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Publicado el 23 Agosto, 2016 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Margot Machado, símbolo de sapiencia

Durante la jornada de celebración de sus 100 años de vida tuve la posibilidad de entrevistarla y valorar que, cuando la mayor parte de las mujeres cubanas cumplían al pie de la letra el mandato social de permanecer en la casa, procreando y cuidando a los hijos, ella caminaba hacia la luz y tenía el coraje de viajar todos los sábados desde Las Villas a La Habana, para alcanzar el grado científico de Doctora en Pedagogía
Margot Machado.

“Son muchas más las personas de bien que ansían y trabajan por la paz”, me aseguró Margot, durante la conversación que para esta reportera fue memorable. (Foto: vanguardia.cu).

Por  IRENE IZQUIERDO

I

“¿Sabes qué es esto?”. Me preguntó después de los saludos de rigor. Y sin esperar respuesta dijo: “la Biblia”. Era la primera vez que tenía delante a Margot Machado Padrón y quedé fascinada, no solo por ver la vitalidad que irradiaba pasado ya su primer siglo de vida, sino también porque siempre brotaban en ella las dotes de pedagoga excepcional.

“Estoy loca buscando –lo que ocurre es que no tengo tiempo- la entrevista de Cristo con la Samaritana; quiero ver qué es eso… Me gusta mucho aprender. Y siempre sé que no se nada”, agregó la mujer que había consagrado la vida a dar, en especial, sabiduría, ejemplo de entrega y amor.

Nacida el 24 de septiembre de 1909, en el poblado de Báez, antigua provincia de Las Villas –ahora pertenece a Placetas-, era la mayor de 14 hermanos. Sobresalió siempre por su avidez de conocimientos, tanto, que la madre le llamaba ‘María Sabiduría’. De esa niñez recordaba que en 1920 dos hermanitos murieron, uno de tosferina y el otro, de complicaciones con el sarampión.

También rememoraba que en esa época cantó, en el teatro La Caridad, Enrico Caruso. “Las entradas se agotaron rápido y las personas que no pudieron comprarlas se situaron cerca del teatro, entonces él mandó a abrir las puertas para que todo el mundo pudiera verlo.

“En ese teatro cantó también Zoila Gálvez. Yo tenía 11 años. Unos amigos de mi familia me invitaron. Eso es cultura que se va aprendiendo desde niños, porque la cultura depende también del interés personal”.

¿Cómo ve Margot Machado a su propio yo?

-Saramago terminó un discurso algún tiempo atrás preguntando ¿qué es un ser humano? Desde entonces estoy pensando en eso. He tratado de contestar y encontré una respuesta que no me satisface del todo. Por eso me he puesto a pensar quién soy yo. Está claro que ahora cumplo 100 años –el próximo septiembre cumpliría 107-: ¡larga vida! Coincide que fui combatiente, no de la Generación del Centenario, sino de una etapa anterior. Mis hijos me incorporaron a la lucha.

“Por supuesto, cuando yo hablaba con ellos, me decían que yo los había formado. El seudónimo del mayor, Quintín Tomás Pino Machado era Ignacio, por Ignacio Agramonte. Tuve cuatro más: Julio Rafael, Casiana Margarita, Verena Estela y Berta de los Dolores.

¿Estudió magisterio por alguna razón especial?

-No, siempre me ha gustado enseñar. Me hice Doctora en Pedagogía en 1937, cuando en Cuba había una sola universidad, la de La Habana. Tenía el coraje de venir los sábados desde mi pueblo hasta la capital.

¿Cómo llegó usted a la lucha revolucionaria?

-El primero que entró en acción fue Quintín. Antes de morir el padre, en 1954, había caído preso en La Habana. Al enterarme, llamé a Julio -también estaba en la lucha y era muy conocedor de la ideología- y le orienté buscarlo por todas las estaciones de policía hasta encontrarlo, porque en aquellos momentos mataban a los jóvenes sin miramientos. Supe más tarde que se había producido un motín en la Universidad y prendieron al grupo, pero enseguida los soltaron a todos.

“La situación se había puesto muy dura y Quintín retornó a la provincia. Julio y Margarita se quedaron aquí. Abrí una escuela privada que la denominé Instituto Lincoln, no para obtener ganancias, sino para hacer pedagogía y cosas  nuevas. Quintín daba clases, yo también y parte de la familia

“Quintín estaba de lleno en la lucha. Melba y Haydee lo visitaron y yo le dije que no tenía que ocultarse de mí. Melba estuvo en casa algunos días y aprendí mucho con ella. Había ido por mandato del movimiento a ver a unas personas –todavía Fidel no estaba en México-, una de las cuales se le negó y vi la inteligencia con la que trató el problema. Más adelante, cuando fui una luchadora comprometida por completo utilicé el sistema que le había vista a Melba durante aquella visita a Santa Clara.

“Allí estuvieron muchos compañeros destacados en la lucha. En nuestra casa pusieron una placa que decía: “Esta casa fue un baluarte en la lucha contra Batista. Aquí vivió Julio Pino Machado”.

II

Margot dibujada por Antonio Guerrero.

La pedagoga vista por Antonio Guerrero a través de sus pinceles.

En una oportunidad Quintín le dijo que había necesidad de ir a Oriente a una entrevista con Frank País; él no podía hacerlo porque estaba fichado. Le dio la misión a la madre. Como ella todos los días iba al parque para trasladarse hacia distintos puntos de la provincia, en virtud de desempeñar sus funciones de inspectora, un viaje más no despertaría sospechas.

Durante la entrevista con la destacada luchadora conocimos detalles acerca del enmascaramiento de la tarea y del traslado hacia la región oriental.

“La escuela tenía un carro. Dije a los vecinos y amigos que iba a pagar una promesa en El Cobre –aunque nunca he sido religiosa-; manejaba un compañero que hoy es mártir de la Revolución, Rodolfo de las Casas; iban también las esposas de dirigentes del Movimiento 26 de Julio y mis hijas.

“Para la entrevista todo estaba programado. Era en casa de Cayita Araujo. Estaban María Antonia y Max, sus hijos. Conocí a Frank, a quien le entregué el mensaje que Quintín le había enviado. Para mí, en ese momento, una revolución era más escuelas, material escolar y, por la parte de mi marido, medicinas y más hospitales: hasta ahí, nada más.

“Cumplí y allí, hablando con Max Figueroa, estaban dos compañeros que se referían a la necesidad de que Cuba hiciera menos importaciones y sembrara arroz, dos cosas de las que se habla mucho hoy. Entonces me di cuenta de que la revolución era algo más que educación y salud. Me di cuenta de que era preciso buscar renglones que aportaran riquezas. Aprendí mucho en Santiago de Cuba”.

¿Hubo más misiones al regreso?

-Quintín solicitó que viniera a La Habana a ver a Ñico López. Esa entrevista fue en casa de Melba. Al poco tiempo Quintín cayó preso y estaba mandado a matar. No lo asesinaron porque lo detuvieron en Cienfuegos. Yo había vuelto a la capital para buscar noticias acerca del desembarco de los expedicionarios del Granma. Se decía que Fidel estaba muerto y muchas personas creían lo que decía la prensa. Yo estaba segura de que no era así, porque si Batista hubiera tenido el cadáver de Fidel, lo hubiera paseado de una punta a la otra de la isla.

¿Desde cuándo formó parte de la dirección del M-26-7?

-En una oportunidad Faustino Pérez vino a Santa Clara a interesarse por la situación. Le dije que estábamos preparados y reuní a un grupo de personas capaces de responder. Los convoqué y no les dije para qué era. Después estuve en el lugar para comprobar si todas las personas habían respondido y me marché. Cuando se acabó la reunión Faustino vino a casa a preguntarme por qué me había ido. Desde ese momento decidió que integrara la dirección del Movimiento. Me nombraron tesorera.

“Estuvimos más organizados. Nombraron a un coordinador, un jefe de Acción y Sabotaje… Comenzamos a trabajar y arreció el hostigamiento de la policía. Cuando ya era coordinadora del Movimiento, un compañero nuestro tenía un confidente en el ejército y le dijo que Pilar García había mandado al hijo a Santa Clara para que me prendiera de cualquier manera. Me alertó acerca de lo que eso significaba: mi muerte. Tuve que abandonar la casa.

“No me fui de Santa Clara por mi cuenta; antes le entregué el cargo a Enrique Oltuski. Pensé irme para Placetas, donde desde poco tiempo antes funcionaba una escuela religiosa, de monjas, que yo inspeccionaba. La directora sospechaba de mis actividades, y un día me dijo que, si me veía en apuros, podía ir para allí, donde me esconderían. Así era la cosa en aquellos momentos; sin el apoyo del pueblo no hubiéramos podido lograr el triunfo”.

¿En qué condiciones salió de su provincia?

-Cuando entregué el cargo, pensé que podía ir a dormir a mi casa. La misma noche que decidí hacerlo, aproximadamente a las 2:00 de la madrugada, estaba la policía tumbándome la puerta. Mi hija Berta, la más pequeña, me sacó por la puerta trasera. Caímos en el traspatio de la casa de una familia que no estaba en la lucha, pero me ayudó.

III

Fidel y Margot en los preparativos de la Campaña de alfabetización.

Fidel intercambia con Margot en las jornadas de preparación de la Campaña de Alfabetización.

En La Habana, estuvo trabajando con el M-26-7 hasta que la tiranía conoció acerca de su paradero. Estaba escondida en la casa del representante de la firma Faiser en Cuba. Cuando llegó el representante para toda América, le explicaron la situación, y se prestó para ayudarla a salir del país. La llevó para la embajada de Guatemala, de donde el Movimiento la autorizó a partir hacia el exilio.

“Estuve un tiempo en Guatemala, con los compañeros del Movimiento, pero en eso, en Honduras había una cubana de la época de Sánchez Arango, con la que yo había trabajado y me mandó a buscar. Ella quería que yo trabajara en la Universidad, pero le dije que no, que yo estaba a disposición del Movimiento.

“De todas maneras no me gustó la gente que estaba allí, con decirte que el esposo de esa amiga era drogadicto y se decía asilado y era mentira. También me pidió dinero, y se lo di.

“Había un cubano que viajaba por todos esos lugares y me dijo que tenía un pasaje para Venezuela, en avión y me lo dio. Llegué a ese país sin contactos, ni nada. Iba con mi viejo maletín lleno de libros, entre ellos uno comprado en Guatemala, que se llamaba Cómo opera el capital yanqui en América Latina.  Ese era mi único equipaje y se extravió, finalmente apareció, al reclamarlo.

“No tenía contactos. Llevaba una carta para hospedarme en un hotel en Maiquetía, cerca de Caracas. El administrador me comunicó que el dueño no estaba, por una situación familiar. No obstante dijo que podía quedarme, pues él conoció a la persona que escribió la carta. De todas maneras, me fui en busca de otros compañeros y me hospedé en el hotel Arecuna. Había personas que me conocía e inmediatamente me hicieron coordinadora del Movimiento en Caracas, donde permanecí hasta el triunfo de la Revolución”.

 ¿Qué experimentó cuando le solicitaron quedarse?

-Un dolor muy grande. ¡Imagínate, después de tanto tiempo…! En los primeros días de enero pusieron un avión para que regresáramos. Alguien dijo que yo debía quedarme por la influencia que ejercía en los compañeros jóvenes que estaban allá. La decisión me dolió tanto que abandoné la reunión. Entonces Gerardo Pérez Puelles dijo que eso no era justo, porque hacía mucho tiempo que yo estaba separada de mi familia. Él decidió quedarse y pude venir, el 4 de enero.

“Aterrizamos en Santiago de Cuba. Yo iba en busca de un automóvil y cuando iba a Salir, los que estaban en la posta me conocían y fueron todos a saludarme; enseguida empecé a regañarlos porque habían abandonado la guardia, entonces me informaron que el jefe era mi hijo Quintín. Decidí quedarme y partí rumbo a la oficina. El que estaba de guardia no me dejaba entrar, a pesar de que hasta había visitado mi saca en Santa Clara. Le dije una palabrota y entré. En un primer momento no estaba, ero cuando llegó y me vio, aquellos fue muy emotivo, nos dimos un gran abrazo, porque hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Enseguida me puso a trabajar. Luego me pidió que me quedara aquí en La Habana, que no volviera para Santa Clara.

“Te voy a confesar algo: Yo no tenía conciencia de que lo que yo había hecho era tanto y tan importante. Para mí era lo mismo que trabajar en una escuela. Un día Vilma Espín me preguntó ‘¿Margot, cómo usted pudo hacer tanto?’ Y me asombré. Era muy fuerte la crueldad de Batista, sobre todo a los jóvenes. Yo tenía un hijo muerto, el otro preso, y estaba perseguida. Había ido muchas veces a Santiago o a La Habana para entrevistarme con los dirigentes, pero no me daba cuenta de que era tan importante: Se da un hecho, yo no era de la Generación del Centenario, sino de la época anterior, lo cual demuestra que este pueblo está conformado por varias generaciones. Y se ha mantenido”.

¿Qué hizo acá, en La Habana?

-Por el propio Movimiento tuve que ir al exilio. Al regresar me nombraron viceministro de Educación, la única mujer con un cargo importante, según me dicen algunos compañeros, pero permanecí ahí solo algo más de un año, porque como soy tan fuerte, sentía que no podía hacer lo que yo quería, y soy muy voluntariosa; tengo que tener convencimiento de lo que estoy haciendo. No puedo hacer una cosa porque me mandan.

“Le dije a Armando Hart que me iba, pues tenía edad y tiempo de servicio para jubilarme. Solicité que me dieran un cargo de inspectora, porque el mío Batista me lo había quitado y ya no existía”.

IV

Honras fúnebres de Margot Machado.

En las honras fúnebres de la destacada combatiente, junto al el homenaje del pueblo, estuvo el del líder de la Revolución Fidel Castro Ruz y del Presidente Raúl Castro Ruz. (granma.cu).

Esta extraordinaria mujer se fue para la casa a leer sus libros de marxismo. A una de las hijas la visitaba un joven que trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex). Una noche, bien tarde, la llamó por teléfono para pedirle que fuera a ese organismo. La recogió y al llegar al lugar, le dijeron que querían que ocupara la subjefatura de cancillería, y les respondió que ella no sabía nada de protocolo, por lo que era muy posible que metiera la pata, y la respuesta fue “se la ayudamos a sacar”.

“Yo hacía el trabajo gratuitamente. En una oportunidad anuncié que me iba, porque no estaba de acuerdo con algunas cosas que estaba viendo. Me senté frente a la máquina y expuse mis razones en una carta que hice, y cuando la presenté, la leyeron y me dijeron que ya los responsables de aquellos males no estaban allí. Me quedé. Al pasar varias semanas me dijeron que en pasaportes consulares había un problema: ¡80 mil solicitudes atrasadas! Ese es un documento al cual tiene derecho todo ciudadano.

“Más tarde me nombraron jefa de la Dirección de Cancillería, y sacamos el trabajo adelante. Estuve en el MINREX como cinco años. Después fui diplomática y tengo la gloria de haber sido propuesta por Raúl Roa para ser embajadora en Chile, cuando el gobierno de la Unidad Popular, presidido por Salvador Allende, pero no acepté. Fui para México como consejera política. Cuando regresé estuve trabajando en la atención a delegaciones que iban para el exterior.

Después que solicité mi baja en el MINREX me dediqué a colaborar mucho con la Federación de Mujeres Cubanas. Cuando ocurrió el secuestro del pequeño Elián González, Vilma me solicitó hacer la ponencia. Lo único que dije fue, ¡Qué cese la indolencia de los que deben poner término a la angustia de un niño, de un padre, de un pueblo…!

“En ese momento ya tenía 90 años. Después me quedé trabajando desde la casa, dándole respuesta a las cartas que enviaban a la FMC, hasta hace dos o tres años”.

¿Qué es para usted el trabajo?

-Estoy tan acostumbrada a trabajar que ahora mismo trato de hacer algo. Me gusta mucho el orden y, sobre todo, leer. Leo Granma diariamente y en la TV veo la Mesa Redonda y el Noticiero.

“Este libro –tomó uno de los tantos textos que la rodeaban y me lo mostró- sobre la cultura de su país, me lo regaló un chino hace más de 60 años. Era bodeguero en Santa Clara, compró un billete de la lotería, se lo sacó, vendió la bodega y se fue, pero antes de irse me regaló el libro. Dijo: ‘Antes de irme fui a El Encanto a comprarte este libro, porque eres la única persona que me ha hablado bien de mi país aquí’.

“Permanezco al tanto de lo que puedo, y hasta donde da mi mente, de los problemas internacionales. Hay compañeros que vienen aquí y hablan conmigo. También hablamos de las dificultades, pero siempre soy optimista. Tengo mucha fe en el ser humano y en Cuba hay la particularidad de que a este pueblo le gusta la cultura. Me interesa mucho la integración de América Latina y, a pesar de los pesares, se va ganando terreno. Chávez está dirigiendo; Evo igual; Correa… Lamentablemente, se produjo un golpe de estado en Honduras… Yo no creo que Estados Unidos pueda seguir manteniendo ese espíritu guerrerista.

“La conducta prepotente de muchos gobernantes tiene que cambiar; la actitud guerrerista no puede seguir, eso llevará al mundo al holocausto. No obstante, aunque yo no lo viva, me parece que el porvenir es prometedor, son muchas más las personas de bien que ansían y trabajan por la paz”.

Nota: Margot, la eterna maestra de generaciones, falleció el 30 de mayo de 2015. Entre las ofrendas florales ofrecidas como póstumo homenaje estaban las del Comandante en Jefe Fidel Castro y la del Presidente de los Consejos de estado y de Ministros Raúl Castro Ruz.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo