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Publicado el 21 Abril, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Girón. Visión de los vencidos

A 48 horas de la victoria popular, los mercenarios confiesan culpas y crímenes en una comparecencia televisiva

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Un momento de la comparecencia televisiva. A la izquierda, el moderador Luis Gómez Wangüemert, un notable comentarista de temas internacionales. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Un momento de la comparecencia televisiva. A la izquierda, el moderador Luis Gómez Wangüemert, un notable comentarista de temas internacionales. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Con entonces apenas ocho años de vida, mis únicos recuerdos sobre Girón son las imágenes en el televisor: una fila de mercenarios desfilando entre los milicianos, acompañados por una tonada pegajosa a la cual identifiqué años después como El pistolero, la canción tema de un filme ya olvidado de los años 50. Y una muchacha, bella y terrible en mi memoria, señalando acusadoramente a un invasor: “¡Dime que no! ¡Dime que no fue verdad! ¡Dime que no!”.

Por motivos obvios, mis mayores no me permitían ver la comparecencia televisiva. Pero a la hora del almuerzo, yo encendía a escondidas nuestro viejo Hallicrafter para disfrutar del noticiero del mediodía. Y la imagen de la muchacha apareció en diversas emisiones, reiterada cada aniversario de Girón, en los años siguientes.

El mercenario acusado se llamaba Ramón Calviño Insua y en el Vedado capitalino era en aquellos tiempos sinónimo de la más baja traición y felonía. Pero él no fue el primero en aparecer ante las cámaras de la televisión.

El primer miembro de la brigada invasora en declarar, según la prensa de la época, fue José Armstrong Bayona, paracaidista. “Los instructores eran (norte)americanos y algún personal latino… Las armas son de origen norteamericano”.

Le siguió Pedro de Armas, de los comandos de asalto: “Recibimos entrenamiento en Guatemala, en la finca Helvetia propiedad de Carlos Alejos (un famoso agente de la CIA)”. Su compañero de pelotón, Julio Rodríguez Montana, en cambio, fue entrenado en Luisiana, territorio estadounidense.

José Martínez Suárez, excomandante de la Guardia Rural, explicó las bases de la contratación de cada invasor: “Se pagaban 175 dólares si eras casado, 50 por el primer hijo y 25 por cada uno de los restantes, dándose el caso de que había soldados que devengaban hasta 400 dólares”. Martínez recibía, según confesión, 275 dólares.

Un clan de terratenientes era la familia Babum, que por medio no muy legales se había apoderado de tierras en la Sierra Maestra. Sus tres retoños, Santiago, Omar y Lincoln, ante una pregunta del panel, afirmaron: “Nosotros no dijimos que veníamos a recuperar lo de nosotros… En caso de que triunfáramos, quizás lo recuperaríamos… “.

Jorge King, del Batallón 2, confesó haber salido de la Isla clandestinamente, en marzo de 1960. Estaba perseguido en Cuba por asesinato y secuestro. Las autoridades de EE.UU. se negaron a extraditarlo, a pesar de las solicitudes hechas por el gobierno cubano y las pruebas presentadas.

El asesino King (a la izquierda) permanece impertérrito ante la denuncia de una de las secuestradas. En cuclillas, el popular locutor Cepero Brito. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

El asesino King (a la izquierda) permanece impertérrito ante la denuncia de una de las secuestradas. En cuclillas, el popular locutor Cepero Brito. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

“Usted pidió –le dijeron a King en la comparecencia–, que se presentara un testigo para aclarar su situación… Pues aquí está. Señora, ¿reconoce usted al prisionero?”. “Cómo no lo voy a reconocer” –ella gritó. Y narró cómo el asesino, tras haber apuñalado al soldado rebelde, lo remató en el suelo. Cuando su cómplice lo recriminó, King había respondido: “No importa, sigue”, y huyeron en el yate robado, llevando secuestrada a una familia de la zona.

Rafael Soler Puig, alias El muerto, también compareció ante la TV, como autor material del asesinato del exiliado dominicano Pipí Hernández y de otros valiosos revolucionarios. Monótono, falto de convicción y sin presentar argumentos, fue incapaz de negar su participación en estos crímenes.

La mayor expectación, sin dudas, fue la presentación, en la noche del lunes 24 de abril, de Ramón Calviño Insua. Traidor del Movimiento 26 de Julio, se le acusaba de entregar jóvenes revolucionarios a la policía batistiana, muchos de ellos posteriormente asesinados.

El dirigente obrero Octavio Louit Cabrerita, uno de los torturados por él, le refrescaba la memoria: “¿Tú no te acuerdas? Sí, que tú te subías dando brincos arriba de mí… me caías a palos. ¿No te acuerdas que me pisaste la cabeza, la cara?”.

Rogelio iglesias Pao le hacía recordar: “Tú trabajaste en los grupos nuestros del M-26-7, caíste preso en la Quinta (Estación) y vendiste tu alma a Ventura. Echaste pa’lante a todo el clandestinaje de La Habana. Después, junto con Ariel Lima, asesinaste a Morúa (Fernando Torice) frente a la ruta 1…Tú, tú participaste en la muerte de Marcelo Salado… Mataste a Machaco, a Rojito, que fueron tus compañeros”.

“Esa es la novia de Morúa –Pao le muestra a una muchacha–, que fue tu compañero. ¿Tú te acuerdas de Pilar?…”. Calviño lo niega. “Mira, a mí me cogiste presa –decía ella entre sollozos–, delante de mí mataste un hombre, que te vi… lo mataste a tiros y después te reíste de cómo se moría. En Avellaneda 106, el 6 de octubre (de 1958). A las siete de la noche”.

“¡Y dime que no! ¡Dime que no!, dime que no fue verdad que, después que mataste a Morúa, a los nueve días, me cogiste presa y te sentaste a contarme cómo lo habías matado. ¡Dime que no! ¡Dímelo, Calviño! ¡Dime que no! ¡Dime que no, Calviño!”.

“No puedo contestarle”, fue lo único que él dijo.

Meses después, los mercenarios fueron sometidos a juicio. Sancionados a penas de cárcel, se les canjeó por compotas en 1962. Excepto a Calviño, King y Soler Puig, a quienes se les aplicó la pena capital.


Pedro Antonio García

 
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