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Publicado el 20 Octubre, 2020 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

El perro callejero, dueño de la calle habanera (I)

Cada callejero vivo es un superviviente

Por WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

Perro callejeroNació debajo de la escalera del edificio, en un local abandonado o donde solo Dios sabe cómo o cuándo; al fin y al cabo es lo que dan en llamar en algunos países animal carente de un dueño responsable y lo que se reconoce en toda Cuba como perro callejero.

Su madre, quizás fue callejera o una de esas falderas bien cuidadas que pierden la orientación para regresar a casa y quedan como la Anduriña, a las buenas de Dios.

Su paternidad puede ser atribuida a uno u otro semental de la barriada, pero nadie sería capaz de apostar por cuál, pues todos la cubrieron. Sus hermanos de camada fueron, quizás, seis o siete cachorros que poco a poco murieron hasta quedar él solo con vida.

Una prueba fehaciente de que la Ley de la Selección Natural o Ley Del Más Fuerte es valedera en la existencia de estos perros resistentes a las parasitosis, los virus de la gastroenteritis y enfermedades respiratorias y cuanta dolencia ataca a los perritos.

Los propietarios de canes de raza pura sienten frustraciones porque sus ladradores siempre muy mimados y cuidados, enferman fácil, mientras que el callejero tiene lo que llaman una salud de hierro.

Es un superviviente

Injusto juicio al saber que cada callejero vivo es un superviviente. Vive en las calles secundarias de cualquier barriada y rara vez anda por las arterias principales.

Perros callejerosSu mundo es pequeño: se limita a unas cuantas manzanas las cuales ha de compartir con otros como él, dispuestos a defender su vida a pura dentellada si fuera preciso.

En la medida en que crecía aprendió ciertas reglas de supervivencia: a la hora de hurgar en los depósitos de basura o tomar un hueso lanzado al aire debe respetar a los perros poderosos y el orden social establecido entre la jauría de la barriada.

Supo ganar amigos y compartir con ellos por igual los escuálidos alimentos o el enfrentamiento al intruso que penetrase en ese pequeño reino donde habitan, no me atrevo a decir en completa paz, pero al menos, en una convivencia soportable.

Conoce la existencia de los humanos y desde pequeño aprendió a distinguir entre amigos y enemigos: los hombres y mujeres que le ayudan con comidas y cuidados, y los que lo maltratan. Ante los primeros, baja la cabeza, mueve la cola y hasta permite lo acaricien, pero ante los que lo lastiman verbal o físicamente, lanza un gruñido de advertencia, una dentellada al aire o se aleja con rapidez.  (Continuará)

 


Walfrido López Gonzàlez