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Publicado el 10 Junio, 2020 por Rafael Pérez en Historia
 
 

El tiro por la culata: Cerro Pelado

Estados Unidos trató de impedir la participación de Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan 1966, pero...

Este trabajo fue originalmente publicado en junio de 2016, con motivo el aniversario 50 de la hazaña deportiva cubana a bordo del buque Cerro Pelado; entonces apareció en nuestro espacio destinado al Deporte, ahora lo traemos de nuevo como página en la historia de la invencible lucha y de victorias de nuestro pueblo antre las agresiones del imperio. Disfrútenlo  

 

Desde triunfo de 1959 Fidel atiende sistemáticamente al deporte, como derecho del pueblo, y cuando en 1966 se quiso impedir la presencia de Cuba en los Centroamericanos, se puso a disposición de los deportistas el buque Cerro Pelado para que se trasladaran a Puerto Rico. En 1991, a propósito de la histórica victoria de Cuba en el medallero de los Juegos Panamericanos de La Habana, el Comandante en Jefe (en la foto) dialoga con la delegación cubana. Un año más tarde la Isla se alza con el quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Barcelona. (Autor no identificado).

 

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Hay sucesos que no debemos dejar empolvar. Y la verdad es que con este no ocurre. Por estos días se han cumplido 50 años de aquellos hechos inolvidables.

Se trata de los X Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan (Puerto Rico) 1966, celebrados del 11 al 25 de junio. Como muchos conocen, Estados Unidos intentó impedir la participación de Cuba, en una violación incluso de los derechos reflejados en la Carta Olímpica y pisoteando de paso la voluntad de dirigentes puertorriqueños.

Fidel, en alta mar, empapado, sube al barco Ce-rro Pelado, cuando traía de regreso a nuestros deportistas. (Archivo de BOHEMIA)

Fidel, en alta mar, empapado, sube al barco Cerro Pelado, cuando traía de regreso a nuestros deportistas. (Archivo de BOHEMIA)

Lo evitó todo el apoyo del deporte internacional y una estrategia demoledora de Fidel. La delegación cubana, que no había sido autorizada a participar en la justa, partió desde el puerto de Santiago de Cuba, a bordo del buque Cerro Pelado. En algunos momentos hubo aviones yanquis sobrevolándolo, incluso lanzando proclamas ofensivas. Y lanchas torpederas navegando a su alrededor.

El Cerro Pelado se vio obligado a detenerse a tres millas de la costa puertorriqueña. En él los atletas cubanos, derrochando voluntad, y patriotismo, realizaron sesiones de entrenamiento sin las condiciones adecuadas. Hay un documental en que se les ve corriendo, impulsando la bala… preparándose para competir. Bajando con mucha dificultad (existía una especie de jaula metálica para protección), hacia una embarcación que los llevaría a tierra. Allá hubo también provocaciones de contrarrevolucionarios, pero el tiro les salió por la culata frente a muchísima solidaridad y muestras de aprecio.

Cuando reuníamos el material para escribir este trabajo en las páginas de BOHEMIA tuvimos la oportunidad de hablar con dos miembros de aquella delegación: el velocista Enrique Figuerola, y la saltadora de altura Irene Esther Ruiz Narváez, quienes compartieron a golpe de memoria sus recuerdos.

Era famoso

Enrique Figuerola, abanderado de aquella dele-gación de la dignidad.

Enrique Figuerola, abanderado de aquella dele-gación de la dignidad. (Archivo de BOHEMIA)

Cuando llegó a la sede ya Figuerola había tenido el honor de ganar plata en los 100 metros planos de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, primera medalla del deporte cubano tras el triunfo de la Revolución. En San Juan fue el abanderado de la delegación, logró oro en los 100, y bronce en los 200 y en el relevo 4×100, junto a Félix Eugellés, Juan Morales y Manuel Montalvo.

“San Juan 1966 tuvo una gran importancia para Cuba y todo el movimiento deportivo. Y es que fracasaron todas las maniobras de Estados Unidos para impedir la participación de nuestro país. La estrategia de Cuba, y sus resultados, representó un antes y un después para estos eventos. Ganamos el derecho, tanto en ese caso como en otros posteriores, de poder participar legítimamente. Cuba, con su entereza, mostró su pujanza”.

El velocista recordó un elemento decisivo: la Carta Olímpica muestra que no puede haber discriminación alguna relacionada con la participación de los países en las competencias.

Figuerola, quien hizo para entrenarse sobre el barco Cerro Pelado carreras de 30 a 40 metros, aportó otro elemento: “Allí se hizo evidente también que Cuba tenía una política en el desarrollo del deporte desde la base, en la atención a la salud del pueblo desde el punto de vista físico y mental”, agregó.

Entonces se emocionó más al rememorar: “Al regreso, en alta mar, ocurrió algo grandioso e inesperado. El Comandante en Jefe subió al Cerro Pelado, compartió con la delegación, felicitó por la entrega, el esfuerzo, la consagración, la dignidad que mostró la delegación. Llegamos por Santiago de Cuba. Y nos trasladamos por tren hasta La Habana. En cada provincia el pueblo nos expresaba su reconocimiento”.

Dos hechos que marcan mi vida

Irene Ruiz: “La historia del Cerro Pelado hay que mantenerla viva”. (foto: CORTESIA DE LA ENTREVISTADA)

Irene Ruiz: “La historia del Cerro Pelado hay que mantenerla viva”. (Foto: CORTESIA DE LA ENTREVISTADA)

Irene Esther Ruiz Narváez, Licenciada en Ciencias Sociales, comunicadora, con muchos años de trabajo en la televisión, no pudo alcanzar medalla. Pero tampoco olvidemos que estaba doblemente lesionada, y que poco antes había recibido… ¡19 puntos de sutura en un pie!

Se mostró un poco sorprendida, con modestia, de que intentáramos entrevistarla: “Es verdad que me consideran Gloria Deportiva, por ser integrante de aquella delegación. Pero hay un libro sobre la participación cubana en Juegos Olímpicos que se titula Famosos y desconocidos. Yo soy de la categoría de los desconocidos”. Pero a continuación, quizás sin darse cuenta, nos da la razón: “Hay dos hechos que marcaron mi vida. Uno es haber participado en la Campaña de Alfabetización, siendo una joven estudiante de la Universidad. El otro fueron los juegos de San Juan”.

Y enseguida aportó más: “Ahora tuvimos, como es habitual, una actividad para recordarlos. Estuvo bien interesante. Y no solo porque permite el reencuentro de compañeros que no nos vemos con frecuencia, a veces solo en aniversarios redondos. Yo pedí la palabra: planteé que eran muy buenos esos encuentros. Entonces había una situación de Guerra Fría. Aquella historia continúa siendo una historia presente”.

Ruiz considera que la vida de ellos continuó, y siguieron el compromiso ante Fidel, y José Llanusa, entonces presidente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder).

“La historia del Cerro Pelado hay que mantenerla viva, no puede quedar olvidada. Se viven otros tiempos, quizás no puede exigírseles a los jóvenes como a nosotros, pero hay que incentivarlos. Se llegó a decir entonces que el comunismo amenazaba a Puerto Rico. El intento de que no participáramos iba en contra de las reglas del Comité Olímpico. El Cerro Pelado fue una estrategia espectacular de Fidel y de nuestros dirigentes”.

Las adversidades le salieron al paso a Ruiz: en el estadio universitario Juan Abrantes se clavó ella misma los pinchos de un pie en el otro. A continuación vino una segunda lesión: “La atleta que se ve en el documental, estirando una de las piernas, soy yo”. No fue todo: el médico que le iba a inyectar un fuerte analgésico antes de la competencia tuvo que ocuparse de otra tarea.

El salto de altura en San Juan, por cierto, fue ganado por la barbadense Patsy Callender (1.65 metros), seguida de las cubanas Hilda Fabré (1.60) y Julia Pérez (1.55).

Es también vicepresidenta del Equipo Nacional de Historia del Deporte. Una de sus áreas de trabajo fundamentales ha sido como investigadora del atletismo, en este caso del aporte de nuestras mujeres, en un tema que ha nombrado El deporte rey tiene su reina.

¿En las competencias?

México, como era tradición hasta ese momento, terminó en la cima de la tabla de medallas, pero… ¡con solo tres más de oro que Cuba! Vamos a recordar, por su interés, los acumulados: 38-23-22=83, por 35-19-24=78. Los boricuas quedaron terceros: 27-27-29=83.

En esa cosecha de los anfitriones tuvo un peso extraordinario la nadadora Ann Lallande, quien subió 10 veces a lo más alto del podio y fue la indiscutible reina de la justa. Hubo destaques para el saltador de altura guatemalteco Teodoro Flores, con su tercera corona seguida. Los hermanos puertorriqueños Rolando y Rubén Cruz, conquistaron oro y plata en salto con pértiga, también por tercera vez consecutiva.

Los cubanos brillaron en el atletismo, con 9-14-16=39. El éxito lo vivieron también en beisbol, esgrima, lucha, polo acuático, y voleibol (en uno y otro sexo). ¡Eran ya evidentes los progresos!

San Juan 1966, con aquellas páginas que no debemos permitir que se empolven, constituyó también un trampolín deportivo. Cuatro años después, en Panamá, Cuba pasó, hasta nuestros días, al primer lugar de la tabla de medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe. Los de 1970 fueron bautizados como “los Juegos de Cuba” (ganamos 98 medallas de oro… 60 más que México). Sí: ¡Eran muy evidentes los progresos! Y allí estaba el recuerdo del Cerro Pelado.

 


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez