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Publicado el 27 Agosto, 2020 por Toni Pradas en Medio ambiente
 
 

Enfrentar sus daños con rapidez

La tormenta tropical Laura no se extralimitó en daños, pero enriqueció experiencias sobre cómo atenuarlos

Por TONI PRADAS

Laura daños. El servicio eléctrico registró el impacto más significativo de la tormenta tropical Laura. (ALEXEY MOMPELLER / FACEBOOK)

El servicio eléctrico registró el impacto más significativo de la tormenta tropical Laura. (ALEXEY MOMPELLER / FACEBOOK)

Rapidez en el trabajo de recuperación fue la orientación del presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, apenas se tuvieron los reportes de los estragos causados por la tormenta tropical Laura, la primera que en la presente temporada ciclónica incursiona con su núcleo dentro del territorio cubano.

Si no fuera por las afectaciones provocadas en viviendas, en instalaciones y estructuras de servicios públicos y en la agricultura, este organismo podría optimistamente considerarse un exitoso ejercicio de desoxidación en caliente, para probar la articulación de la población con los mecanismos de defensa civil y los acertados pronósticos meteorológicos tras largos confinamientos cumplidos.

A pesar de los trastornos que se anotó en República Dominicana y Haití (casi 30 personas murieron por los impactos de la lluviosa y ventosa tormenta), no era precisamente su fuerza física la que inquietaba a las autoridades y la ciudadanía, sino su indeseada aparición justo cuando se viven condiciones anormales.

La persistencia de la enfermedad de la COVID-19 en algunas provincias, aun a escala local, sumaba un peligro extra para la realización de algunas acciones que habitualmente han sido efectivas en Cuba durante eventos hidrometeorológicos, y que en esta ocasión podrían coadyuvar al incremento de los contagios.

Así fue cómo la evacuación de las personas con riesgos para sus viviendas tuvo que velar no solo por las cantidades que se movilizarían, sino también por las condiciones de distanciamiento que debía mantenerse en los lugares de resguardo. A su vez, en lo posible, debía prescindirse del tradicional desplazamiento de brigadas solidarias entre provincias durante la fase recuperativa, y a cambio priorizar las reparaciones con recursos y esfuerzos locales.

Aun así, cumpliendo con las medidas antiepidémicas, 435 000 personas fueron amparadas, según informó el jefe del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, general de división Ramón Pardo Guerra. A los centros de evacuación llegaron 33 200; el resto fue a casas de familiares y amigos.

Residentes de la franja sur del país fueron los más expuestos, justo por donde la tormenta siguió su casi invariable trayectoria de sureste a noroeste y sus dos entradas a tierra, entre la noche del 23 y la madrugada del 25 de agosto pasados.

Afortunadamente, Laura no afectó con la envergadura esperada. Pero tal como valoró Díaz-Canel durante una de las reuniones del Órgano Económico-Social del Consejo de Defensa Nacional, convocadas a raíz del paso del evento, se anotó “un grupo de daños que no son para subestimar”.

Pagando consecuencias
Launa daños/ Díaz-Canel instó al Órgano Económico-Social del Consejo de Defensa Nacional a que las afectaciones “no queden en el tiempo, prevaleciendo y sumándonos en la cuenta”. (Foto: Estudios Revolución)

Díaz-Canel instó al Órgano Económico-Social del Consejo de Defensa Nacional a que las afectaciones “no queden en el tiempo, prevaleciendo y sumándonos en la cuenta”. (Foto: Estudios Revolución)

Una vez más quedó expuesto el problema domiciliario que acumula la nación, pues las viviendas más dañadas fueron, ciertamente, las que estaban en muy mal estado. “En la medida en que nosotros podamos reponerlas por otras con más fortaleza, la afectación de este tipo de eventos será menor. Estamos también pagando las consecuencias de las problemáticas que tenemos con el fondo habitacional”, circuló en su libreta de notas el jefe de Estado.

De manera preliminar se contaron más de 2 000 viviendas perjudicadas (menos que en otros eventos similares), mayormente en cubiertas; algunas sufrieron derrumbes totales. Por ello, se tomó la rápida decisión de liberar los inventarios de materiales de la construcción para comenzar lo más pronto posible la recuperación.

