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Publicado el 14 Abril, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Terrorismo made in USA

Girón, preludio

El sabotaje a la tienda El Encanto formaba parte de la estrategia de acciones terroristas de la CIA en apoyo a la invasión mercenaria perpetrada cuatro días más tarde

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Trece de abril de 1961. Seis de la tarde. Tienda El Encanto. Carlos González Vidal despachó su última venta en el departamento de discos y se dirigió a la sección de telas. Normalmente él ayudaba a las compañeras a la hora del cierre. Al quedarse solo, deslizó una petaca incendiaria, después de activarla, entre dos rollos de tela. En otra estantería repitió la acción.

Al anochecer, comenzó un incendio que rápidamente se propagó por todo el edificio y provocó su desplome. Bomberos, milicianos, empleados de la tienda, gente de pueblo, lucharon para que las llamas no se extendieran a locales aledaños. Con el amanecer, se aplacó el fuego. Centenares de hombres y mujeres se negaron al descanso para comenzar las labores de retirar los escombros.

Para el sabotaje de El Encanto se usaron petacas incendiarias facilitadas por la CIA a los grupos terroristas.

Para el sabotaje de El Encanto se usaron petacas incendiarias facilitadas por la CIA a los grupos terroristas.

A la ira por los destrozos del siniestro (todos lo calificaron enseguida de sabotaje), se sumaba la angustia por la desaparición de una empleada muy querida, cuyo cadáver aparecería varios días más tarde. Su nombre: Fe del Valle.

El día que comenzó la angustiosa búsqueda, a cientos de millas de La Habana, en un aeropuerto clandestino de la CIA, un empleado retocaba unos bombarderos con falsas siglas de las FAR. Sobre Cuba, pronto avanzarían sembrando hogueras.

Terrorismo made in USA

Para 1961, la CIA había encomendado a los grupos contrarrevolucionarios la misión de “paralizar La Habana” en apoyo a la invasión mercenaria que preparaban. En el primer amanecer de ese año, los capitalinos se despertaron con un incendio de grandes proporciones en la tienda La Época, de Galiano y Neptuno. Resultaron capturados varios de los responsables del siniestro, quienes confesaron ante la televisión que oficiales de la CIA, bajo la fachada de diplomáticos estadounidenses (en el día de los hechos aún existían relaciones diplomáticas), suministraron el fósforo vivo y la dinamita gelatinosa para el sabotaje.

Sabotaje a la Época

Las acciones terroristas contra Cuba continuaron. A inicios de febrero, un obrero de los depósitos pertenecientes a la fábrica de cigarros Regalías (Clavel y Mercado, en el hoy municipio de Centro Habana), fue baleado seis veces. Cuatro contrarrevolucionarios asaltaron una guagua de la ruta Guanabo-Habana para incendiarla. La actitud de un sargento del Ejército Rebelde, apoyado por el chofer y varios pasajeros del ómnibus, impidió el hecho.

También el estudiantado de la Universidad de La Habana fue víctima del terrorismo. El 7 de febrero estalló un auto estacionado en la Plaza Agramonte. Varios jóvenes resultaron heridos (una muchacha fue reportada de gravedad).

El crimen sí paga

En la noche del mismo 13 de abril, tras colocar las petacas incendiarias en El Encanto, Carlos González Vidal intentó una salida ilegal hacia Estados Unidos, por Playa Baracoa. Por ironías de la vida, un compañero suyo de trabajo, quien encabezaba el grupo de milicianos y cederistas que custodiaba la costa, realizó su detención.

Una mayor sorpresa le aguardaba al terrorista: otro empleado de El Encanto, agente de la Seguridad, dirigiría su interrogatorio en una dependencia del G-2. Era el pueblo uniformado, como le llamaba Camilo, dispuesto a defender su Revolución.

Fuentes consultadas: Los libros Girón, la batalla inevitable, de Juan Carlos Rodríguez, y Diario de Girón, de Gabriel Molina.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García