0
Publicado el 24 Marzo, 2016 por Marta Sojo en Mundo
 
 

Dominó europeo

La situación que se presenta en la actualidad no es una novedad histórica.

Por MARTA G. SOJO

Vuelven los muros, pero esta vez de púas. (foto DW:DE)

Las políticas del buen samaritano no parece que en este siglo XXI sean muy aceptadas. En Europa, aunque en apariencias quieren abrir sus brazos, no lo hacen del todo. Para el Viejo Continente los migrantes, hoy por hoy, no les placen, por temores infundados o fundados, aunque a decir verdad, unos cuantos países con gran desarrollo siempre han puesto bastantes limitantes para dejar entrar a otros grupos no autóctonos, a menos que sean grandes deportistas o lumbreras en otras esferas.

Pero ahora la avalancha procede de África y el Medio Oriente, individuos que huyen de guerras plantadas en sus territorios por agentes foráneos que les dieron rienda suelta y sufragan los gastos de elementos extremistas, en muchos de los casos, ejemplo Siria.

Pero como todo en la vida tiene varios efectos, no siempre los que se desean. La contrapartida de estos asuntos viene dada por el auge de las ultraderechas europeas, partidos xenófobos y ultra reaccionarios, amén de la influencia que ha tenido la crisis económica.

Alemania es el ejemplo más reciente de este panorama político europeo. Con un discurso provocador y por momentos intransigente, la joven fuerza ultraderechistas de Alternativa por Alemania, (AfD) obtuvo unos resultados espectaculares en los comicios celebrados en Baden-Württemberg (15 %), Renania-Palatinado (12,4 %) y Sajonia-Anhalt (24 %)- capitalizó el descontento de muchos con la política de refugiados de Ángela Merkel y resultó un desastre para los dos grandes partidos de la coalición gobernantes, cristianodemócratas (CDU) y socialdemócratas (SPD). La irrupción de AfD en los tres parlamentos regionales en liza, se suma a los cinco en los que ya está presente, además del Parlamento Europeo en el que tiene 7 eurodiputados desde mayo de 2014.

Aún es pronto para prever si esa agrupación mantendrá su fuerza y entrará en el Bundestag (órgano federal supremo del legislativo) en las elecciones generales del año que viene, un hecho que acabaría con la capacidad de Alemania para marginar fuerzas populistas y derechistas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los dos grandes partidos alemanes tendrán que reflexionar sobre cómo seguir hasta el 2017 si pretende evitar que la jornada se repita a escala nacional.

Las crisis de refugiados y del euro han intensificado una tendencia en Europa, comentó el politólogo Florian Hartleb entrevistado por la emisora televisiva Deutsche Welle. “La falta de solidaridad europea y los nuevos nacionalismos son tendencias que están ganando terreno, no solo en Europa Central y del Este, sino también en Gran Bretaña”.

El auge de la ultraderecha ha tenido un efecto dominó en casi todos los países de la Unión Europea (UE). La radicalización y el auge del populismo xenófobo no es sólo patrimonio del este europeo. El epicentro del continente ha visto como, en diferentes grados, dos de los países que abrieron sus brazos a los refugiados han adoptado una posición cada vez más dura. Presionado por la influyente ultraderecha, Austria ha dado un giro radical a su visión hasta limitar la entrada de solicitantes de asilo y anunciar el levantamiento de una valla en la frontera.

Para más datos tenemos que en cinco países miembros de la UE gobiernan partidos populistas de derecha, comparables al partido alemán AfD (Alternativa para Alemania). En Polonia y Hungría, los populistas nacional conservadores incluso tienen la mayoría absoluta en los Parlamentos nacionales respectivos. Alemania aún está lejos de ser gobernada por un partido populista de derecha a escala nacional.

Diversos medios de prensa del continente europeo acotan que en el norte, los países escandinavos han puesto en jaque su reputación de progresistas al aplicar medidas muy controvertidas como requisar los bienes de los refugiados para costear su estadía, dificultar la reagrupación familiar o levantar vallas. Tanto en Suecia como en Dinamarca esos gestos se entienden como una pequeña victoria de la ultraderecha, que ha sacado rédito político de la incertidumbre para convertirse en una fuerza indispensable. Al oeste, incluso Francia, cuna de los derechos humanos, ve como el populismo de Le Pen pudiera llegar dentro de poco a la presidencia.

El populismo nacionalista antieuropeo y xenófobo va erosionando terreno en tierras europeas. ¿Logrará extenderse que vuelva a hacer temblar el mundo como en el pasado siglo?


Marta Sojo

 
Marta Sojo