Varios cultivos –sobre todo plátano, yuca y maíz, fundamentalmente en las provincias de Artemisa y Mayabeque– salieron muy mal parados luego del encontronazo con las lluvias y las ráfagas de viento.

Laura también acosó el servicio eléctrico, que fue vencido en su talón de Aquiles: postes y tendidos. Según el titular de Energía y Minas, Liván Arronte Cruz, se afectaron 1 157 megavatios, que tardaron en ser restituidos. En Pinar del Río, digamos, 95 por ciento de la provincia quedó en tinieblas.

Por efecto dominó, acompañaron a los apagones las interrupciones en las comunicaciones y en el abasto de agua. “Por tanto, todo esto exige trabajar con rapidez”, sentenció Díaz-Canel.

Tuvo prisa el meteoro. Por suerte. Quizás (vaya cosas que invitan a interpretar los mapas del tiempo) para alcanzar a su contemporáneo Marco, un huracán devenido a menos. Parecían haberse citado en una misma región del sur de Estados Unidos. Marco, cruzando el golfo de México desde el sur, de refilón también vertió sus aguas sobre el occidente cubano.

La rapidez de traslación de Laura impidió que se organizara y ganara en intensidad. Tan desmelenada estuvo esta tormenta que por momentos nos permitió verle dos ojos o vértices. No es nada nuevo, pero un ciclón que se da a respetar tiene uno, y punto.

Tal vez por vergüenza, Laura se energizó al salir de Cuba sobre el caliente mar del golfo y para embestir la Luisiana, el día 25, alcanzó una respetable categoría 4 de rudo huracán.

La tormenta tropical Laura –abrevió el colega César Gómez en Facebook– no alcanzó acá tal categoría, y sí la de apagón tropical.

¿Cuál si no?
Laura daños/ Una de las torres del Estadio 26 de Julio, de Artemisa, sucumbió ante los fuertes vientos. (JOSÉ LUIS GUÍA / FACEBOOK)

Una de las torres del Estadio 26 de Julio, de Artemisa, sucumbió ante los fuertes vientos. (JOSÉ LUIS GUÍA / FACEBOOK)

Luego de mojar toda Cuba con sus expandidas bandas de diferentes intensidades de lluvias, vientos molestos y ráfagas peligrosas, Laura, como despedida, dejó en herencia un festival de arcoíris.

A esa hora, ya todo el país estaba volcado en la ardua etapa de recuperación express, con la desobstrucción de vías terrestres, recogida de ramas, árboles y desechos sacados de los patios; la adopción de medidas para la rehabilitación de los servicios básicos (fundamentalmente el suministro de agua, el gas, la elaboración y distribución de alimentos); así como la reparación de viviendas.

Por su parte, los campesinos echaron mano a sus herramientas y equipos para cosechar, recuperar sembrados y continuar los ciclos productivos, sobre todo las producciones de períodos más cortos para duplicar el número de plantaciones y afanarse en la restauración de los daños habitacionales. Fue prioridad, a la vez, acopiar los productos que permanecían surco adentro para distribuirlos a la población cuanto antes y que no se perdieran en el campo.

Las lluvias, a pesar del impacto nefasto, dejaron a los cubanos una suerte de compensación, un peaje, al aumentar el nivel de las aguas en 81 embalses del país. De manera general, se incrementaron las presas en 200 millones de metros cúbicos del líquido, lo cual favoreció a Santiago, Guantánamo, Pinar del Río y Granma.

Así culminó la historia cubana del duodécimo organismo meteorológico de esta precoz y agitada temporada. Para los especialistas, recordemos, una temporada ciclónica promedio es aquella de 12 tormentas con nombre, de las cuales seis se convierten en huracanes, incluidos tres importantes.

Al paso actual, ya se teme que puedan surgir más de 20, como se pronosticó para esta temporada considerada activa, sin contar que aún faltan los meses históricamente más peligrosos.

Más razón entonces para que la filosofía de acción, tal como se logró tras el tornado de La Habana, sea – ¿cuál si no?– la rapidez.


Toni Pradas

 
Toni Pradas