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Publicado el 9 Julio, 2020 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

Releyendo a Martí

Principios éticos siempre vigentes
Para Martí, la humanidad se dividía entre los que aman y construyen y los que odian y destruyen. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Para Martí, la humanidad se dividía entre los que aman y construyen y los que odian y destruyen. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por JESÚS ACHÓN CHAO *

La COVID-19 constituye el reto más grande de la humanidad en este momento, como un nuevo gigante de las siete leguas no respeta fronteras, sistemas políticos ni creencias filosóficas o religiosas y su avance mortal ya lo convierte en un serio problema global.

La humanidad tiene el urgente deber de librar una batalla por la vida y hasta tanto no se descubra una vacuna hacer todo lo posible para detener la trasmisión del virus, atender a los enfermos y proteger a los no contagiados.

¿Cómo librar esta batalla? La ONU y sus instituciones especializadas en los temas de salud han formulado un llamamiento para proceder de forma global, mancomunada y solidaria, por lo que es necesario eliminar o dejar a un lado las discrepancias y conflictos políticos y demás obstáculos que puedan comprometer tal empeño.

Desgraciadamente no todos piensan así, el desempeño político de algunos gobiernos desconoce ese llamamiento y hacen todo lo contrario. ¿Por qué esas diferencias en el modo de pensar y actuar?

Hay una sentencia martiana que responde esa interrogante. “El deber es absoluto; pero la política es relativa” (OC, tomo 12, pág. 57). Y es necesario detenerse en otra idea suya: ¡Humanidad, más que política!

En ambos pronunciamientos se aprecia la división de los hombres en dos bandos: los buenos que aman y construyen y los malos que odian y destruyen. Los primeros mantienen una actitud desinteresada y solidaria, dispuestos a marchar al combate “unidos, apretados como la plata en las raíces de los Andes” (CM III, pág. 122), en ellos va la esperanza del mundo. Los segundos son interesados, egoístas cuya motivación principal es la riqueza y el poder y en algunos casos el servilismo hacia sus amos.

Los primeros, aún sin proponérselo reciben la admiración, el respeto y las simpatías de una humanidad agradecida. A los segundos, las siguientes palabras de Martí deben hacerlos reflexionar en el presente y el futuro: “El egoísmo es la mancha del mundo y el desinterés su sol. El desinterés es lo más bello de la vida y el interés es su fealdad” (OC tomo 2, pág. 200).

Una hora de virtud, como decía el Maestro, “da a los hombres más fama y alegría que la posesión costosa, y casi siempre culpable, de la riqueza”. La Historia –como siempre el Apóstol reiteraba– “salda estas cuentas consagrando a los que lidian por el hombre y olvidando a los que lidian por el poder”.

  • Profesor de Historia de Cuba en la Universidad de La Habana

Redaccion Cultura e Historia