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Publicado el 20 Enero, 2017 por Marta Sojo en Mundo
 
 

La que se avecina

Por: MARTA G. SOJO

Con la ceremonia de juramento hoy, ante el jefe del Tribunal Supremo estadounidense y la presencia de los miembros del Senado y la Cámara de Representantes, invitados, espectadores de todas las tendencias se inicia la etapa del electo presidente 45 de Estados Unidos, Donald Trump. El hombre más cuestionado, tanto por sus enemigos como por algunos de su propio bando. Controvertido, irreverente, señalado por su verbo, y catalogado de xenófobo, populista y otro tanto de adjetivos. El que tiene al mundo en ascuas e incertidumbres, y que en lo adelante deberá despejar con su actuación por donde irán sus pasos.

Con todo y preámbulo incluido, este 20 de enero de 2017, Barack Obama el primer presidente negro de esa nación, le debe ceder la batuta al ganador el pasado 8 de noviembre. Desde 1937 en que se aprobó constitucionalmente ese es el día instituido para el traspaso de poder, a las 12 del mediodía, para que “nunca haya un periodo de presidente en funciones”.

Según lo estipulado por el ritual “El gobernante debe jurar o afirmar una frase que recoge la Constitución demostrando el compromiso que él adquiere con el país”. “El juramento se hace ante un representante del poder judicial, y este es el presidente del Tribunal Supremo”, aseguró Julio Panizo, profesor del Máster en Protocolo, Gestión de Eventos y Relaciones Públicas de la UPF Barcelona School of Management, al reseñar el proceder para un periódico ibérico.

La tradición mantiene su formato de salir ambos después de un desayuno en la Casa Blanca e ir camino a las instalaciones del Congreso, donde se celebra el acto. Sin embargo, este año hubo una salvedad, el presentador Charles Brotman, la voz encargada de anunciar el desfile inaugural desde la época de Dwight D. Eisenhower en 1957, prescindieron de sus servicios. En su lugar, contrataron a Steve Ray, de 58 años, un locutor independiente que ha trabajado con las Ligas Mayores de béisbol y para estaciones de radio local.

Después, en la tarde noche se celebran los bailes de gala a los cuales el nuevo jefe de la Casa Blanca, decide a cuántos asistirá.
A pesar de lo estrictamente programado para celebrar la fecha, insisten en amargarle el día pues activistas de los derechos civiles, alrededor de una treintena de grupos, la gran mayoría contrarios a Trump, obtuvieron el permiso para manifestarse antes, durante o tras la toma de posesión.

Fuera del espectáculo pasajero de la imposición del cargo, lo gordo viene después, cuando se apaguen los festejos inaugurales y deba comenzar de lleno a gobernar y aquí es donde surgen las mayores interrogantes.

Las críticas y acusaciones en su contra no escapan a ningún aspecto. Dicen algunos analistas que “el frente mediático controlado por los opositores insiste en establecer la imagen de un nuevo presidente que debe su triunfo al presunto injerencismo informático ruso”. Incluso son todavía más incisivos cuando aparecen noticias de que “Moscú posee evidencias comprometedoras para la moral de Trump, lo que le hace susceptible de chantaje”. Acusación que todavía carece de pruebas. Según fuentes rusas se pretende desinformar a la opinión pública, a modo de sembrar más dudas y preocupaciones sobre la figura del mandatario, a la vez que ahondar la percepción interna y externa de que Rusia es un ogro infernal empeñado en destruir a la sociedad “democrática y justiciera forjada en los Estados Unidos”.

Muchas preguntas se hacen acerca de como llevará la política internacional y la doméstica, entre ellas si intentará concretar su proclamado giro proteccionista. También inquieren si modificará las alianzas internacionales para consumar un repliegue hacia el aislacionismo y si precipitará un viraje general hacia la desglobalización. En fin creen que deberá clarificar en que consiste su intento de “hacer nuevamente grande a América”.

Reflexionaba John Samples vicepresidente del Cato Institute: “En cierto modo, lo que complica más la especulación sobre Trump es su retórica, y, además, tampoco ha asumido la responsabilidad de nada de lo que ha dicho, así que no se sabe cómo será su mandato”.

Por lo pronto se especula que en el campo económico se reforzará el proteccionismo de Estados Unidos; se asume este juicio debido a diversas declaraciones dichas por Trump. Otros temores se añaden referidos al equipo que escogió para acompañarlo en su gobierno, definidos como favorables a posiciones ultraderechistas, aunque todavía no están confirmados para sus ministerios por el Congreso.

Pero de todo lo dicho y proyectado habrá que ver cuanto puede lograr en su período como presidente. Tal vez le ocurra, como a Obama, que prometió un cambio, que en dos períodos no fue enteramente evidente.

Así que lo que sucederá con Trump una vez investido no parece poder definirse, a pesar de las declaraciones, insinuaciones, y juicios.


Marta Sojo

 
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