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Publicado el 23 Noviembre, 2020 por Irene Izquierdo en Medio ambiente
 
 

Joan en Bluefields, dinosaurio que hoy despierta en el recuerdo

Memorias de un huracán categoría 5 en la escala de Saffir-Simpson que golpeó con toda su fuerza a Nicaragua y, de modo particular, a esa comunidad. Diez años demoró en recuperarse de aquellos embates
Joan en Bluefields.

El simbólico Parque Reyes, ofrece su testimonio, en una instantánea histórica. (Foto: historia.ihnca.edu.ni).

Por IRENE IZQUIERDO

Todas las costas que reciben habitualmente las caricias del Mar Caribe, tienen el privilegio de hermosas playas, exuberante vegetación, clima cálido, cielo de un azul indescriptible y, fundamentalmente, la alegría de la gente que puebla esos países. ¡Es el trópico!, sin más comentarios.

Y más allá de idiosincrasias, formas de ser, hábitos de alimentación y costumbres, hay algo que los afecta a todos por igual: los ciclones tropicales, que siempre se me han antojado como piratas que atacan embarcaciones en medio de los mares, con el afán de dominar y adueñarse de todo.

Eta e Iota. Son dos nombres de letras del alfabeto griego, y de huracanes, a la vez. El primero, con su movimiento errático, trajo lluvias y daños a varios países, incluida Cuba. Estuvo haciendo de las suyas durante varios días, con transformaciones camaleónicas: de depresión a tormenta, y de esta a huracán de distintas categorías; es decir, con altibajos.

Joan en Bluefields.

El alud provocado por las severas lluvias y los deslizamientos de tierra que trajo consigo el huracán Iota, ocasionó solo en la zona norte de Nicaragua la pérdida de 16 vidas. (Foto: elnuevodia.com).

Iota fue más directo. Se formó e inmediatamente afectó a Centroamérica, a lo que nos referiremos más adelante.

Eta e Iota. Según La Estrella de Panamá: “Desde el 19 de septiembre la Organización Meteorológica Mundial empezó a utilizar nombres del alfabeto griego. Antes de Iota existieron Eta, Theta, Alfa, Beta, Gamma, Delta, Epsilon y Zeta. Este 2020, rompió récord en tormentas, lo que demandó el uso del mencionado alfabeto.

Todavía no termina la temporada ciclónica en el Atlántico; se extiende hasta el 30 de noviembre, por lo que la misma publicación panameña precisa que, “después de Iota siguen Kappa, Lambda, Mu, Xi, Omicron, Pi, Rho, Sigma, Tau Upsilon, Phi y Omega”.

¡CATASTÓFICO!

Joan en Bluefields.

Ojo del intenso huracán Joan. (Foto: es.wikipedia.org).

Mirar las imágenes de los daños causados por Iota en Honduras y Nicaragua, especialmente en este último, deprime. La crecida y fuerza de los ríos en su torrente se lo llevaban todo: casas desde los cimientos, árboles desde sus raíces, los animales que permanecían cerca de sus riberas, y carreteras, porque horadaban desde abajo.

Hubo familias que lo perdieron todo, hasta los terrenos donde vivían, porque las fuerzas de las aguas ampliaron sobremanera el cauce de los ríos.

Un reciente despacho de Prensa Latina precisa: “El devastador y letal paso del huracán Iota por Nicaragua, que provocó una veintena de muertes y millonarias pérdidas materiales, constituye el evento más trascendental de la semana.

“Al menos 21 personas fallecidas –agrega-fue el saldo oficial que reportó el gobierno tras el azote del fenómeno meteorológico, mientras las autoridades económicas calculan daños por un valor de entre el tres y el cuatro por ciento del Producto Interno Bruto nacional, sumados a las afectaciones causadas por Eta dos semanas antes”.

JOAN, AQUEL DINOSAURIO DORMIDO EN LA MEMORIA

Joan en Bluefields.

Esta fue la trayectoria del huracán Joan. (Foto: Facebook/Nicaragua en la Historia).

