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Publicado el 5 Abril, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

COVID-19 en ASIA

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El mundo va recordando el valor incalculable de la solidaridad, esa que China exhibe como estandarte a pesar de sus pérdidas. El continente activa sus iniciativas y se crece también desde el altruismo de un niño indio.

China abraza con acciones concretas y demuestra la efectividad de sus medidas sanitarias (xinhuanet.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Decretan en la República Popular China un día de luto, el 4 de abril, por los mártires que han muerto en la cruzada contra la COVID-19. El Comité Olímpico Internacional (COI) y el Gobierno japonés pospusieron las Olimpiadas para dentro de un año. Tres semanas, a partir del 27 de marzo, durará el toque de queda en Afganistán por la pandemia. Paquete de apoyo millonario paliará las necesidades de los vietnamitas más afectados. En la India niño de seis años se desprende de sus pocos ahorros para ayudar en lo que haga falta.

Son estos algunos de los titulares con los que Asia reporta el estado de sucesos relativos a esta enfermedad respiratoria que tiene patas arriba a un orbe todavía en proceso de asimilación entre lo que vive y lo que muere.

La región exhibe altas cifras de contagiados, ya que solo en China, hasta el 31 de marzo, se habían contabilizado 82 mil 724 casos confirmados. Pero pese a esa impresionante estadística, la nación tenida por todos como un gigante, siguió con su “actitud abierta, transparente y responsable al publicar informaciones epidemiológicas y compartir experiencias de la prevención y el tratamiento, en especial por su asistencia con suministros médicos a los países afectados”. Así lo reconocieron 230 partidos políticos, de cien países, a los que se sumó el Partido Comunista de Cuba, en un llamamiento internacional a la cooperación en esta batalla común.

En el actual proceso de asimilación del trauma, el área geográfica de tal vez mayor acumulación milenaria de cultura vuelve a lucir su proverbial sentido de la inmediatez, sin descuidar las perspectivas de grandeza que, desde hace mucho tiempo, imagina y proyecta para sus pueblos. Asia ha pasado por guerras mundiales y de invasión, procesos descolonizadores, surgimiento de sus “tigres” económicos, boom de tecnologías, profundas crisis financieras, tsunamis, desastres nucleares; sin embargo, parsimoniosamente y con una laboriosidad encomiable se ha levantado sobre sus propios pies para dejar pasmados a medio mundo. Ahora no será diferente.

Bien lo ha dicho Xi Jinping, el mandatario chino, cuando aseguró que su pueblo saldrá adelante sin olvidar su deber para con los demás. Y parece que ese espíritu colaborativo se ha trasladado también al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII).

Despachos noticiosos de la agencia china Xinhua anunciaron, este viernes 3 de abril, “que establecerá un fondo para afrontar crisis, a fin de ayudar a sus miembros a abordar y recuperarse de las presiones económicas, financieras y de salud pública ocasionadas por la pandemia (…) ofrecerá un financiamiento inicial de cinco mil millones de dólares a entidades tanto del sector público como privado que se enfrentan a serios impactos adversos”.

Se trata de un fondo flexible y adaptable que valorará la preparación de proyectos especialmente a los de bajos ingresos, cuyas economías se están viendo particularmente afectadas por la COVID-19, indica el texto consultado por esta redactora. Según Jin Liqun, presidente del BAII “una institución bien gestionada y con un desarrollo robusto debe ser suficientemente ágil para hacer frente a las conmociones externas y ser suficientemente receptiva para adaptarse a las cambiantes necesidades de sus clientes, al tiempo que debe cumplir su misión de promover el desarrollo económico y social de Asia”.

China hermana

Y esa es la particularidad de esta región, la cual cuenta con el ejemplo de una China atravesada de dolor por sus miles de pérdidas humanas, pero que extiende abrazos, no simbólicos en emoticones de las redes sociales, sino concretos y tangibles en acciones humanitarias. Las iniciativas se dan desde las localidades sin esperar que del poder central emane ninguna directriz de solidaridad; la propia vida es la que dicta conciencias: la ciudad de Quanzhou, en la provincia oriental de Fujian, le ha dado un regalo invaluable a Filipinas, al donarle, entre otros artículos, siete mil trajes protectores, dos mil pares de gafas protectoras, termómetros, 920 mil mascarillas médicas y 44.200 cajas de medicina tradicional china.

Tampoco olvidó Beijing a su vecina Afganistán, tierra devastada por años de una guerra injustificada de parte de los Estados Unidos, cuyo presidente trata de desmoralizar y estigmatizar al Gobierno de Beijing y llama a la COVID-19 “gripe china”. En un intento oportunista, politiza la tragedia con ansias electoreras. Y, vaya ironía, el magnate al frente de la Casa Blanca se ufana de ser el mejor en todo, pero bate récords de mentiras y de crueldades, ya que no es capaz ni de salvar a los suyos. Grandes lecciones, en cambio, está dando el socialismo en el mundo: “China está junto al pueblo afgano en el combate al nuevo coronavirus”, manifestó el embajador de la extensa nación en Kabul. La tan necesitada asistencia médica incluye respiradores, trajes protectores y mascarillas. Washington solo ha mandado bombas, que empezaron a llegar con los ataques aéreos, iniciados el 7 de octubre de 2001, con pretextos antiterroristas.

Vietnam cobija

Vietnam no dejará a su pueblo a merced del nuevo coronavirus, porque la justicia social traza la pauta del socialismo. (prensa-latina.cu)

Hay una predisposición tecnocrática de atribuir progreso al asociarlo nada más que con el desarrollo tecnológico, aunque es verdad como un templo que, sin la voluntad política de los gobiernos y los estados, la ciencia y la técnica serán fuente de bienestar únicamente para quienes puedan pagarlo.

Si se miran los desenvolvimientos históricos habrá que batir palmas siempre por la rueda, la máquina de vapor y por la biotecnología. Cada uno de ellos trazó el curso de una época. ¿Quién lo duda. Sin embargo, como yo lo veo, ser progresista, literalmente, es también el real grado de capacidad que tiene una sociedad de compartir entre todos sus recursos. La lucha por la justicia social y la equidad es tan impulsora, o más, de cambios que el mejor de los avances tecnológicos. Ese es uno de los mayores logros del socialismo, también del vietnamita.

Por estos días aciagos los “anamitas” alistan todo su personal científico y de salud, en hermanamiento con los decisores políticos, quienes han propuesto un paquete de apoyo por valor de dos mil 600 millones de dólares para las personas más afectadas por la COVID-19. Tal como informó la agencia de noticias AVN, el ministro de Planificación e Inversión de Vietnam, Nguyen Chi Dung, indicó además que “los beneficiarios de políticas sociales recibirán un monto adicional de 21,8 dólares cada mes en abril, mayo y junio”.

Entretanto, más de dos millones de hogares pobres se favorecerán con 43 dólares durante igual período. Evidencia fehaciente del reparto de la riqueza nacional, a pesar de los esfuerzos asesinos de los yanquis, que intentaron cercenar los sueños de Ho Chi Minh. No pudieron, y hoy desde Hanoi se movilizan al servicio de la gente todos los sistemas existentes. Asimismo, continúa la AVN, unas 760 mil empresas con ingresos anuales inferiores a cuatro mil 400 dólares, y cerradas temporalmente como parte del distanciamiento social, recibirán ayudas de abril a junio. Y en cuanto a los “empleadores, estos pueden pedir préstamo al Banco de Política Social de Vietnam con una tasa de interés de cero por ciento durante 12 meses” para pagar los salarios de sus trabajadores “interruptos”. Decisiones que son como espejos donde se reflejan los deseos del Tío Ho de un país crecido en hermosura humana. Juntos se salvaron del Imperialismo, compartiendo vencerán la pandemia.

