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Publicado el 25 Noviembre, 2020 por Prensa Latina en Historia
 
 

LA HABANA, 5 DE AGOSTO DE 1994

Fidel en primera fila

Testimonio de quien, por pertenecer a la escolta del máximo líder de la Revolución, estuvo a su lado durante los disturbios de antisociales

Por ELVIN J. FONTAINE ORTIZ*

Fotos: Estudios Revolución

Fidel baja del yipi en Prado y Colón y camina hacia La Punta.

Fidel baja del yipi en Prado y Colón y camina hacia La Punta.

El viernes 5 de agosto de 1994 todo parecía normal en la unidad de la Escolta del Comandante en Jefe. Después de almuerzo vimos el noticiero y algunos se acostaron a descansar un rato. El jefe, el entonces coronel José Delgado Castro, entró al dormitorio y puso de pie al personal porque se habían producido algunos desórdenes en la zona de Malecón y era seguro que fuéramos hacia allá. Poco después salimos para el Palacio de la Revolución.

A las cinco y trece de la tarde el Comandante en Jefe Fidel Castro bajó al sótano del Consejo de Estado donde estaban los vehículos y se reunió con el grupo de trabajo. Todos nos acercamos a escuchar sus órdenes. Con voz calmada y precisa él preguntó:

–¿Cuántos somos?

No hubo una respuesta inmediata y entonces ordenó:

–Que nadie dispare un tiro si yo no doy una orden, cualesquiera que sean las circunstancias, aunque tiren piedras… Si diera una orden, se trasmitiría a través del walkie talkie.

Esa misma noche durante un programa televisivo, agregó que nunca la daría.

El jefe de la escolta le dijo al Comandante que ya el personal tenía información de los sucesos que se estaban produciendo. Efectivamente, en horas de la tarde, en una reunión con el grupo de trabajo, se informó que grupos antisociales y contrarrevolucionarios se habían lanzado por las calles San Lázaro, Galiano, Malecón y vías cercanas. Habían atacado con piedras el hotel Deauville, rompieron vidrieras, crearon desórdenes, asaltaron tiendas en divisas y habían herido a compañeros de la Policía y otras personas.

Dos minutos después, el Comandante en Jefe salió en el yipi, seguido por los dos de la escolta, y tomó por la avenida Paseo, calle 15, 10 y entró al puesto de mando en la calle 11. Allí se informó sobre los últimos incidentes en Malecón. Después partió hacia la calle M y continuó hasta San Lázaro.

Hacia el lugar de los disturbios

Todos íbamos en alerta máxima y cuando sobrepasamos el semáforo de Marina sentimos una explosión. Como iba en el asiento lateral izquierdo, mirando hacia la parte derecha, vi que un ciclista le echaba aire a una goma, pero se quedó mirando hacia los yipis y se explotó el neumático. Algunos pensaron en un tiro y alerté a los demás de qué se trataba.

Momento en el que el Comandante en Jefe dialoga con la prensa.

Momento en el que el Comandante en Jefe dialoga con la prensa.

Observamos grupos de personas que se movían en todas direcciones. Unos eran los revolucionarios que acudieron a la zona y otros eran los antisociales que habían salido a la calle.

Seguimos por Colón y cerca del Paseo del Prado se nos unió el joven periodista Luis Báez Delgado, quien iba delante sudoroso, con la camisa abierta, gritando consignas revolucionarias y dando vivas a Fidel y la Revolución. Días después, escribió una crónica donde hizo referencia a los escoltas. Ya en Prado, el Comandante le dijo al chofer, teniente coronel Ángel Figueroa Peraza, que detuviera el vehículo para evitar una lesión a cualquier persona.

Allí se nos unieron Conrado Martínez Corona, José Miyar Barrueco Chomy, el doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad, quien dijo: “¡Maceo vuelve a la carga en estas jornadas gloriosas de agosto!”. Se incorporaron grupos de la Unión de Jóvenes Comunistas y de los batallones de respuesta rápida y el pueblo gritando Viva Fidel. Juan Contino Aslán, secretario de la UJC, le informó al Comandante que estaban apoyando y Luisito Báez le explicó la situación reinante. En Prado Fidel conversó con un periodista de la televisión y otros sobre el tema de los secuestros de embarcaciones y el apoyo de Estados Unidos a estas salidas ilícitas.

Fidel junto al pueblo neutralizó a los que antes gritaban y cometían actos hostiles. Pero un revolucionario alertó a uno de los choferes de la escolta: “Tengan cuidado porque algunos de los que tiraron piedras se han unido al pueblo y gritan consignas revolucionarias”. Seguimos a pie hasta la explanada de La Punta, donde la multitud rodeó a Fidel, quien antes de abordar el yipi, impartió instrucciones para que Eusebio Leal y Luisito Báez montaran en el yipi de la escolta.