Bluefields. Hoy es es sede administrativa del Gobierno Regional Autónomo de la Costa Caribe Sur. En 1989 era una localidad muy caribeña, con el toque misquito y garífuna, con personas que comenzaban hablando en español y terminaban en inglés y viceversa. Personas disímiles, viviendo en casas tipo tambo, de esas de madera machihembrada sobre pilotes, y techos a dos aguas con placas metálicas, que le daban un toque particular a esa parte de Nicaragua.

Vivían tan a su aire, que aún con la alerta de un huracán, no se prepararon lo suficiente en materia de evacuación y resguardo de los bienes materiales, porque la tarde previa a la llegada del meteoro había tronado, y en muchos de ellos prevalecía la creencia de que los truenos espantaban a los ciclones.

Joan, que se había originado el 10 de octubre de 1988 en el centro del Océano Atlántico, tocó tierra justo al sur de Bluefields la madrugada del día 22, como un huracán categoría 5, y vientos sostenidos de 217 kilómetros por hora, que dejó en shock a los blufileños. Su paso fue catalogado como una tragedia.

Joan en Bluefields.

Para los blufileños fue muy importante comenzar a desobstruir las vías y evaluar, in situ, los daños. (Foto: lacostenisima.com)

El amanecer fue espantoso. La casi totalidad de las viviendas, escuelas, comercios…todo estaba en el piso. Levantarlo iba a ser difícil, porque todo había sido víctima de la furia del devastador y letal ciclón.

Aseguraban entonces –ya han transcurrido 31 años- que, como resultado de los fuertes vientos, la lluvia y las inundaciones, Joan cobró la vida de 148 personas, con 100 desaparecidos y 184 heridos.

Inmediatamente, Cuba envió su ayuda solidaria y donó, en principio, 100 viviendas para los damnificados, cuya edificación  estaría a cargo del Movimiento de Microbrigadas, fuerza que meses después partió hacia esa hermana nación.

Justo en abril, de 1989, cuando se celebraba en aniversario 28 de la victoria de Playa Girón, llegó a aquel lugar un colectivo de periodistas cubanos, para reportar el abanderamiento del contingente José Martí, y mostrar testimonios de los trabajos de los microbrigadistas para contribuir a la recuperación.

A seis meses del huracán, pudimos apreciar la magnitud de los daños, porque muy poco habían avanzado. Los bosques completamente desnudos; las áreas agrícolas poco sembradas, y los escasos comercios abiertos vendían sus productos a precios prácticamente prohibitivos. Con pérdidas millonarias en todas las actividades el restablecimiento de todo sería muy lento.

Joan en Bluefields.

Un panorama similar a este apreció el equipo de periodistas, desde que el avión se aproximó a la pista de aterrizaje de Bluefields. (Foto: historia.ihnca.edu.ni).

Los reporteros teníamos información y sabíamos que las condiciones iban a ser difíciles. Pero la realidad nos golpeó, por el panorama desolador que ofrecían los bosques. Del puerto, que había estado construcción, no quedaba más que un improvisado puente. Sobre él, lo mismo se sacrificaba una res, que se pescaban y limpiaban camarones –abundantes por cierto, y los de mayor talla que he visto en mi vida-, con lo cual contribuían a incrementar la contaminación de las playas.

Muchas personas cocinaban con leña y a la intemperie; en las reimprovisadas viviendas  no había condiciones para ello.

Los microbrigadistas cubanos trabajaron y se integraron a la comunidad. Muchos vecinos estuvieron dispuestos a contribuir a levantar sus casas. Allí estuvieron hasta que la Unión Nacional Opositora, con Violeta Chamorro al frente, ganó las elecciones.

Por estos días,  Eta e Iota han tocado fuerte a Centroamérica. Muchos recuerdan aquella terrible experiencia vivida con el huracán Joan.  Y una más fuerte aún: Bluefields tardó 10 años en recuperarse de los estragos ocasionados por aquel ciclón.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo