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Publicado el 7 Julio, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

COVID-19 en Asia

Heroicidad poco comentada

El 30 de abril, en el  aniversario 45 de su liberación, Vietnam anunció que estaba libre de la COVID-19. (Caricatura de Jorge Sánchez Armas)

El 30 de abril, en el aniversario 45 de su liberación, Vietnam anunció que estaba libre de la COVID-19. (Caricatura de Jorge Sánchez Armas)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La noticia debería ser titular de primera plana o nota de color de los blogueros que tanto despotrican contra el socialismo. El hecho de que en Vietnam hasta el momento no haya habido muertes por el nuevo coronavirus es algo más que alentador, pero al parecer la nación está demasiado lejos y, por tanto, resulta irrelevante para los medios de prensa hegemónicos. Tampoco seduce la realidad china, con sus entramados solidarios que hacen posible controlar la epidemia en un tiempo prudencial y brindar ayuda a los demás. ¿Tal actitud silenciadora se debe al poco interés hacia las llamadas  culturas “exóticas”? Quizás Asia siga siendo una región desconocida para el gran público, pero cómo se entiende que si la República Popular China y la República Socialista de Vietnam muestran resultados para imitar se le dediquen tan poca atención. La variable político-ideológica se cuela en esos medios autocalificados de objetivos.

Y he aquí un dato irrebatible para tener en cuenta: este 24 de junio, la prensa vietnamita anunció que su paciente más grave por COVID-19, un piloto británico, rebasó la enfermedad y se encuentra estable. La profesora Pham Thi Ngoc Thao, subdirectora del hospital de Cho Ray, en Ciudad Ho Chi Minh, donde estuvo ingresado el enfermo, aseguró que “en algún momento pareció estar cerca de la muerte, pero se salvó con las intervenciones médicas apropiadas” tras cien días de ingreso. ¿Milagro?

La gran lección

Para el representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China, el doctor Gauden Galea, la gran lección para el mundo es el necesario enfoque sobre lo importante que es tener un “sistema de salud pública muy sólido”. También un factor de atención es la enorme articulación de acciones entre el poder político, léase los partidos comunistas de China y Vietnam, con el conjunto de la sociedad civil, que potenciaron la institucionalidad creada en las varias décadas de un sistema social más equitativo que el capitalismo.

Según el experto, “en momentos de calma es muy fácil olvidar la inversión o subestimar la importancia de invertir en una fuerza de salud pública robusta, en planes de preparación sólidos, en capacidad de los laboratorios, en reservas de equipo de protección personal. Es una lección que todos los países deben entender para no tener que aprender al momento de enfrentar pandemias similares”.

Trabajadores sanitarios recolectan muestras de sangre en Beijing (XINHUA)

Trabajadores sanitarios recolectan muestras de sangre en Beijing (XINHUA)

Tampoco debe dejarse en el tintero que lo cosechado en materia de sanidad por estos países asiáticos se deriva de sus fabulosos resultados económicos. En lo que respecta a Vietnam, este ha aplicado desde 1986 una serie de reformas económicas y sociales conocidas por Doi Moi, o Renovación, con la cual han salido de la pobreza buena parte de los 97 millones de habitantes. Así, a la sombra de una política de economía de mercado de orientación socialista, se ha convertido en un país en desarrollo y de ingresos medios-bajos con un avance sustancial en sus condiciones de vida, entre las que se incluyen la higiene ambiental.

También la historia pesa: sus principales dirigentes llamaron a la nación a superar el Sars-CoV-2 con las misma heroicidad que le permitió derrotar invasores. Un despacho de Prensa Latina, fechado el 25 de abril en Hanói, clarificó que en Vietnam se concibió una guerra contra la Covid-19 en estrecha comunión entre el alto mando: el Partido Comunista y el Gobierno, y los combatientes: la ciudadanía.

Hay que destacar, además, los sistemas de evaluación temprana de los riesgos, seguida de una resuelta toma de decisiones, por duras que parecieran. Por eso cuando, el 30 de abril, se conmemoró el  aniversario 45 de su liberación, el país indochino  anunció que estaba libre de la enfermedad.

Un gigante consecuente

A la altura del 31 de marzo, se habían contabilizado en China 82 mil 724 casos confirmados, pero a pesar de esa impresionante estadística el gigante siguió con su actitud abierta, transparente y responsable, al publicar informaciones epidemiológicas y compartir experiencias de la prevención y el tratamiento, en especial por su asistencia con suministros médicos a los países afectados. Así lo reconocieron 230 organizaciones políticas, de cien países, a los que se sumó el Partido Comunista de Cuba, en un llamamiento internacional a la cooperación en esta batalla común.

En el actual proceso de asimilación del trauma, el área geográfica de tal vez mayor acumulación milenaria de cultura vuelve a lucir su proverbial sentido de la inmediatez, sin descuidar las perspectivas de grandeza que, desde hace mucho tiempo, imagina y proyecta para sus pueblos. Asia ha pasado por guerras mundiales y de invasión, procesos descolonizadores, surgimiento de “tigres” económicos, boom de tecnologías, profundas crisis financieras, tsunamis, desastres nucleares; sin embargo, parsimoniosamente y con una laboriosidad encomiable se ha levantado sobre sus propios pies para dejar pasmado a medio mundo. Ahora no será diferente.

Bien lo ha dicho Xi Jinping, el mandatario chino, cuando aseguró que su pueblo saldrá adelante, sin olvidar su deber para con los demás. Y parece que ese espíritu colaborativo se ha trasladado también al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), que ya anunció un fondo para afrontar crisis, a fin de ayudar a sus miembros a abordar y recuperarse de las presiones económicas, financieras y de salud pública ocasionadas por la pandemia, y ofrecerá asimismo un financiamiento inicial de cinco mil millones de dólares a entidades tanto del sector público como privado que se enfrentan a serios impactos adversos.

Estos tiempos excepcionales son de abrir puertas, de tender puentes, de acabar bloqueos, de venerar al personal de salud y a todas las personas y gobiernos de buena voluntad, porque este mal compartido se quedará por un rato, como advierten los científicos,  y no nos pedirá tarjeta de presentación para distinguirnos.

Y cuando parecía que el coloso asiático iba en caída libre, con efectos devastadores para su economía, las potencialidades afloran incluso ahora, con los nuevos casos de contagios detectados en Beijing, corazón de China, a dónde viajaban turistas de todo el mundo para constatar el cambio y la modernidad.  Si bien es cierto que la llamada industria del ocio prevé una caída de 69 por ciento en sus ganancias durante el primer trimestre, pérdidas por más de 168 mil millones de dólares, la ciudad tiene reservas en su consumo interno y en otras esferas económicas. Y aunque Shanghai es considerado el centro económico de la nación, muchas empresas tienen su sede en la capital.

Sobrada razón para asumir las experiencias positivas del socialismo en Vietnam y China.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda