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Publicado el 20 Junio, 2016 por Marta Sojo en Mundo
 
 

EEUU: Sorpresas te da la vida

 

1-Uno de ellos, Hillary o Trump, se albergarán en los próximos cuatro años en la mansión de Pennsylvania Ave.

Uno de ellos, Hillary o Trump, se albergarán en los próximos cuatro años en la mansión de Pennsylvania Ave.

Por MARTA G. SOJO

Después de una agitada campaña de primarias, recién concluidas, por fin quedaron definidos los dos personajes a competir por los bandos demócrata y republicano, para determinar quién dirigirá a los Estados Unidos en los próximos cuatro años: La demócrata Hillary Clinton, que ha ocupado cargos de gobierno como Secretaria de Estado durante el primer mandato de Obama, o el multimillonario Donald Trump, no tan experto como político, pero sí reconocido como un avezado en cuestiones financieras.

El hombre polémico, y algo pintoresco para la imagen de un político, por quien nadie apostaba que podría triunfar como el candidato por ese partido para la presidencia, fue quien al final recogió las victorias, a pesar de que utilizaron contra él todos los artilugios posibles. En los últimos estados que celebraron primarias logró alcanzar la cantidad de delegados necesarios, cuestión importante para que no exista posibilidad de llegar a una “convención negociada” como se auguró en un momento.

Ambos partidos obtuvieron su relevancia en el cuatrienal espectáculo de elecciones generales. Pero fuera del folclor que se creó alrededor de la figura de Trump, las grietas en el partido republicano son más profundas de lo que a simple vista se aprecia. Pasan por una intensa crisis, considerada la mayor en los últimos tiempos. La división entre las fracciones internas, que no logran un acomodo indispensable, hizo que sus bases se sintieran decepcionadas y la respuesta quedó evidenciada con el ascenso del multimillonario y el rechazo a sus políticos conservadores. Donald aprovechó a su favor estas pugnas internas y el disgusto de las bases republicanas, utilizándolas como núcleo central de su campaña.

Por los demócratas la disputa se hizo notar igualmente, no tan intensa tal vez como sus contrarios, porque se enfocaron hacia sus votantes como si mantuvieran un ambiente más unitario, no siéndolo del todo. Pero el fulgor de la etapa lo representó Bernie Sanders, quien obtuvo una alta cifra de delegados para la Convención. Hablar de izquierdismo, concebido como socialdemocracia, con lo que siempre se identificó Sanders, atrapó a muchos jóvenes que evidentemente no sienten que la forma de gobierno predominante hasta el presente les satisfaga. Eso de por sí solo ya es una victoria. Decía el diario mexicano La Jornada en un editorial que aunque no alcanzó la nominación no minimiza el principal logro de la campaña de Sanders: la toma de conciencia, por amplios sectores sociales, de fenómenos que hasta ahora permanecían ignorados debido a la desinformación producto del estrecho vínculo entre los medios y los grandes capitales.

Pasando a la próximas fase, que deberá iniciarse luego de las Convenciones, La Jornada apuntaba: “Clinton representa una política imperial revestida por un lenguaje políticamente correcto. La exprimera dama tiene conocidos compromisos con intereses corporativos que conforman un verdadero poder fáctico en el país (…), lo que hace impensable que, en caso de ganar la elección, pudiera o quisiera imprimir un viraje en las políticas económica y exterior proempresarial entre las cuales cabe incluir el respaldo a estrategias internacionales elaboradas por los llamados halcones. En contraparte, el bando republicano ofrece la candidatura de Donald Trump, cuya meteórica carrera política se ha nutrido básicamente –como lo señaló el filósofo y activista Noam Chomsky– del miedo, la frustración y la desesperanza de la clase media predominantemente blanca y pobre, abandonada a su suerte por las políticas neoliberales de las décadas recientes”.

Pero no piensen que porque la primera etapa ha sido vencida en lo adelante disminuirán tensiones. Ahora vienen las batallas entre ellos para ganar votantes, y utilizaran todos los artilugios posibles para atrapar la Casa Blanca. La pregunta queda en el aire: ¿saldrá presidente la dama o el magnate?  La incógnita quedará en suspenso, porque pronosticar quién guiará los destinos de la Unión Americana, hoy por hoy, es una misión imposible.

 


Marta Sojo

 
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