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Publicado el 1 Abril, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

COVID-19 en África: Los más necesitados

En el Continente, millones pueden morir de hambre si la economía mundial entra en una recesión prolongada, por eso es imperativo activar los resortes del buen sentido y la solidaridad.

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Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Hay dos reclamos africanos esenciales, inscritos en las dramáticas páginas que la historia humana está escribiendo sobre las espaldas de sus cientos de miles de muertos: ¡Quédate de casa! y ¡Cancelen la deuda de nuestros pueblos!

La solicitud de permanecer quietos en el hogar responde a un imperativo colectivo, recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), a partir de las experiencias de la República Popular China, que demostró la eficacia del llamado aislamiento social.

Pero el segundo pedido es propio de una realidad africana sumergida en las cadenas de valor de la globalización, del capitalismo neoliberal y de la fatal herencia que arrastra, al parecer per saecula saeculorum, de los sistemas coloniales y neocoloniales.

Son varios los gobiernos y los intelectuales de África que le solicitan a los acreedores la cancelación de una parte considerable de la deuda nacional, en especial de aquellas naciones con bajos ingresos. Datos difundidos por el portal web características.co/africa nos actualizan sobre la astronómica cifra que debe el continente, ese que convive con la malaria, la difteria, la falta de agua, los conflictos armados, la emigración o la penetración del terrorismo.

Mucho se podría hacer con los 20 mil millones de dólares que cada año saca la región para felicidad de sus fiadores, tal vez muchos tenidos por entidades amigables. Es este un excelente momento para demostrarlo. La deuda africana fue contraída, en lo fundamental, en la década del 90 del siglo pasado, cuando el mundo financiero y transnacional “redescubrió” las famosas minas del Rey Salomón, para utilizar un simbolismo sobre las enormes riquezas que todavía no se revierten para la mayoría de los pueblos africanos.

Y sin entrar a analizar o a criticar a los gobiernos de la región por maniobras o decisiones económicas dependientes, el universo Occidental y rico debe, a tenor con la hoja critica de la situación actual, reconsiderar posturas que en el futuro pudieran ser catalogadas de usureras. La tragedia no amerita esperas porque, según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, es imprescindible frente a la Covid-19 un estímulo económico por valor de 100 mil millones de dólares, solo para reforzar las medidas preventivas y apoyar a la salud pública.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para África de Naciones Unidas (UNECA, las siglas en inglés), Vera Songwe, es de la opinión que esa ayuda o fondo, la mitad, podría “salir de la exención de pagos de intereses a instituciones multilaterales”. Según la funcionaria, esto “les daría a los países el espacio fiscal necesario para imponer medidas de distanciamiento social, ampliar las redes de seguridad social y equipar hospitales para tratar a los enfermos antes de un aumento esperado de infecciones”.

Debilidades y fortalezas

En entrevista para News24, Songwe admitió debilidades del sistema hospitalario africano, donde hay un promedio de 1.8 camas por mil personas, en un continente que tiene el 23 por ciento mundial de la carga de enfermedades prevenibles y hasta curables. Sin embargo, en el caso que nos ocupa la preocupación se refuerza porque, tal como advierte la OMS, lo peor está por llegar. De momento, y según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, con sede en Addis Abeba, Etiopía, hay, con fecha del 30 de marzo, 4.756 casos positivos declarados y 146 muertes por Covid-19 en 46 países, de los 54 del continente.

Ahora bien, debe pensarse no solo en la magnitud sanitaria, sino además en la carga económica y humanitaria de esta lamentable situación mundial. El Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) indica que “casi la mitad de todos los empleos en África podrían desaparecer, con pérdidas de ingresos que superarán los 220 mil millones en los países en desarrollo”.

Achim Steiner, administrador del PNUD, señala que la creciente crisis de la Covid-19 “amenaza con golpear desproporcionadamente a los países en desarrollo, no solo como una crisis de salud a corto plazo sino como una devastadora crisis social y económica en los meses y años venideros”. Por eso quiero recalcar el pedido hecho por la secretaria ejecutiva de la UNECA, quien insiste en que “se requiere un esfuerzo global coordinado para ayudar a los países y las empresas, y apoyar la recuperación de las economías en todo el mundo”. África es de las más necesitadas.