Recorrido por el Malecón

El Comandante en Jefe fue a pie desde Prado y Colón hasta el Castillo de la Punta. El resto del recorrido lo hizo montado en yipi, seguido a pie por su escolta y otros compañeros. No caminó como se ha dicho impropiamente.

El líder de la Revolución avanza por la avenida del Malecón rodeado de sus escoltas y el pueblo.

El líder de la Revolución avanza por la avenida del Malecón rodeado de sus escoltas y el pueblo.

A las seis de la tarde partimos en los vehículos, pero la escolta, los miembros de los Grupos operativos de la Dirección de Seguridad Personal y otros del pueblo, lo seguían al lado de los yipis en una carrera maratónica sin precedentes hasta la calle Galiano, frente al hotel Deauville, donde nos detuvimos.

El Comandante dialogó con las personas. Le mostraron los daños al inmueble apedreado por los antisociales. Los trabajadores fueron los primeros en responder a la agresión. Fidel habló con un periodista de Radio Rebelde unos minutos. Departió con Armando Hart, Jorge Lezcano, algunos cuadros del Partido municipal y otros compañeros de la Policía. Saludó a los obreros del contingente Blas Roca, quienes fueron en los camiones del trabajo en función de batallones de respuesta rápida, y al pueblo de los alrededores. Todo el mundo estaba muy entusiasmado por la llegada del Comandante al lugar de los disturbios. Se escuchaban consignas revolucionarias.

Diez minutos después, volvió a tomar el yipi con sus acompañantes y continuó por Malecón. Los combatientes de la escolta, de la Seguridad Personal y otros miembros del Minint, junto al pueblo, corrían al lado de los yipis. La segunda parada fue en Malecón y Belascoaín frente al parque Maceo, donde Fidel saludó a un grupo de personas que se encontraban sobre carros y camiones de la Brigada Especial de la PNR. Se bajó, saludó a la multitud e hizo algunas preguntas sobre el incidente, que el pueblo le aclaró.

Ya el sudor cubría las ropas y las gorras de los combatientes que protegían al vehículo donde iba el Comandante. Cinco minutos después proseguimos por Malecón la acelerada marcha, que en algunos tramos se convirtió en carrera, y el pueblo continuaba corriendo junto a nosotros gritando consignas revolucionarias y dando vivas a Fidel y la Revolución.

Una vez más en la jornada, Fidel baja del yipi y conversa con las personas allí congregadas.

Una vez más en la jornada, Fidel baja del yipi y conversa con las personas allí congregadas.

La tercera parada fue en Malecón y 25. Una multitud gritaba consignas revolucionarias, gente del pueblo y de los batallones de respuesta rápida. Allí también saludó a Ricardo Cabrisas, entre otros presentes. A las seis y veinte continuó la marcha hasta tomar la calle 23. Desde las aceras de ambos lados, la muchedumbre lo aplaudía. Seguimos hasta el Ministerio del Interior, en la Plaza de la Revolución, donde llegamos a las seis y veinticinco.

En el edificio A el Comandante se reunió en el despacho del ministro del Interior con un numeroso grupo de dirigentes, jefes y oficiales del Minint y las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Presentes estaban el general de ejército Raúl Castro, Abelardo Colomé y Carlos Fernández Gondín, ministro y viceministro del Minint respectivamente, entre otros.

El profesor Eugenio Selman indicó que los compañeros de la escolta tomaran pequeños buches de agua hasta hidratarse poco a poco. A muchos se les habían mojado de sudor las medias, los calzoncillos y hasta las gorras por la carrera realizada.

Esa noche el Comandante visitó el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), donde compareció ante el programa Hoy Mismo. Lo recibieron José R. Balaguer y los periodistas Rosalía Arnáez, Luis Báez Delgado, Susana Lee, Arleen Rodríguez y Héctor Rodríguez, quien actuó como moderador. A las nueve de la noche comenzó el diálogo con los representantes de la prensa que abordó los últimos sucesos, el secuestro de personas, los robos de la lancha de Regla y un remolcador. Se destacó la actitud del Gobierno de Estados Unidos, y su complicidad y apoyo a tales hechos.

Lo acontecido ese 5 de agosto no cumplió los objetivos trazados por Washington, pues lejos de desestabilizar al país, se convirtió en una manifestación de apoyo a la Revolución y al Comandante en Jefe.

*Teniente coronel ®, licenciado en Periodismo. El texto ha sido tomado del libro en preparación Crónicas junto a Fidel.


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