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Publicado el 7 Abril, 2017 por Delia Reyes Garcia en Medio ambiente
 
 

TERREMOTOS

Sacudidas impredecibles

De ciertas incógnitas, técnicas de pronósticos y características de la sismicidad, opina el doctor en Ciencias Bladimir Moreno Toirán
Lo que hacemos son pronósticos de probabilidades y en nuestro caso el método más empleado es el estudio de la actividad sísmica, explica Bladimir Moreno Toirán. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Lo que hacemos son pronósticos de probabilidades y en nuestro caso el método más empleado es el estudio de la actividad sísmica, explica Bladimir Moreno Toirán. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Por DELIA REYES GARCÍA

¿Por qué el 17 de enero de 2017, en horas de la madrugada, se repite un terremoto en Santiago de Cuba, justo un año después? El doctor en Ciencias Bladimir Moreno Toirán, encoge los hombros y piensa su respuesta. “Puede ser una coincidencia, aunque también es posible que exista algún tipo de influencia externa sin investigar todavía”, afirma el también director del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

En Cuba se registran como promedio cada año una veintena de terremotos perceptibles, la mayoría en el oriente del país. Su recurrencia, sobre todo entre enero y febrero, sigue siendo un enigma.

El catálogo histórico de la sismicidad en el país, señala el especialista, registra 28 sismos de alta intensidad, de los cuales nueve han ocurrido entre esos meses. Pudiera influir algo más, por ejemplo la fuerza gravitacional que ejerce la Luna sobre la Tierra. Esta provoca deformaciones en la corteza terrestre, alteraciones milimétricas, igual que en el mar.

Cuando se agita la corteza por esta fuerza se puede catalizar un terremoto –que de todas formas iría a ocurrir–, pues la litosfera (capa externa y rígida de la Tierra, de profundidad variable entre unos 10 y 50 kilómetros) está cubierta por placas tectónicas que se mueven y provocan deformaciones constantemente.

“Los sismos pueden acelerarse ante perturbaciones similares en áreas geográficas cercanas o fenómenos externos como huracanes, por ejemplo. Por eso es muy difícil establecer un período exacto de recurrencia”, reconoce Moreno.

Si bien el terremoto del pasado 17 de enero, con magnitud de 5.8 en la escala de Richter, no fue provocado por otro en la región caribeña, sostiene el investigador que cualquier evento de magnitud mayor, entre siete u ocho, en otra parte del mundo, pudo haber acelerado su tiempo de ocurrencia.

Este que sacudió el suroeste oriental ocurrió lejos de la costa y a 92 kilómetros de Santiago de Cuba. La distancia marca la diferencia en cuanto a los daños que provoca un sismo, aunque también incide el patrón de radiación, aclara Moreno.

Los instrumentos de medición detectaban en el oriente actividad sísmica en la estación de Chivirico. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Los instrumentos de medición detectaban en el oriente actividad sísmica en la estación de Chivirico. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

El entrevistado agrega que muchas veces, poblados cercanos reportan menor percepción. “Por ejemplo, en el de enero, El Uvero, a 30 kilómetros de Santiago de Cuba, sintió menos los efectos que el municipio de Bartolomé Masó, a 50. Sucedió así porque el patrón de radiación de las ondas, que no es homogéneo, fue mayor en la segunda dirección. Por eso hubo casas afectadas y quedaron inhabitables en Bartolomé Masó, principalmente en las localidades de Providencia y Las Mercedes.

“En el municipio cabecera, Santiago de Cuba, solo se sintió una débil sacudida porque las ondas de alta frecuencia pasan muy rápido, a diferencia de las de baja frecuencia, que duran más. Con las últimas se siente un balanceo suave, más perceptible en edificaciones altas. Si es un movimiento tenue, entonces el terremoto está lejano.

“La percepción de la duración del evento depende de la distancia en que esté ubicado el observador y de las condiciones geotécnicas del suelo; si es rocoso atenúa las ondas sísmicas y el tiempo resulta menor, y en el saturado en agua las amplifica con mayor persistencia. La duración del sismo es directamente proporcional a su magnitud: mientras más fuerte, más largo, porque ocurre un proceso de ruptura en un área, no en un punto específico. Uno de magnitud siete puede llegar a romper 60 kilómetros a lo largo de una falla, mientras uno de cinco, solo unos seis kilómetros”.

-¿Esperan réplicas del ocurrido el 17 de enero?

El territorio suroriental es el más propenso a la ocurrencia de terremotos. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

El territorio suroriental es el más propenso a la ocurrencia de terremotos. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

-Sí, por supuesto. La duración de las réplicas depende de la magnitud del terremoto. Mientras más fuerte, más duran. Tal es el caso del acontecido en Haití, con magnitud de 7.1, que dejó más de un año de actividad. El de 5.8 ocurrido en Santiago de Cuba podría tener menos, porque el área de ruptura es pequeña, y provocar eventos entre cuatro y cinco de magnitud, porque la energía liberada es muy baja, si bien no se esperan afectaciones importantes.

A juicio del doctor en Ciencias, hay tres escenarios posibles a partir de la reciente actividad sísmica en el oriente. Primero, un terremoto principal con sus réplicas. Segundo, que los ocurridos en enero sean premonitores de un evento de mayor magnitud, lo cual es menos probable, aunque no debe descartarse. Por último, que sucedan eventos fuertes en otras zonas de la vecindad, debido al de 5.8.

“Ya ocurrió uno de magnitud 3.5, el 19 de enero, en Baconao, y fue perceptible en Santiago de Cuba, Palma Soriano y San Luis. Un sismo de 5.8 activa otros cercanos”, esclarece Moreno, mientras acota la imposibilidad de saber cuál de estos escenarios tendrá lugar.

-¿Existe relación entre el huracán Matthew y los sismos posteriores?

La red de estaciones sismológicas permite establecer el patrón de sismicidad. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

La red de estaciones sismológicas permite establecer el patrón de sismicidad. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

-Siempre se ha dicho que los fenómenos atmosféricos no tienen relación con los terremotos. Pero no es así. Un huracán perturba también la corteza terrestre. La fuerza de los vientos mueve las olas en el mar y actúa sobre las fallas tectónicas. Las grandes lluvias en tierra firme aumentan la porosidad de las rocas, debilitan su rigidez y aceleran el evento de ruptura. También las precipitaciones y las fuertes rachas provocan deslizamientos de tierra que originan un desequilibrio en las tensiones a que está sometida la falla.

Moreno Toirán recuerda cómo, antes del terremoto de Haití, hubo un período muy activo de ciclones, los cuales pudieron haber acelerado aquel evento –que iba a suceder de todas formas– en algún momento impredecible para los científicos.

Respecto a eso último, la predictibilidad de los eventos, el experto explica: “En el mundo está desarrollándose la geofísica satelital, capaz de medir la temperatura de la corteza terrestre a partir de radares instalados en satélites. Cuando las fallas se someten a altas presiones, generan electricidad y calor que pueden ser detectados por las ondas infrarrojas. Pero este método no es ciento por ciento infalible, han existido variaciones y no ha sucedido nada”.

El científico agrega que es muy amplia la ventana de este pronóstico, generalmente se emplea como una autopsia, es decir, después que pasó el terremoto. El alcance de esta técnica es limitado, en tanto resulta pequeño el porcentaje del planeta que mapea. Igual sucede con el uso de la interferometría, mediante la cual se fotografía la corteza terrestre utilizando radares de apertura sintética.

En suelo firme pueden aplicarse otros métodos de pronóstico, como medir las variaciones del manto freático y las perturbaciones electromagnéticas, o captar las emisiones de gas radón que desprenden las rocas. Pero estas, evalúa el investigador, también son muy locales, y en el caso de Cuba, la falla Oriente, frontera entre la placa tectónica de Norteamérica y la del Caribe, está en el mar.

-Algunos consideran que los animales están mejor dotados para presentir los sismos.

-Sí. Por ejemplo, las culebras salen de las cuevas, los perros aúllan, el ganado se altera. Ellos perciben las variaciones primero que el ser humano. Las vibraciones elásticas generadas en las placas tectónicas se convierten en ondas sonoras al alcanzar la superficie terrestre. Si son de alta frecuencia, los animales pueden sentirlas más.

“Cuando la persona escucha el ruido del terremoto, este ya le pasó por debajo, porque el sonido viaja a una velocidad menor que las ondas elásticas. Pero algunas veces estos eventos son aparentemente mudos, porque también depende de la geología del suelo; los rocosos, producen mayor estruendo”.

-¿Cómo se enfoca la predicción en Cuba y qué papel desempeña la red de estaciones sismológicas?

Los santiagueros se apertrechan de velas para sumar a la mochila de emergencia, preparación que los hace menos vulnerables. (Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

Los santiagueros se apertrechan de velas para sumar a la mochila de emergencia, preparación que los hace menos vulnerables. (Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

“Lo que hacemos son pronósticos de probabilidades. En nuestro caso, el método más empleado es el estudio de la actividad. Cuando se producen los llamados GAP sísmicos, es decir, ausencia o decrecimiento de la sismicidad, generalmente después ocurre un evento grande. Así sucedió en los días anteriores al último de magnitud 5.8 en el oriente. Es como si la corteza terrestre se tranquilizara mucho y de momento se disparara. Ese comportamiento ocurre mucho y puede indicar que viene algo detrás. Pero no sabes cuándo.

“Contamos con muchos datos instrumentales y una red homogénea desplegada a lo largo y ancho del archipiélago. Solo para tener una idea del desarrollo, baste decir que en 1964 se instaló una estación de monitoreo en Soroa, Pinar del Río, y al año siguiente otra en Río Carpintero, Santiago de Cuba. En cambio, con lo hecho en los últimos años hoy suman 18 estaciones de este tipo en Cuba.

“Si bien hasta el momento no es posible el pronóstico exacto, es muy importante el monitoreo para establecer el patrón de sismicidad. Cuando detectamos anomalías, enseguida reportamos al Estado Mayor de la Defensa Civil. En dependencia del tiempo de duración y de las magnitudes registradas, son activados los puntos de dirección, la Cruz Roja, los bomberos. Aunque luego no suceda nada, siempre hay que prepararse. La única forma de minimizar los daños es aplicando las medidas previstas”.

La prudencia nunca sobra y por eso, ante cualquier sacudida, recomienda Moreno, lo primero es salir de viviendas y demás inmuebles, y esperar como mínimo una hora. Un tiempo que puede salvar muchas vidas.

 

Sigue temblando la tierra

Días después del encuentro con Bladimir Moreno Toirán, la red de estaciones del Servicio Sismológico Nacional de Cuba registró un sismo perceptible a las 6:07 p.m. del jueves 2 de febrero de 2017, en las coordenadas 19.78 de latitud Norte y los 75.43 de longitud Oeste, a 32 kilómetros al sursuroeste de Caimanera, Guantánamo, a 18 kilómetros de profundidad y con una magnitud de 3.2 en la escala de Richter. Se recibieron reportes de perceptibilidad en el municipio de Santiago de Cuba. No hubo que lamentar daños materiales o humanos.

 


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia