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Publicado el 27 Septiembre, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Puerto Rico, Patria Nueva

La sociedad puertorriqueña se mueve. Los independentistas hacen justa y digna campaña electoral
El Partido Independentista de Puerto Rico pone el punto sobre las íes a través del Programa Patria Nueva.

Juan Dalmau, candidato a la gobernación del Partido Independentista Puertorriqueño, PIP. (Foto: cloudfront.net)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Mientras la gobernadora Wanda Vázquez y la procuradora de las mujeres, Lersy Boria se ensarzaban en una discusión pública frente al auge de los feminicidios en la isla, con acusaciones mutuas de inoperancia, el Partido Independentista de Puerto Rico (PIP) pone el punto sobre las íes a través del Programa Patria Nueva que, entre sus asuntos más sensibles, late contra la violencia de género.

De cara al venidero 3 de noviembre, los boricuas asistirán a las urnas, y alguien pudiera pensar que las críticas del PIP responden a caprichos electoreros, sépase que no. En la llamada Isla del Encanto ha habido, en 2020, 52 feminicidios y han desaparecido 18 muchachas. Este panorama brutal ha concitado la atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según estudios en Puerto Rico se ha producido un desmantelamiento conceptual de la Oficina de la Procuradora de la Mujer. En ese sentido, el abogado y senador, Juan Dalmau Martínez, postulante además a la Gobernación, declaró que “la Oficina de la Procuradora de las Mujeres ha demostrado ser ineficaz en su función, y las demás agencias– la Policía, el Departamento de la Salud, el Departamento de la Familia- se hacen de la vista larga ante su responsabilidad en esta crisis”, afirmó el también Presidente de los independentistas.

El PIP, sin embargo, es mucho más que un bastión para encauzar con pasión y valentía las pequeñas-grandes tragedias cotidianas. En estas batallas el pueblo aquilata que la noción de país va más allá de honrar la bandera en un juego de baseball o escuchar plena sintiendo cómo el cuerpo exclama Viva Puerto Rico.

La nación boricua ha pasado por mucho, particularmente en los últimos diez años. Tantos han sido sus desengaños que en julio de 2019 se volcó multitudinariamente a la calle exigiendo la renuncia de Ricardo Roselló con acusaciones de corrupción, abuso de poder y abandono de sus deberes. Tras una puja que llevó a juramentar inconstitucionalmente a Pedro Pierlusi, el Tribunal Supremo al final colocó al frente de Fortaleza (casa de gobierno) a la entonces secretaria de Justicia Wanda Vázquez. De ese tiempo a esta parte se han visto deterioradas las condiciones de vida.

De ahí que para el PIP la lucha sea amplia y muy profunda que pasa por la participación cívica, electoral, como mecanismo para el logro de la autodeterminación e independencia de Puerto Rico, porque hay que recordar que la tierra borinqueña está bajo la bota yanqui bajo el engañoso termino de Estado Libre Asociado (ELA), lo cual no significa en absoluto que pueda tener sus propios representantes ante el Congreso de los EE.UU.

El analista boricua Luis Díaz desenmascaró esta condición a la multinacional noticiosa TeleSur aclarando que su nación solo puede tener un “comisionado residente” en Washington con derecho al habla, pero sin voto “ni siquiera por sus propias propuestas”. A eso se le añade que hay un grupo de poder en los EE. UU. y en la propia Isla que desea convertir a Puerto Rico en la estrella 51. La lucha del PIP es por tanto álgida.

Desaliento no hay, al contrario. La gente va asumiendo la verdad de la realidad y sus perspectivas, donde el actual escenario político va más allá de la renuncia de un funcionario electo. El Programa de Patria Nueva bien indica que “a través de las asambleas de pueblo, en las redes sociales, en foros públicos, en las manifestaciones en las calles, ha aflorado la exigencia de un nuevo ordenamiento que nazca de la voluntad soberana del Pueblo puertorriqueño”: meta y camino del independentismo.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda