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Publicado el 13 Febrero, 2019 por Mariana Camejo en Mundo
 
 

FRANCIA: Chalecos amarillos y el efecto dominó

El movimiento de protesta cambia de forma y se extiende a otras regiones de Europa.

Se mantienen las protestas pese a debate nacional. (elespectador.com)

Por MARYAM CAMEJO

“Camino sobre el hielo”, dijo Enmanuel Macron al referirse a la complejidad de la situación en el país, con las manifestaciones que empezaron en noviembre del año anterior. Aunque algunos se empeñen en que el movimiento de “chalecos amarillos” se ha debilitado con las nuevas medidas del presidente francés, vale aclarar que dista mucho de desaparecer.

El mandatario inició un sistema de ayudas de 10 000 millones de euros para aumentar el poder adquisitivo de las clases medias pauperizadas y comenzó el 15 de enero un gran debate nacional en el que todos los ciudadanos pueden plantear sus inquietudes, quejas y peticiones hasta su finalización el 15 de marzo. Un texto publicado en el diario español El País describe a Macron en mangas de camisa, sentado y tomando apuntes, y demostrando su dominio “exhaustivo” de todos los temas cuando debía responder, como si se tratase de una escena romántica donde todos los problemas encuentran, al fin, la solución.

Nada más alejado de la realidad. Sin bien es cierto que la idea de dar voz a los reclamos de la gente fue un paso a favor del Ejecutivo, el movimiento evidencia los serios problemas que subyacen en la sociedad gala. Aún es una incógnita qué pasará cuando terminen las conversaciones, pero en aras de ser optimistas, los resultados quizá marcarán la agenda del resto del mandato presidencial, de cinco años, o se someterán a referéndum. Sin embargo, expertos señalan que si Macron se limita a responder con reformas institucionales reducirá la crisis a una dimensión política sin atajar la desigualdad social y fiscal que está en el origen del descontento.

Nacido en las redes sociales al margen de partidos políticos y sindicatos, el movimiento ha evolucionado. Ahora es ideológicamente heterogéneo y está más dividido desde el punto de vista estratégico. De las reivindicaciones iniciales, centradas en el poder adquisitivo, se ha pasado a peticiones de carácter político, como el referéndum de iniciativa ciudadana o la supresión del Senado. En un texto de Le Monde Diplomatique, Pierre Rimbert y Serge Halimi destacan que durante este invierno las demandas de justicia fiscal, de mejora del nivel de vida y de rechazo del autoritarismo del poder ocupan el primer plano, pero la lucha contra la explotación salarial y la propiedad social de los medios de producción se encuentran ausentes en gran medida.

Los articulistas afirman también que los “chalecos amarillos” marcan el fracaso de un proyecto originado a finales de los años 1980: el de una “República del centro” que habría acabado con las convulsiones ideológicas expulsando a las clases populares tanto del debate público como de las instituciones políticas. Aún mayoritarias, pero demasiado inquietas, debían dejar paso por completo a la burguesía cultivada.

Hoy día, quienes protestan se unen a afiliados, simpatizantes y líderes sindicales, a los que también se han sumado representantes de partidos políticos de izquierda, prueba de que el movimiento cambia de forma. No obstante, parece que se avecina una tormenta con la aprobación de una ley para contrarrestar los disturbios, cuyo artículo 2 habilita a las autoridades a prohibir la participación en manifestaciones a personas consideradas peligrosas, un atentado a las libertades individuales.

Varios son los factores que indican que los “chalecos amarillos” puedan resurgir del supuesto debilitamiento actual; entre ellos se encuentra el hecho de que lo iniciado en Francia tiene efecto dominó y ya llegó a otros lugares de Europa –Alemania, por ejemplo–, o que anunciaron en enero su decisión de presentar una lista de candidatos a las elecciones al Parlamento Europeo, iniciativa aplaudida por el viceprimer ministro de Italia, Luigi di Maio.

Pese a no tener líderes, han demostrado conducir un proceso duradero; avanzan tras tantos años de políticas incapaces de resolver problemas intrínsecos del orden económico social francés, los cuales, hoy, han provocado un colapso en la sociedad.

 


Mariana Camejo

 
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