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Publicado el 5 Octubre, 2020 por Prensa Latina en Historia
 
 

6 de octubre de 1976

Barbados, el crimen atroz que duele en la memoria

El CUT-1201, fuera de control, empinó bruscamente su nariz como si se negara a aceptar lo inevitable antes de penetrar en las profundidades del mar

Por Frank González García*

Cuba, crimen de Barbados

Fotos en Prensa Latina

Prensa Latina estableció su oficina en Jamaica en 1974, en medio del proceso de cambios iniciado dos años antes en ese país, con la llegada al Gobierno del Partido Nacional Popular (PNP) encabezado por el entonces primer ministro Michael Manley.

Como jefe de la corresponsalía fue designado el periodista congolés Godefroid Tchamlesso, colaborador del Che en la guerrilla africana, a quien me unía una sincera amistad desde la etapa estudiantil en la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, donde fuimos compañeros de clase y graduación.

Tcham, como lo llamábamos afectuosamente, frisaba los 40 años y tenía experiencia en asuntos internacionales, dominaba el español, el inglés y el francés, además del swahili, su lengua natal.

Con esas credenciales, se convirtió rápidamente en un conocedor, no solo de Jamaica, sino también del resto del Caribe anglófono, hasta donde se extendía la cobertura de PL-Kingston, con enviados especiales y el seguimiento informativo diario a través del servicio cablegráfico de la agencia de noticias caribeña CANA.

En la medida en que el trabajo de la oficina se hizo más intenso, fue necesaria la presencia de un segundo corresponsal, condición en la cual permanecí en la capital jamaicana desde el 25 de noviembre de 1975 hasta el 12 de agosto de 1981.

En la isla se vivía un ambiente de creciente efervescencia política como resultado de las transformaciones sociales impulsadas por las fuerzas progresistas.

Ataques de grupos terroristas

Manley y su Gobierno devinieron blanco de ataques de los grupos terroristas de origen cubano, autores de una ola de atentados dinamiteros en varios países de la región.

El 9 de julio de 1976 la terminal aérea internacional Norman Manley fue sacudida por la explosión de una bomba enmascarada en el equipaje de los pasajeros que debían tomar el vuelo CU-455 de Cubana de Aviación con destino a La Habana.

Un retraso imprevisto en el arribo del avión procedente de Barbados evitó que la detonación se produjera tras el despegue de la aeronave en el trayecto hacia la capital cubana.

El estallido de aquel artefacto dinamitero fue el preludio de otro atentado terrorista perpetrado en Barbados el 6 de octubre de ese año, contra un DC-8 de Cubana de Aviación que cubría la misma ruta.

El trabajo de la corresponsalía transcurría ese día como de costumbre, cuando alrededor de las dos de la tarde conocí a través de un colega jamaicano la caída al mar de la aeronave.

Unas cuatro horas después, partí hacia Bridgetown junto a los compañeros Abdo Soto, consejero comercial de la embajada de Cuba en Jamaica, como funcionario diplomático acreditado ante las autoridades barbadenses, y Raúl Pérez Miyares, representante de Cubana de Aviación en Kingston.

En Barbados

En el vuelo de unas tres horas, especulábamos sobre las causas del desastre, incluyendo un posible acto terrorista. Tratábamos de imaginarnos la situación en el aeropuerto internacional Grantley Adams, donde nos esperaban funcionarios del Gobierno de Barbados y Eliseo Matos, representante de Cubana en ese país.

Para facilitarme el acceso a la información, Soto me pidió que no revelara de entrada mi condición de periodista y lo dejara presentarme como miembro de la delegación. Así fue que pude subir, junto al resto del grupo, a la torre de control donde escuchamos la grabación con el escalofriante llamado de auxilio del capitán Wilfredo Pérez a las 13:24 hora local: ‘? Tenemos una explosión a bordo, estamos descendiendo inmediatamente? Tenemos fuego a bordo’.

El piloto hacía lo imposible para mantener en el aire al DC-8 a pesar del boquete abierto en su fuselaje por la detonación. Su propósito era retornar cuanto antes al lugar de donde había partido, hacía unos 10 minutos, con otros 56 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos.

‘Felo, pégate al agua’
Las autoridades aeroportuarias autorizaron el aterrizaje y pusieron en marcha los mecanismos de emergencia para situaciones de esa naturaleza. La distancia entre la nave y la pista se acortaba cuando a las 13:25 se produjo otro estallido y el llamado desesperado del copiloto a su jefe, a quien advertía: ‘eso es peor, pégate al agua Felo, pégate al agua’.

A partir de ese momento todo esfuerzo fue inútil y el CUT-1201, fuera de control, empinó bruscamente su nariz como si se negara a aceptar lo inevitable antes de penetrar en las profundidades del mar.

Al menos así me lo contó al día siguiente un salvavidas en la playa Paraíso, próxima al lugar del siniestro, a quien le llamó la atención el avión por el rápido descenso y la estela de humo que emanaba de su fuselaje.

El atentado terrorista conmocionó a los barbadenses quienes, con su proverbial hospitalidad, nos manifestaban constantemente su solidaridad y nos colmaban de atenciones para facilitar nuestro trabajo en momentos de tanta amargura.

La pequeña isla caribeña, conocida mundialmente por sus atractivos como destino turístico, se convirtió súbitamente en el escenario de uno de los crímenes más atroces en la historia de la aeronáutica civil contra un avión comercial en pleno vuelo.

Los criminales

Mientras esto sucedía en Barbados, las autoridades policiales de la vecina Trinidad y Tobago interrogaban a los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, quienes confesaron ser los autores materiales del hecho cumpliendo órdenes de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila.

Ricardo trabajaba en una agencia privada de seguridad propiedad de Posada en Caracas y Lugo se dedicaba a la fotografía.

Con los vuelos 454 y 455, respectivamente, Cubana de Aviación cubría la ruta de ida y regreso La Habana-Kingston-Bridgetown-Puerto España-Georgetown, con una frecuencia semanal primero y quincenal después.

Aquel 6 de octubre de 1976 el vuelo partió de Georgetown y a las 11:03 arribó a Puerto España, donde los victimarios aguardaban su presa con sendas cargas del explosivo C-4 camufladas en un tubo de pasta dental y en una cámara fotográfica.

Alrededor de una hora después, el CU-455 despegó con rumbo a Barbados. Hernán Ricardo viajaba con un pasaporte falso a nombre de José Vázquez García y Freddy Lugo lo hacía con el suyo. Ambos se ubicaron en la sección central de la cabina de pasajeros, donde colocaron una de las cargas y la otra en el baño trasero.

Al llegar a Bridgetown se hospedaron en un hotel desde donde llamaron a Caracas para informar a Posada y a Bosch los resultados de la operación. Poco antes de la medianoche abordaron un vuelo de la aerolínea BWIA para regresar a Puerto España, donde fueron arrestados.

Una semana después, Posada y Bosch fueron detenidos en la capital venezolana, donde los cuatro fueron sometidos a un prolongado y tortuoso proceso judicial, en el cual Ricardo y Lugo fueron condenados a 20 años de prisión el 8 de agosto de 1985.

Bosch fue absuelto y puesto en libertad en 1987, a pesar de las evidencias en su contra, y con la complicidad de la mafia cubano-americana y figuras de la ultraderecha política estadounidense se radicó en Miami.

En 1990, el entonces presidente George Bush padre eximió a Bosch de todos los cargos relacionados con el sistema judicial de Estados Unidos y de hecho autorizó su permanencia en ese país, a pesar de su abultado expediente de acciones terroristas dentro y fuera del territorio norteamericano.
Bosch y Posada, soldados del imperio y por su gracia, mueren sin pagar su crimen
Terrorismo contra Cuba: Crimen de Barbados, impune. (Foto: Radio Cadena Agramonte)

Terrorismo contra Cuba: Crimen de Barbados, impune. (Foto: Radio Cadena Agramonte)

Posada escapó de una prisión venezolana el 18 de agosto de 1985 con el apoyo de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), antes del veredicto judicial, y reapareció poco después en El Salvador al servicio del gobierno de Estados Unidos en el tráfico de drogas para el suministro de armas a la contra nicaragüense.

A partir de ahí continuó su larga historia de acciones terroristas, incluyendo la contratación de mercenarios para la colocación de bombas en instalaciones turísticas cubanas, una de las cuales causó la muerte al turista italiano Fabio Di Celmo.

El 17 de noviembre de 2000 fue detenido en Panamá, junto a otros tres terroristas de origen cubano, cuando se disponía a realizar un atentado con explosivos contra el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, durante su participación en la Cumbre Iberoamericana efectuada en ese país.

Orlando Bosch Ávila falleció en Miami el 27 de abril de 2011 y Luis Posada Carriles reside en esa ciudad floridana, donde disfruta de total impunidad al amparo de las autoridades estadounidenses, a pesar del pedido de extradición del actual gobierno venezolano.

*Tomado del libro Periodismo: Riesgos y Peligros


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