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Publicado el 10 Marzo, 2019 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

MELBA HERNÁNDEZ: “En mi patria siempre brillará el sol”.

Heroína del Moncada, del llano y la Sierra, de la guerra y de la paz, nunca dejó de ocupar un puesto de primera fila en la lucha por una Cuba mejor

A Melba se le recuerda así, con su característica sonrisa. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por  PEDRO ANTONIO GARCÍA

Como muchos jóvenes de su época, después de que Batista perpetrara el golpe de Estado, Melba buscaba ansiosamente qué hacer para acabar con aquella tiranía. Una amiga le presentó a Abel Santamaría. Tras hablar largo rato con él, ella creyó haber encontrado a quien podía salvar a Cuba de la triste situación en que se hallaba, “pero a su vez él me insistió para que conociera a otro joven a quien consideraba que solo él podría dirigir la acción revolucionaria en el país para derrocar al tirano Batista”, le confesaría la Heroína a una periodista años después.

“Nos citamos para encontrarnos en 25 y O, el apartamento donde vivían Abel y su hermana Haydée”, prosiguió entonces Melba en su diálogo con la reportera: “Abel nos presentó, nos saludamos y nos pusimos a conversar. En la medida que Fidel hablaba me daba cuenta de que aquello era lo que yo estaba buscando. Desde ese momento me encontré ya comprometida con Fidel Castro y con aquel movimiento que empezaba a nacer, y que apenas contaba en aquel momento  con ocho personas cuando más”.

Con Haydée y Fidel, tras la liberación de los moncadistas. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Melba Hernández Rodríguez del Rey era oriunda de Cruces, antigua provincia de Las Villas, donde había nacido el 28 de julio de 1921. Graduada de abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana en 1943, según solía decir “no era una carrera productiva para mí: Los pocos asuntos que llevé no eran los que dejaban mayores ganancias, aunque sí los que permitían mis principios. Mis clientes eran guajiros explotados, una muchacha que del prostíbulo salía para la cárcel; obreros despedidos. Recuerdo aun un caso que llevé defendiendo a los trabajadores de los Ómnibus Aliados”.

Activa participante de los preparativos para el asalto al cuartel Moncada, se le asignó junto con Haydée Santamaría la misión de auxiliar al doctor Mario Muñoz en el hospital civil, los tres bajo las órdenes de Abel. Ante su presencia fue asesinado el galeno por las hordas batistianas. Confinada en los calabozos de la fortaleza santiaguera, fue testigo junto con Yeyé de los crímenes perpetrados allí.

En el Tercer Frente, junto su jefe Juan Almeida y Pedro Miret. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Sancionada ambas a prisión, fueron puestas en libertad en febrero de 1954. Casi inmediatamente después del excarcelamiento las dos muchachas se dedicaron a la edición, impresión y distribución del alegato de autodefensa de Fidel, que bajo el título de La Historia me absolverá, devino programa político de la Revolución.

Ante la enorme presión popular la tiranía batistiana se vio obligada en mayo de 1955 a liberar a los moncadistas. A la salida del presidio, estaba Melba para abrazarlos. Según testimonio del comandante de la Revolución Ramiro Valdés, en el barco El pinero,  durante el viaje de regreso a La Habana, ella participó en la reunión “donde bajo la conducción de Fidel, se decidió el nombre de 26 de Julio para el movimiento revolucionario, en el cual, desde junio de ese año, integró su Dirección Nacional.

Combatiente en las filas del Tercer Frente Oriental Mario Muñoz, bajo el mando del comandante Juan Almeida, asumió la responsabilidad de la recaudación del impuesto al café y al ganado; aparte de atender la distribución del armamento y organizar una escuela para alfabetizar a la tropa, creada por orientación de Fidel.

Tras el derrocamiento de la tiranía, la Revolución le encomendó difíciles tareas las cuales asumió impecablemente. Directora del Reclusorio Nacional de Mujeres en Guanajay, el mismo penal donde Haydée y ella fueron internadas por el régimen batistiano, organizó la vida de las reclusas sobre la base del estudio y el trabajo. Ella gustaba recordar: “Sembramos vegetales y otros cultivos; hicimos un taller de artesanía; se fabricaron cestas para la venta de estos vegetales (…) Se confeccionó ropa para los campesinos de la Sierra Maestra que combatientes del Moncada y familiares de mártires llevaron y repartieron allá”.

También desempeñó otras importantes responsabilidades, entre ellas, presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con los pueblos de Indochina; miembro del Presidium del Consejo Mundial de la Paz; secretaria general de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL); embajadora de Cuba en Vietnam y Kampuchea, y directora del Centro de Estudios sobre Asia y Oceanía.

En Vietnam, con Ho Chi Minh y otros compañeros. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Falleció en la noche del domingo 9 de marzo de 2014.

Siempre estuvo dispuesta al diálogo con cualquier tipo de audiencia, fuera profesional, obrera, campesina o estudiantil. Si le preguntaban sobre el Moncada, solía subrayar que nunca lo había visto como un fracaso o una derrota. “Si volviera a nacer y se dieran iguales circunstancias, con un desgobierno como el que había entonces, y Fidel me dice: ‘Vamos a la toma del Moncada’, allá voy yo a la toma del Moncada”.

Una vez le preguntaron cuál era su mejor sueño. “Son muchos y yo no digo que sueño con lo que los jóvenes harán en un futuro, porque estoy segura que lo van a hacer, tengo plena confianza en los jóvenes, si no creyera en ellos no podría creer en mí. Tengo plena confianza en que en mi Patria siempre brillará el sol con que soñamos”.

Fuentes consultadas

El libro Melba, mujer de todos los tiempos, de Margarita Ilisástegui y Gladys Rosa Álvarez. Entrevista concedida a Susana Lee (Granma, 26 de julio del 2003). Los textos periodísticos Un equipaje valioso, de Melba Hernández (Verde Olivo, 28 de julio de 1963), Mujeres de fuego y miel, de Lídice Valenzuela (Radio Rebelde digital) y Melba, pasión por Cuba (Granma 28 de julio de 2015).


Pedro Antonio García

 
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