Pero la región no se duerme en los laureles y activa todos sus resortes movilizativos. La campaña “¡Quédate en casa!” ha tenido el empuje responsable, por ejemplo del presidente de Sudáfrica, Ciril Ramaphosa, al declarar la pandemia un desastre nacional. En ese contexto, decretó cierre de fronteras, escuelas, y prohibió las aglomeraciones de más de 100 personas. Asimismo, llamó al autoaislamiento social. Ante estas medidas no han faltado detractores internos e incluso internacionales. Muchos de ellos se preguntan sobre la real efectividad del no contacto humano teniendo en cuenta, en primer lugar, lo proclive que son los africanos a las reuniones en grupo.

No todos los enfoques, en mi opinión, son desacertados: los analistas sudafricanos Alex Broadbent y Benjamin TH Smart se muestran preocupados por el posible contagio de los niños africanos, porque consideran que son de los sectores más vulnerables, y lo ven muy particularmente de cara al futuro, cuando todo esto pase. Ambos señalan que la OMS formula orientaciones generales, bien para el mundo desarrollado, pero no para África, región que tiene características (económicas y financieras) propiciadoras de “consecuencias más letales que las del virus en sí”. De cualquier manera, hay que ir paso a paso, sin perder, en mi opinión, la perspectiva a largo plazo y en otros planos, más allá de la salud.

La sociedad senegalesa, por ejemplo, cada mañana desinfecta con agua y jabón los mercados de su capital Dakar, ahora cerrados por la Covid-19. También allí han funcionado los llamados de atención a no salir de casa.

Dos llamados, dos verdades

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El doctor Ousmane Faye, del Instituto Pasteur de Senegal, consideró que “la sensibilización de la comunidad debe ser la clave de esta lucha”. El jefe del departamento de virología de dicha entidad investigativa –en primera línea en la lucha contra la Covid-19, tal lo corroboró News24– acumula una enorme experiencia, porque es de esos hijos de África que estuvieron presentes en Guinea y en la República Democrática del Congo para ayudar a detener el ébola. De ahí que varios medios de prensa internacionales y locales estén destacando sus criterios con el fin de que la población tome mayor conciencia. Al escribirse este texto en Senegal habían sido diagnosticados con el nuevo coronavirus 142 personas y ningún fallecido.

Ante la pregunta de News24 de si sentía una conciencia popular en su país, el científico respondió lo siguiente: “Al escuchar la radio, mirar televisión, creo que hay una conciencia. Pero como con todo, siempre hay renuentes. Tendremos que seguir creando conciencia, utilizar psicólogos que nos puedan decir cuáles son los canales de comunicación más apropiados para llegar al máximo número de personas. La conciencia es la clave de esta lucha”. Por otra parte, se mostró consciente de que “es difícil pedirle a alguien que tiene que trabajar por comida que no salga”.

Una vez músicos estadounidenses –los mejores artistas de probada fibra humana– se unieron en un coro de 43 voces y le cantaron a África. Se trató de sensibilizar a la comunidad internacional ante los cientos de miles de fallecidos allí por la hambruna. Eso fue en los años 80 del siglo pasado.

En las actuales circunstancias, en esta disyuntiva cierta entre vivir o morir, y que no es de ciencia ficción, sino que nos tiene entre asustados y batallando, todos nos merecemos una cantata. Pero en algún momento de esa melodía gigantesca que precisamos –empezando por el personal de la salud de cualquier rincón del orbe-, los pensamientos deberían entonar cánticos por la llamada cuna de la humanidad.

Y si no bastara para ser solidarios el saber que las investigaciones genéticas demostraron que de esa región procedemos todos como género humano, al menos debe impactarnos que de los 1,1 mil millones de habitantes de África, el 50 por ciento vive por debajo de la línea de la pobreza, mal casi endémico. Ahora, no obstante el fatalismo con que algunos miran a los africanos, estos intentan salir del subdesarrollo. Y así, en un ejercicio de sensatez promueven dos lemas, indisolublemente ligados para que puedan vencer la Covid-19: “¡Quédate de casa!” y “¡Cancelen la deuda de nuestros pueblos!”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda