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Publicado el 23 Octubre, 2018 por ACN en Medio ambiente
 
 

El bosque y la conexión de la vida

El bosque y la conexión de la vida.

Foto: trabajadores.cu

Por LIAN MORALES HEREDIA

Una cordillera es una articulación telúrica, una montaña une las nubes con el mar a lo largo de los entresijos terráqueos, un árbol determina la vida y la muerte de seres sobre la tierra, bajo el agua o en el aire; todos tienen algo en común, son conexiones, nexos que
sujetan la existencia.

Así asume el proyecto Conectando Paisajes su enfoque paisajístico para preservar la biodiversidad en ecosistemas montañosos amenazados a lo largo de toda Cuba.

La iniciativa llega en 2018 a la mitad de sus ocho años de ejecución, con éxitos protagonizados por el Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (BIOECO), comunidades serranas y el apoyo de la iniciativa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

Yoira Rivera, coordinadora provincial del proyecto, refirió a la ACN que sobresale la gran participación de los campesinos en la experimentación y aplicación de prácticas sostenibles para la recuperación de bosques y las producciones agropecuarias.

Este año, en inventarios biológicos liderados por Rivera en cinco fincas agroforestales en las zonas de acción, asociadas al Pico Cristal y Charrascales de Mícara en Segundo Frente y La Caoba, en San Luis, se contabilizaron 734 especies de flora, 23 endémicas y dos
amenazadas.

Además, se localizaron 393 especies de moluscos, aves, anfibios, reptiles e insectos, 110 endémicas y 10 amenazadas, aunque continúa el conteo de la variedad de especies y la cantidad de endémicas y amenazadas.

María Esther Padilla, presidenta de la Unidad Básica de Producción Cooperativa La Calabaza, estructura escuela de Conectando Paisajes, ponderó las ventajas de poseer un polígono de conservación de suelos para generalizar cultivos de especies en peligro de extinción, como el caguairán, el tengue y el dagame.

Barreras vegetales y siembras en curvas contrarias a las pendientes para minimizar el arrastre de nutrientes, trochas contra incendios, abonos orgánicos y plantas protectoras de enfermedades, también generan más productividad cafetalera.

Para recuperar el desarrollo cafetalero afectado por la inobservancia de estas prácticas y la erosión de los suelos, María Esther creó un centro de propagación vegetativa por esquejes e
injertos.

Hoy, las trabajadoras de esos viveros tienen un salario mensual promedio de mil 926 pesos, que debe aumentar este año gracias al plan de producir 120 mil posturas y 100 toneladas de humus de lombriz.

La igualdad de género y la implicación de las actividades socioeconómicas como parte de los hábitats son dimensiones fundamentales en Conectando Paisajes, enfatizó la campesina.
Adonis Martínez, jefe del servicio estatal forestal en Segundo Frente, destacó las 34 mil 625 hectáreas de cultivos forestales que fortalecen el índice de boscosidad de 60, 8 por ciento de la superficie del territorio.

Según Martínez, la iniciativa liderada por BIOECO constituye el bastión de la biodiversidad en el municipio, pues ayuda a resolver los problemas de suelos, cuencas hidrográficas y ecosistemas frágiles, además de conectar paisajes rurales y urbanos y los cultivos con las florestas.

En una de las 18 fincas forestales de Segundo Frente, Martínez celebra que el arroyo resurgió y se regenera todo el manto freático, gracias a la siembra de bambú en el valle, de suelo muy degradado por la ganadería.

Además, se cultiva caoba, majagua, teca, eucalipto, cedro, coco y guayaba, renglones que se podrán explotar desde 2020 sin perjuicio para el ambiente.

Con el sector cooperativo-campesino hay 425 proyectos de reforestación, capacitación, conservación de suelos, fajas verdes, contra incendios y cercas vivas, entre otros, junto a unidades silvícolas donde los propios campesinos producen las posturas, apuntó.

Martínez señaló que entre los principales objetivos de estas acciones está la preservación de las cuencas de los ríos Mayarí y Levisa y de la biodiversidad en Pico Cristal, hábitat de la cotorra y el almiquí, ambos en vías de extinción.

Robert Pérez, presidente de la Cooperativa de Producción Agropecuaria Alcibíades Blanco, dedicada a la reforestación y reconstrucción de bosques, resaltó los dos valores de su misión: el económico y el ambiental.

La protección del medio ambiente, cuya falta en estos lares creaba desiertos, hoy ya exhibe un cambio del clima, muchas especies de aves han regresado, ese valor indirecto es lo fundamental, en nuestro país y en el mundo, aseveró.

Así, el hombre, predador y protector planetario, conecta paisajes mediante los bosques, palacios de columnas selváticas, pletóricos de guardianes inmanentes del gran reino de voladores, reptantes, acuáticos y mamíferos, en el intento conservacionista –casi instinto
de conservación. (ACN).


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