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Publicado el 17 Abril, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Girón. Comienza la batalla

El heroísmo de los milicianos, al impedir el avance de la brigada invasora, permitió que unidades del Ejército cubano, pudieran posesionarse de sitios estratégicos de la zona de operaciones
Fidel, en la primera línea, imparte orientaciones. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Fidel, en la primera línea, imparte orientaciones. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

En las primeras horas de la madrugada del 17 de abril de 1961, el jefe del batallón 339, quien tenía bajo su mando a 528 obreros y estudiantes de la ciudad de Cienfuegos, recibió de su puesto de observación en Playa Larga un inquietante mensaje: “Una lancha está desembarcando y dispara hacia la playa. Tenemos esta gente encima. Vamos a romper la planta y nos vamos para las trincheras”.

El Jefe del Batallón ordenó formar la tropa, acampada desde hacía una semana en el central Australia. A uno de sus pelotones le encomendó trasladarse para Playa Larga, a rechazar el desembarco. El parque era escaso: 80 cartuchos para cada M-52, 90 para cada subametralladora checa, 200 para cada una de las tres ametralladoras BZ con que contaba el destacamento. Muy cerca de la costa, se bajaron del camión. Empezaron a avanzar por el terraplén en medio de la noche.

Un miliciano musitó: “Por ahí viene gente”. De la tropa que venía de la playa, se oyó una voz: “Alto ahí, ¿quiénes son ustedes?”. “El 339 de Cienfuegos. ¿Y ustedes?”. “La compañía E del segundo batallón”. “Eso no existe en Cuba”.

Un mercenario, por uno de los flancos, gritó: “Somos del Ejército de Liberación, no vinimos a pelear contra ustedes. Ríndanse”. “Patria o Muerte”, gritó un joven del 339. “Fuego”, ordenó el más veterano del batallón. Y se generalizó la balacera.

Con su tenaz resistencia de aquella madrugada, aquellos milicianos hicieron fracasar una parte importante del plan de la CIA para la brigada mercenaria. Habían impedido que la compañía E siguiera avanzando hacia el estratégico poblado de Pálpite, donde debían unirse con los paracaidistas.

Pálpite

Fidel envió al central Australia, como jefe de tropas, al entonces capitán José Ramón Fernández; y a Covadonga, al comandante Filiberto Olivera. En Yaguaramas, unidades del Ejército del Centro reforzadas con dos batallones pesados de La Habana estaban bajo el mando del comandante René de los Santos.

Cuando Fernández llegó al Australia, Fidel lo esperaba al otro extremo de la línea telefónica. “Me han comunicado que han lanzado paracaidistas y que eso está rodeado de paracaidistas… Debes limpiar primero de paracaidistas y después avanzar sobre el enemigo y seguir avanzando”.

Los tanques cubanos avanzan hacia la zona del combate. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Los tanques cubanos avanzan hacia la zona del combate. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Otra de las encomiendas del Comandante en Jefe para Fernández fue la toma inmediata de Pálpite. Como el capitán no encontraba en el plano un lugar geográfico con ese nombre, Fidel tuvo que darle varios sitios de referencia. “Ah, pero es que en el mapa dice Párrite”, le dijo Fernández. “Yo no sé si el mapa está equivocado, pero es ese, tómalo”, le contestó su interlocutor.

Ante tal conminación, Fernández ordenó al Batallón 225 “salir por el terraplén y ocupar posiciones a la salida de la laguna. Si no encuentran resistencia, avancen hasta Pálpite, que está a dos o tres kilómetros de la playa”. En ese caserío, el 225 fue rechazado por los mercenarios y hostigado por la aviación enemiga. Entonces llegó a la zona de operaciones el batallón de la escuela de Responsables de Milicias, con órdenes también de recuperar el pequeño batey.

A las 10 de la mañana, se tomó Pálpite. Fernández descolgó el auricular y se lo informó a Fidel. “Ya ganamos, ya ganamos la guerra”, gritaba jubiloso el Comandante en Jefe. “Les hemos hundido dos barcos y tres lanchones y si no se dieron cuenta de que tienen que defender Pálpite, están perdidos”.

Ya en las primeras horas de la tarde, el entonces teniente Néstor López Cuba, al frente de cinco tanques T-34, se encontró con Fidel en Jovellanos, quien le dijo: “Tienes que llegar hasta Playa Larga. Ustedes deben salir ahora para Pálpite. Salgan ahora mismo que yo los espero allá”. Y hacia la primera línea del combate envió de refuerzo doce obuses y dos baterías de ametralladoras.

Unos minutos antes de la medianoche, comenzó un intercambio de disparos entre la artillería revolucionaria y los tanques mercenarios. Así terminaba el primer día de la Batalla de Playa Girón.

Fuentes consultadas:

Los libros La Batalla de Girón, de Quintín Pino Machado; Girón, la batalla inevitable, de Juan Carlos Rodríguez; Girón en la memoria, de Víctor Casaus: Girón no fue solo en abril, de Miguel Ángel Sánchez; y la compilación Playa Girón: derrota del imperialismo (4 tomos).


Pedro Antonio García

 
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