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Publicado el 8 Septiembre, 2020 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

El gato

“Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre”

Respuesta a la DOCTORA GLADYS MORALES, PLAZA, LA HABANA:

El gato (Felis catus, Linneo) se caracteriza por su cabeza redonda, poseer cinco dedos en las extremidades anteriores y cuatro en las posteriores, cola larga y la carencia del hueso de la clavícula lo cual le facilita movimientos increíbles al brazo y pasar su cuerpo por espacios tan estrechos que asombran nuestros ojos, lógica y sentidos. Su morfofisiología le permite dar saltos elevados, caminar por aleros estrechos, visualizar en un campo de 280 grados, solo restando su propia nuca. Su cualidad anatómica distintiva son las uñas retractiles que al cerrarse de conjunto forman la garra, con las cuales se defiende, ataca e inmoviliza las carnes para comerlas. Un viejo decir, enuncia “Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre”. Es susceptible a bacterias, pulgas y el virus de la rabia, a cambio, nos protege de ratas, serpientes y otras sabandijas. Si en vida libre es un animal de armas tomar, tras su domesticación se ha convertido en dócil mascota hogareña al punto, que en algunos países ya supera en número al perro en los hogares. Es uno de los animales más difundidos de nuestro planeta. Animal Planet le conceden el noveno lugar. No hay país, ni ciudad, ni pueblito alguno carente de gatos. En Cuba precolombina no existían. Llegaron con los colonizadores y luego con los emigrantes llegados a lo largo de cuatro siglos. Los cubanos y muy en especial, los habaneros, aceptaron criarlos, pero a su manera: comida en la escudilla, agua en un pozuelo y lo demás es conocido: duermen a la intemperie, en la noche disfrutan los placeres de una reunión gatuna y con los primeros rayos de sol, se hacen ver en casa. Mis lectores saben de la existencia de gatos negros, amarillos, blancos y gatos con dos o tres colores; de gatos tranquilos, flemáticos, que pasan sus dientes una y otra vez sobre nuestra mano sin causarnos un arañazo. También saben de persas, siameses y gatos arrabaleros; de mininos callejeros que solo Dios sabe cómo logran la comida de cada día, y gatos alabados por sus amos, bien nutridos y, hasta mimados más allá de lo racional. ¡Nos vemos!

DR. WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ


Walfrido López Gonzàlez