gente en la Loma de El Yarey, a unos seis kilómetros al este de Jiguaní, pero como los colonialistas no se habían movido, decidió buscar otro lugar más apropiado para la emboscada. El sitio escogido fue Pinos de Baire (también conocido como Venta o Tienda del Pino), a un kilómetro al oeste del poblado que le da nombre.

El 26 de octubre de 1868 el coronel español dio la voz de partida a su poderosa columna, la cual enrumbó hacia Jiguaní. Dos compañías (unos 200 hombres) marchaban a la vanguardia, la cual, cerca del mediodía llegó a la zona de la emboscada.

Una valiosa incorporación

Días antes del combate de Pinos de Baire, al campamento mambí del mayor general Donato Mármol llegó un forastero de unos 30 años, de porte marcial, ojos, bigote y barba negrísima en forma de pera. Venía con un propio del capitán general Carlos Manuel de Céspedes para el jefe de la tropa.

Mármol se hallaba reunido con su improvisado Estado Mayor. “Carlos Manuel me manda un hombre, oficial retirado de las reservas dominicanas, para utilizar sus servicios de coronel”, dijo. “Acéptalo, Donato”, le aconsejó su suegro, Toñito Milanés, quien añadió: “Ya ves lo que dice Céspedes, el hombre sabe y nosotros de guerra no sabemos ni jota. Deja que nos dirija”.

El alto jefe insurrecto apuró su taza de café e hizo llamar al forastero. “La columna española viene sobre Bayamo y ya está en Baire. Nosotros vamos a impedir su avance. Usted va a mandar nuestra vanguardia, escoja 200 hombres y disponga lo necesario”, expresó Mármol.

Desde Pinos de Baire conocimos los cubanos cuál debía ser nuestra arma típica. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Desde Pinos de Baire conocimos los cubanos cuál debía ser nuestra arma típica. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Tras saludar militarmente, el forastero dio media vuelta y salió a escoger sus hombres. “¿Cómo se llama nuestro nuevo jefe de la vanguardia?”, indagó alguien. “Máximo Gómez”, respondió el general Donato.

Antecedentes

En torno al combate de Pinos de Baire se han generado diversas polémicas entre los historiadores. Recientemente algunos medios de prensa se han hecho eco de ciertas hipótesis basadas en la oralidad. En una de ellas se afirma que la primera carga al machete acaeció en los alrededores de Guanabacoa, lideradas por Pepe Antonio, en 1762, cuando los ingleses tomaron esa localidad y La Habana.

Investigaciones realizadas por el historiador guanabacoense Marcos Rodríguez Villamil han aportado claridad al respecto. En realidad, no existe evidencia documental alguna acerca de un combate entre los lanceros de Pepe Antonio contra los invasores británicos. Tanto los partes militares de ambos bandos en pugna como los testimonios escritos de la época hablan de seis emboscadas realizadas por las milicias cubanas, pero nada de la envergadura de Pinos de Baire.

En la resistencia habanera contra la ocupación inglesa, entre otras armas, se usó el machete. No solo en Guanabacoa sino también en Puentes Grandes y en la desembocadura del Almendares. Lo mismo sucedió en 1741, cuando el almirante Edward Vernon desembarcó en la bahía de Guantánamo con el propósito de fundar una colonia, Cumberland, y preparar condiciones para un futuro ataque a Santiago de Cuba.

De acuerdo con fuentes británicas, Vernon trajo consigo unas 6 000 personas incluyendo a cerca de 600 colonos norteamericanos. Le hizo una feroz oposición una milicia multiétnica, compuesta por indios, blancos y negros libres y esclavos, la cual en la Llanada del Vínculo emboscó a un destacamento de invasores y machete en ristre, les infligió una gran cantidad de bajas.

Las emboscadas y el hostigamiento nocturno se hicieron frecuentes y el contingente de Vernon apenas podía salir del área donde acampó. Las acciones combativas y las enfermedades tropicales ocasionaron la muerte de la tercera parte.  Amparados en la noche, los invasores marcharon hacia la bahía y huyeron en barcos hacia Jamaica.

Desde entonces, los biógrafos de Vernon suelen omitir, al abordar su hoja de servicios, el capítulo guantanamero.

Una tropa bisoña (1868)

En el campamento mambí, campesinos de las cercanías y antiguos esclavos se confundían alrededor de las fogatas. Se celebraba con cantos y música el alzamiento contra España y la independencia de Cuba, que pensaban conquistar en breve tiempo; algunos, además, su nueva condición de hombres libres.

Donato Mármol le ordenó a Gómez marchar con 200 hombres a impedir el avance enemigo. (Foto: AUTOR NO IDENTI-FICADO)

Donato Mármol le ordenó a Gómez marchar con 200 hombres a impedir el avance enemigo. (Foto: AUTOR NO IDENTI-FICADO)

Gómez examinó el estado de la tropa: unas pocas armas de fuego; y varios de los que tenían una, no sabían usarla bien. Escaseaban los tiradores de puntería a largas distancias. En cambio, todos se mostraban diestros con el machete, su usual instrumento de trabajo. El dominicano conocía sus virtudes como arma en el combate cuerpo a cuerpo. En su tierra natal usó ese tipo de lucha, cuando encabezó un grupo de campesinos para liberar a una región de un caudillo sanguinario y sus compinches. Entonces había aprovechado hasta los accidentes de terreno en la obtención de la victoria.

La zona que ahora, en Cuba, iba a ser su teatro de operaciones, le recordaba en algo a su terruño. En las cinco leguas de Baire a Jiguaní, donde estaban los mambises, el camino formaba grandes recodos, cubierto de bosques tupidos a ambos lados, que llegaban hasta los mismos linderos.

Desde tempranas horas de la madrugada del 26 de octubre de 1868, emboscó a sus hombres de forma escalonada. “Nadie se levante y haga nada hasta que yo en persona salte al camino y grite: ¡Al machete!”, advirtió a su tropa. Solo quedaba esperar a ver si los españoles caían en la provocación.

Controversia: ¿octubre o noviembre?

Durante mucho tiempo se ha aceptado como fecha del combate de Pinos de Baire el 4 de noviembre de 1868, pues así lo manifestaba Máximo Gómez en su Diario de Campaña. Pero algunos documentos de la época contradicen lo consignado por el Generalísimo.

En la comunicación oficial que el comandante general del departamento oriental del Ejército español, fechado el 1º de noviembre de 1868, enviada al capitán general, se informaba que “la columna de Quirós, entre Baire y Jiguaní (le había dado), un nuevo alcance a una reunión de cuatro partidas en fuerzas como de 600 hombres”.

Al día siguiente un segundo informe, también remitido por el comandante general del departamento oriental se refería a “la acción sostenida por los insurrectos a un kilómetro de Baire el 25 de octubre (sic) próximo pasado por la columna del señor coronel don Demetrio Quiroz y Wegler”. Este último parte fue reproducido por La Gaceta de La Habana en su edición del 3 de noviembre.

Se ha precisado que fue el 26 de octubre –y no el 25, como afirman los documentos antes mencionados– que Quiroz abandonó Baire, por lo cual se infiere que fue ese el día del combate. Lo que sí es imposible que dos comunicaciones del 1º y 3 de noviembre puedan describir un hecho acaecido el día 4.

El combate

Cuando los peninsulares se encontraban en la zona de la emboscada, Gómez de un grito conminó a los mambises a la lucha. Los pocos que tenían armas de fuego efectuaron un disparo y sin perder tiempo, desenvainaron sus machetes; la gran mayoría, que solo disponía de su antiguo instrumento de trabajo para el combate, ya se había lanzado de ambos lados contra la sorprendida vanguardia enemiga.

El soldado español siempre dio muestra, en las tres guerras de Cuba, de una singular valentía; pero en Pinos de Baire, aparte de la sorpresa, el terror por lo desconocido (ese macheteo al que nunca se habían enfrentado) los desconcertó, al punto que algunos ni atinaron a defenderse lo que engrosó el número de bajas. El resto de la tropa se dispersó, en una verdadera estampida, y se refugió en Baire.

Según el historiador Antonio Pirala, más de 200 muertos dejó España sobre aquel camino real, con heridas “de 20 y más centímetros”. A partir de entonces, las leyendas de míticos machetes, que cortaban de un tajo cañones de fusiles como si fueran ramas de árboles, se extendieron por el campo colonialista. El combate apenas duró quince minutos: en los testimonios de los españoles sobrevivientes se habla “de siete cuartos de hora de ruda pelea”.

Pinos de Baire pasó a los anales de la historia militar como la primera carga al machete de los mambises en las guerras independentistas. Como diría el general Enrique Collazo, quien aplicó más de una vez ese tipo de lucha, “desde ese día conocimos los cubanos cuál debía ser nuestra arma típica, nuestra mejor defensa. ¡Loor a Gómez, que fue nuestro maestro!”.

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Fuentes consultadas

Entrevistas a los historiadores Marcos Rodríguez Villamil, Roberto Hernández Suárez, José Sánchez Guerra y Felipe Pérez Cruz. Los libros La guerra desde La Gaceta de La Habana, de Roberto Hernández Suárez; Historia Militar de Cuba, y Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, ambos publicados por la Casa Editorial Verde Olivo. Los textos de la conferencia Guanabacoa ante la invasión inglesa de 1762, de Marcos Rodríguez Villamil, y del artículo periodístico “La primera carga al machete”, de Pedro A. García (Periódico Granma, 1998).


Pedro Antonio García

 
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