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Publicado el 8 Octubre, 2020 por María de las Nieves Galá León en Historia
 
 

Yo fui amigo del Che

El desaparecido general de brigada Harry Villegas Tamayo, más conocido como Pombo, siempre mostró admiración, respeto y cariño por el Comandante Ernesto Guevara.

Pombo sobre Che Guevara. general de brigada Harry Villegas Tamayo

Por MARIA DE LAS NIEVES GALÁ

Para el Comandante Ernesto Che Guevara la lealtad a los principios, a la Revolución, y muy especialmente al Comandante en Jefe Fidel Castro, tenían un lugar predilecto en su concepción de revolucionario.

Así nos manifestó hace años, durante una entrevista, el desaparecido general de brigada Harry Villegas Tamayo, más conocido como Pombo. De origen campesino, se incorporó muy joven al Ejército Rebelde; subordinado al Che Guevara, participó en múltiples combates, formó parte de la invasión de Oriente a Occidente, luchó en el Congo y en Bolivia.

Fue en noviembre de 1957 que Villegas conoció al mítico argentino. Formaba parte de un grupo que aspiraba incorporarse a luchar contra el gobierno del dictador Fulgencio Batista.

“Venía montado sobre su mulo, con su gorra de lado, desgarbado. Nos miró y le preguntó al chino Figueredo quiénes éramos y qué hacíamos”, recordó.

“Le dijimos que veníamos a combatir. Él inquirió con qué contábamos. Yo le mostré un fusilito 22 y un ‘revolvito’ muy antiguo. Se echó a reír y nos increpó. ‘¡Con eso ustedes piensan derrocar a Batista!’ Ahí nos propuso que fuéramos para nuestro pueblo (Yara), donde había muchos soldados, cogiéramos a uno y lo desarmáramos. Así entonces estaríamos en mejores condiciones para la pelea.”

Hombre sencillo, que jamás perdió sus raíces de pueblo, Pombo siempre mostró su admiración, respeto y cariño por quien se convirtió en casi un padre para él.    Era muy joven cuando llegó a las tropas del Guerrillero Heroico. En la Escuela de Minas de Frío probó el rigor de la preparación militar. “El Che era un hombre que sabía lo que quería, aspiraba a tener en su tropa a la gente más decidida”, apuntó.

Las indisciplinas no eran toleradas por Guevara. “En una oportunidad, durante la invasión a Villa Clara, específicamente en Manacas, él estaba sentado sobre una mesa, en la cual había un revolver. Sin más ni más, yo lo cogí, me paré en una ventana y disparé hacia un árbol. Me preguntó qué había sucedido. Le contesté: nada, disparé hacia la mata y ni le di. Rápido, él dijo: ‘Bien compañerito, por ser tan indisciplinado y, además, mal tirador, estarás castigado tres días sin comer’.

“Por la noche, mis compañeros, a escondidas, me daban comida. Él se dio cuenta y al tercer día expresó que me preparara pues lo iba a acompañar. Le comenté que estaba muy débil, pero él como si no me oyera. Salimos, Che a caballo y yo a pie. Llegamos a casa de un guajiro que lo había invitado a comer. Recuerdo que sobre la mesa había un arroz con pollo, que me aguó la boca. Todos nos sentamos y yo con el plato delante sin probar un bocado. Le propuse al campesino que estaba a mi lado que le preguntara al Che por qué yo no comía. Él respondió: ‘boca tiene y comida también. No hay nada que lo impida, será un problema de conciencia’. Por supuesto, me quedé sin comer, aún no había terminado mi tercer día de castigo.”

En otra ocasión, el Comandante sería menos severo. “Fue algo simpático. Estábamos en Santa Clara y se me perdió un caballo, era de color canela con un lunar en la cabeza, lo llamábamos Ricardito. Salimos a buscarlo y encontramos uno similar, casi idéntico. El Che lo cogió, miró bien al caballo; pero no dijo nada. Después apareció Ricardito. Expresó que nos quería permitir el lujo de creer que lo habíamos engañado. Se había dado cuenta de que el caballo no trotaba igual. Ese día nos abrazó a todos con cariño, aunque nos dijo: ‘no me hagan más eso, ustedes saben cómo soy yo y van a sufrir un castigo fuerte’”.

Según contó Villegas en su libro Pombo, un hombre de la guerrilla del Che, cuando el 10 de octubre de 1967 conoció a través de la radio de la Quebrada del Yuro de la muerte del Comandante Guevara, se le escaparon las lágrimas y comprendió más que nunca que el Che había sido para él como un padre.

Para Villegas, ese sentimiento nació en el quehacer cotidiano, “en todo el tiempo que estuve a su lado, en todas las medidas educativas que tomó y en todas las consideraciones que siempre manifestó hacia nosotros. Creo que en todo el vínculo que tuve, yo fui amigo del Che”.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León