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Publicado el 15 Septiembre, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

VENEZUELA

Intrusos a la cañona

Estados Unidos y varios países aliados siguen alentando a la oposición violenta
Tras la amenaza de Trump, las milicias venezolanas participaron en ejercicios cívico-militares. (Foto: entorno inteligente).

Tras la amenaza de Trump, las milicias venezolanas participaron en ejercicios cívico-militares. (Foto: entorno inteligente).

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Por estos días en que el diálogo parece encontrar cauce con la mediación de República dominicana, y la desprestigiada OEA intenta nuevas maniobras tergiversadoras en el ámbito de los derechos humanos, se acentúa al mismo tiempo la intrusión de Estados Unidos y de varios países europeos y latinoamericanos que siguen el patrón trumpiano para ofrecerle oxígeno a la derrotada oposición escuálida que actúa con absoluto servilismo en el pedido de medidas coercitivas contra la República Bolivariana de Venezuela.

El proceso bolivariano ha soportado todas las tácticas de la guerra de cuarta generación que de manera simultánea y continuamente se aplicaron contra Venezuela desde abril último y que van desde la guerra cultural y de ideas, pasando por la económica, hasta llegar a la amenaza de agresión militar, acompañadas de una manipulación mediática descomunal.

Eso es lo que se observa ahora cuando el tema de la paz y del diálogo le permitió a la Revolución Bolivariana movilizar a ocho millones de ciudadanos hasta las urnas en condiciones de amenazas terroristas.  Y es por eso que, en lo interno, a pesar del apoyo de la derecha internacional, la oposición terminó más dividida, desorientada, sin discursos coherentes y quedó en evidencia la esencia antinacional de algunos de sus principales dirigentes, quienes pidieron una intervención militar extranjera.

Eso explica que todos los furibundos ataques estén dirigidos en este momento contra la Asamblea Nacional Constituyente que ha desarmado hacia el interior de Venezuela a los grupos violentos y, pese a todas las manipulaciones, lo que ha hecho desde el pasado 30 de julio muestra que logró encaminar las intenciones de paz y seguridad, así como dar los primeros pasos para una restructuración jurídica, económica y estatal.

Toda la campaña pretende demeritar el accionar político de la Asamblea Nacional Constituyente y su labor en el marco de la coexistencia con los poderes públicos constituidos, de los cuales el legislativo ha sido no sólo el más reticente, sino también el más manipulador de los acontecimientos en el país.

Poco más de dos semanas después de la elección, el 18 agosto, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) llamó a la directiva de la Asamblea Nacional (AN) desde su poder plenipotenciario para ayudar a resolver la situación de desacato del Parlamento, que ha dejado parcialmente sin funciones legislativas al Estado. La directiva de la AN se negó a asistir y reiteró que desconocerá la atribución de funciones de la ANC.

Los constituyentistas  decidieron aprobar una moción de urgencia y redactaron un decreto de convivencia entre el Parlamento y la Asamblea Nacional Constituyente, medida inspirada  sobre la base de una sentencia del Poder Judicial de 1999 que relata la supraconstitucionalidad de las decisiones de la ANC para garantizar el funcionamiento del Estado y superar los vacíos que deja el desacato de la Asamblea Nacional, sin que por ello el Parlamento fuera disuelto.

Con ese pretexto, el presidente Donald Trump amenazó a la República Bolivariana de Venezuela con una intervención militar directa: “Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo una posible opción militar si es necesario”. Dos semanas más tarde, impuso severas e injustas sanciones económicas, reconociendo públicamente su intención de “aislar la economía venezolana”, e impedirle los medios para obtener recursos para la alimentación, la salud, y producción, perjudicando seriamente la vida cotidiana de los ciudadanos e incitarlos a la desobediencia.

Todo el aparato principal del gobierno estadounidense está en función de ello. Así se apreció de manera descarnada en las declaraciones de Mike Pompeo, el flamante director de la CIA. También las gestiones del vicepresidente Mike Pence y los anuncios que casi al unísono ha hecho de manera pública el secretario de Seguridad Nacional de ese país, el general H. R. McMaster.

Mientras tanto, desde la Asamblea Nacional  la oposición  empleó cargos e investidura para solicitar acciones de injerencia externa, pero también imploraron a varios gobiernos aplicar acciones de bloqueo financiero, se comunicaron  directamente con bancos y casas de inversión, instándoles a no manejar bonos venezolanos y a no participar en la monetización de reservas de oro de Venezuela e incluso se apersonaron ante embajadas y bancos de fomento para persuadir de no hacer préstamos a la República Bolivariana. Tales acciones han servido para justificar la “cañona” de tanto intrusismo internacional.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina