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Publicado el 29 Enero, 2020 por Redacción Digital en Historia
 
 

José Martí, el hombre que nos une

Hermana… porque así es Martí, el Apóstol, el Héroe Nacional, el Maestro, el más Universal de los cubanos, el que nos une y nos convoca a los pueblos de América, a los revolucionarios de entonces y de ahora, a los que creen que un mundo mejor es posible.

Escultura Bolívar y Martí, en Venezuela Por Yadira Cruz Varela*

Cuando naces y vives en Cuba aprendes desde muy temprano que el Héroe Nacional José Martí es el más universal de los cubanos, estudias su obra y compartes a diario sus ideales.

Pero sólo cuando sales fuera de la isla y te encuentras señales de su presencia o de su obra en las ciudades que visitas comienzas a comprender la grandeza de ese hombre, que por cotidiano y familiar a veces no logramos calar en toda su magnitud.

De igual forma es conocida su identificación con Simón Bolívar y los honores que le rindió al llegar a estas tierras, por aquel pasaje de Los Tres Héroes que aprendemos de memoria en la niñez, “Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar”.

Durante años cada cubano que llega a Venezuela, busca la forma de llegar hasta la plaza Simón Bolívar y ante la estatua ecuestre del Libertador de América se toma una foto, en una señal de respeto, admiración y orgullo por Martí y por Cuba.

Aún así no comprendes la universalidad de ese hombre… un día recorres las calles de la capital venezolana y ves por casualidad en una pequeña plaza cerca del centro una estatua de Martí y te detienes ante el héroe, hablas con él en silencio y le rindes tributo y afloran las lágrimas porque estás lejos de tu hogar, de tu familia, de tu Patria.

Pero de pronto… recuerdas que él sacrificó, más que nadie, que entregó todo por la independencia de la Patria, que no es frente a su busto el mejor lugar para recordar tu nostalgia… “dejas las huevonadas” como dicen los venezolanos, secas disimuladamente esa lágrima y entonces empiezas a preguntarte en realidad ¿qué hizo en estas tierras?, investigas, preguntas.

Busto de Martí con flores en CaracasConoces que en Caracas hay una Casa de Nuestra América, que lleva su nombre, que hay un Club Martiano y comienzas a caminar lugares, a conocer personas como Regina, Rubén o a Yenobys, cubanos que viven hace años en estas tierras pero llevan a Martí, a Fidel y a Cuba en las entrañas, te asombras cuando alguien como el profesor Wolgang Vincent te habla de Él con toda pasión.

Te encuentras con un amigo venezolano que te cuenta que su esposa trabaja en una escuelita que lleva su nombre y allí cada año para esta fecha recuerdan su legado, descubres que hay muchos intelectuales venezolanos que estudiaron y estudian su obra, sientes orgullo y no puedes dismularlo.

Aunque aún no llegas a sorprenderte del todo, porque te dices a ti misma “nada son cubanos y los académicos se dedican a estudiar su obra”, hasta que alguien te dice que hace 15 años en este país se reedita la ruta martiana y se celebra la llegada del Apóstol a estos lares, es ahí, donde comienzas a sentir que trasciende realmente el héroe.

Y te lanzas a esa aventura de recorrer el camino, aunque muchos te adviertan que es escabroso, difícil para alguien “de tu edad” o para quien está fuera de entrenamiento… no importa, te dices a ti misma y te alistas sin tener una percepción real de lo que te espera en esa escalada.

Mochila al hombro emprendes la aventura para rendir tributo al hombre que desde pequeña aprendiste amar, cuyas obras leíste, recitaste sus poemas, luego estudiaste en la carrera e incluso dedicaste algún que otro verso suyo a algún amor que a esta altura no te atreves a confesar o simplemente no recuerdas.

“Subir montañas hermana hombres”, escribió Martí y así sucede cuando recorres junto a los hermanos venezolanos el escabroso camino que un día recorrió Él para llegar a rendir homenaje a Bolívar.

Hermana… porque en medio de la travesía alguien está a punto de desfallecer y de un bolso aparece agua, un vaso de malta o sale un bombón de chocolate que alguien conservaba como un preciado tesoro.

Hermana… porque cuando miras al frente y ves esa montaña empinada dudas de poder recorrer los 20 kilómetros que te esperan y para que los demás no se den cuenta (por una cuestión de orgullo) les dices “los cubanos no nos rajamos, primero muertos que desprestigiados”… pero en el fondo sientes que es duro… de pronto aparece un fornido joven de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela y te dice: “venga cubana aguántese de mi brazo que vamos a llegar”.

Hermana… porque en cada espacio donde algún grupo descansa y descubren que somos cubanos, te preguntan de la isla, de Fidel, de la Revolución.

Hermana… porque Arner, Deivy y Zerik, los jóvenes venezolanos que se nos unen, comienzan a contarte que es la Revolución bolivariana, sus tareas como militantes, sobre las carreras que estudian y hasta te explican que es y para qué sirve el Petro o te confiesan que sueñan con ir a tu país.

Hermana… porque comienzas a hablar de Martí, de su obra, de su trascendencia y te llueven las preguntas una y otra vez…

Hermana… porque llegas al final del recorrido, aunque alguien te haya dicho “a tu edad, no podrás”, pero llegas, feliz, orgullosa de ti y de quienes te acompañan en la travesía.

Hermana… porque en la plaza Bolívar tras el recibimiento, todos tienen un momento para intercambiar contactos, tirar fotos que quedarán para el recuerdo.

Hermana… porque 24 horas después esos jóvenes que conociste y que pueden ser tus hijos, te escriben mensajes para preguntarte donde encontrar las obras de Martí, porque a las seis de la mañana te despierta el teléfono con la confirmación de un mensaje de Agner diciéndote que encontró algo del héroe cubano, que lo leyó, que le gustó que quiere saber más.

Hermana…porque entonces te das cuenta que no te molesta que te hayan despertado tan temprano aunque sólo hayas podido dormir tres horas porque estabas trabajando y aún tienes el cansancio de la travesía , pero sientes que la semilla del Apóstol y sus ideales se multiplican en esta tierra… y te levantas y comienzas a escribir este intento de crónica, aunque no es tu fuerte y ni siquiera sabes si la vas a publicar.

Hermana… porque así es Martí, el Apóstol, el Héroe Nacional, el Maestro, el más Universal de los cubanos, el que nos une y nos convoca a los pueblos de América, a los revolucionarios de entonces y de ahora, a los que creen que un mundo mejor es posible.

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  • *Yadira Cruz Varela es corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.

Redacción Digital

 
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