Japón medita y decide

Al redactar esta nota Japón había confirmado, a través de su Ministerio de Salud, dos mil 235 infecciones por Covid-19, con la incidencia más alta en Tokio (521 casos). Afortunadamente, alrededor de mil 43 personas se han recuperado. De manera que en este contexto se aprecia todavía más la atinada decisión de posponer los Juegos Olímpicos, que de haberse realizado habrían comprometido la salud de los atletas del mundo. Y que conste, tal postergación lastrará la economía nipona con consecuencias muy negativas en todos los ámbitos. Mucho se había invertido en la cita mundialista de los cinco aros.

Ahora toca, sin embargo, perfilar los planes más adecuados, y sobre eso versó la reunión del primer ministro, Shinzo Abe, con un nutrido grupo de miembros del gobernante Partido Liberal Democrático, según comunicó Kyodo News, este 3 de abril. De la cita derivó un acuerdo de entregar “en efectivo dos mil 800 dólares a cada hogar que sufre de la caída de ingresos en medio de la propagación del nuevo coronavirus”. Es necesario acotar que en la tierra del sol naciente buena parte de la salud es privada, por lo que el apoyo gubernamental será aplaudido por los japoneses.

Niño indio da lección de solidaridad

Aunque la India ha avanzado con pasos seguros desde su independencia, con muchos lucimientos en esferas como la informática o la biotecnología – dedicadas por entero a acabar con el hambre y el mal vivir– todavía le queda un trecho considerable para que el bienestar sea homogéneo. Persisten diferencias clasistas de secular abandono. Contrastes que pasman el alma, de ahí que la siguiente anécdota adquiera el brillo de un diamante: la actitud de desprendimiento de un pequeño de seis años.

¡Atentos, lector, lectora, a esta estampa estremecedora y tierna! El activista indio pro derechos humanos Umar Khalid subió a su cuenta de Twitter un vídeo donde se muestra a un niño, cuyo rostro queda oculto tras un artesanal nasobuco, casi pañuelo. El propósito de este manifestado ante la Policía fue el de querer “aportar su granito de arena al fondo de ayuda anunciado por el primer ministro del país”. El espectáculo conmueve: un agente del orden interior cuenta las monedas en una mesa donde se aprecia una alcancía (hucha cerdito) hecha pedazos.

¿Cuánto se podrá hacer con ese dinero si la nación asiática ya tiene dos mil 547 casos confirmados de COVID-19? Poco, muy poco si se le aplica un valor material; de lo que sí no hay dudas es de que con ese gesto enorme el pueblo indio se llenó con el amor de la natural solidaridad de uno de sus hijos, alguien vulnerable y pobre.

Precisamente es esta la reflexión con la que deseo terminar y que no por repetida debe sonar fastidiosa: estos tiempos excepcionales son de abrir puertas, de tender puentes, de acabar bloqueos, de venerar al personal de salud y a todas las personas y gobiernos de buena voluntad, porque parece que este mal común se quedará por un rato, y no nos pedirá tarjeta de presentación para distinguirnos.

Tal lo confirmó para Asia la Organización Mundial de la Salud (OMS). El director regional, Takeshi Kasai, al margen de los avances chinos en materia de salubridad frente a la COVID-19, aclaró que “la epidemia del nuevo coronavirus está lejos de haber terminado en Asia y el Pacífico. Esta será una batalla a largo plazo y no podemos bajar la guardia”. Con semejante perspectiva llamó a que “todos los países sigan preparándose para la transmisión comunitaria a gran escala”, y puso como ejemplo el aumento de casos importados desde el extranjero en Singapur o Corea del Sur.

Sobrada razón para asumir las experiencias positivas del socialismo en China y en Vietnam. De imitar la sensatez protectora de Japón, pero principalmente de abrigar el desinterés del niño indio, quien a su corta edad ya comprende, como lo hace el pueblo cubano, que se da lo que se tiene, no lo que sobra.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda