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Publicado el 21 Julio, 2020 por Prensa Latina en Mundo
 
 

'¡Doctora, sálveme a mi hijo!'

En Angola, anécdotas cotidianas de una pediatra de Cuba

Médico pediatra cubana en Angola

Foto: Prensa latina

Por María Julia Mayoral *

Luanda (Prensa Latina) Hace 25 años que ejerce como médico, pero el desespero de una madre pidiendo salvación para su hijo, nunca deja de ser un momento desgarrador, confiesa en Angola la pediatra cubana Mariela del Carmen Pérez.  Oriunda de la central provincia de Cienfuegos, arribó a esta nación africana en julio de 2017, con la experiencia asistencial de dos años en Bolivia y las vivencias frescas del quehacer en el Policlínico Comunitario Docente Manuel Piti Fajardo de Cruces, su pueblo natal.

Desde la llegada a Angola, la profesora y especialista de primer grado en Pediatría labora en el Hospital Municipal de Cacuaco, donde también coordina el trabajo de la brigada médica cubana, compuesta por 16 colaboradores.

En el equipo hay pediatras, expertos en Medicina Intensiva y General Integral (MGI), ginecología, otorrinolaringología, ortopedia, oftalmología, siquiatría y epidemiología, así como licenciados en anestesiología, imagenología y laboratorio clínico, explicó a Prensa Latina.

Perteneciente a la provincia de Luanda, el hospital de Cacuaco fue inaugurado 10 de mayo de 2012 y en julio de ese mismo año recibió a los primeros galenos y técnicos de la mayor de las Antillas, con un impacto positivo por la prestación de servicios especializados.

El municipio tiene alrededor de un millón 300 mil habitantes, distribuidos en 57 barrios, pero solo posee 16 centros de Salud Pública en las principales comunas, lo que no satisface las necesidades de la población.

A sabiendas de esa realidad, ‘tratamos de hacer el máximo posible’; en el hospital hay 48 galenos: 35 angoleños, siete de los cuales son especialistas, y 13 cubanos, todos con estudios adicionales en distintas disciplinas.

En opinión de la entrevistada, colegas nacionales y cubanos conforman allí un colectivo con excelentes relaciones interpersonales bajo los principios de la solidaridad y la ayuda mutua.

Los especialistas en MGI, distinguió, están insertados en los servicios de Medicina y Pediatría; además, apoyan la formación de los profesionales angoleños, en conjunto con el resto del equipo, a través de pases de visitas a los pacientes y discusiones de casos clínicos, transmitiendo sus experiencias científicas y elevando la percepción de riesgo con un enfoque preventivo.

Al decir de la profesora, la actividad diaria no se restringe al tratamiento de los enfermos, también aborda el estudio de los factores que inciden en la prevalencia de enfermedades infecciosas y crónicas no transmisibles.

Debido a las condiciones del entorno, lamentó, la morbilidad en el centro es muy elevada, a causa fundamentalmente de la malaria con disfunción hematológica, la malnutrición grave y la sepsis neonatal.

Para los integrantes de la brigada, significa un aprendizaje continuo, al lidiar con patologías estudiadas durante la carrera, pero que nunca trataron en Cuba porque fueron erradicadas hace tiempo, como la rabia humana y el tétano neonatal, argumentó.

Por el pueblo de Angola, afirmó, siente una gran admiración y respeto; ‘a pesar de sus carencias y necesidades, es un pueblo fuerte y valiente, que tiene fe y confianza en nuestros profesionales’.

EN ÉPOCA DE LA COVID-19

Bajo la amenaza de la Covid-19, indicó, fue preciso introducir cambios en la rutina diaria: hubo que extremar las medidas de bioseguridad, apelar al distanciamiento físico, el uso constante de las máscaras faciales y al empleo de normas más rigurosas de higienización sin afectar la calidad en la atención médica.

Angola medico pediatra cubana

Foto: Prensa lagtina

Una de las cosas que más extraña, comentó, es el contacto afectivo con los pacientes, acostumbrada durante años a cargar a los niños, a recibir besos y abrazos de quienes entraban a su consulta.

‘No existe nada más gratificante que la sonrisa de un niño cuando logras calmar el dolor o salvarle la vida, cuando ves el agradecimiento reflejado en el rostro de los familiares’, opinó.

Muchas veces, contó, resulta difícil aceptar la realidad; por ejemplo, la demora de los enfermos en acudir al hospital porque tienen dificultades económicas en sus hogares o viven en zonas distantes.

‘Es doloroso ver llegar a los padres con los niños en brazos o a sus espaldas sin fuerzas para sostenerse y la súplica en los rostros en busca de ayuda’, juzgó.

Cuántas veces ha escuchado la misma frase: ‘¡Doctora, sálveme a mi hijo!’; Mariela ha perdido la cuenta en cinco lustros de ejercicio médico y 14 años como pediatra, pero guarda la impronta imborrable de esos instantes difíciles cuando se exige a sí misma: ‘Tengo que crecerme, como profesional y ser humano’.

El PEQUEÑO GUERRERO

En uno de esos tantos días, recibieron en el hospital de Cacuaco a un recién nacido, flácido, frío, con sangramiento profuso a través del cordón umbilical, pocos pensaban que lograría sobrevivir. El alumbramiento había ocurrido en un parto casero, sin medios para enfrentar la urgencia.

Todo el equipo de trabajo se movilizó para ayudar, ‘tampoco teníamos en ese momento las condiciones óptimas: bajo la luz de una lámpara de mano, logramos suturar y contener el sangrado, para luego aplicarle dos transfusiones de sangre’, rememoró la pediatra.

A la mañana siguiente, durante el pase de visita a los ingresados, ‘para sorpresa mía, el neonato succionaba ávidamente, cobijado en regazo de la madre, que sonriente me dijo: ‘Gracias doctora…, ¡es un guerrero!’.

*Corresponsal de Prensa Latina en Angola.


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