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Publicado el 5 Diciembre, 2016 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

Beso eterno

Al principio, la noticia fue como una pesadilla, de esas que nunca queremos tener. Pero sí, era cierto. Luego siguieron horas de infinita tristeza, había muerto el guerrillero invencible, orador profundo, visionario y profeta
Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Los maestros hablaban de quien escaló montañas y asentó la dignidad humana en la cima del Turquino. (Foto: radiorebelde.cu).

Por DELIA REYES GARCÍA

Solo se escucha el trinar de los pájaros en el cementerio de Santa Ifigenia. Es una mañana clara de diciembre y el dolor rompe corazones, desgarra el alma. Martí abre sus brazos para recibir a su mejor discípulo, al hijo amado. A lo lejos la sierra toda se inclina reverenciando al hombre. Las palmas lloran también…

Al principio, la noticia fue como una pesadilla, de esas que nunca queremos tener. Pero sí, era cierto. Luego siguieron horas de infinita tristeza, había muerto el guerrillero invencible, orador profundo, visionario y profeta.

Entonces empecé a buscar en mis recuerdos cuando fue la primera vez que supe de él. Tenía cuatro años, y mi papá me enseñaba a escribir su nombre. Luego lo vi muchas veces en la plaza y en la pantalla del televisor.

Los maestros entonces hablaban del joven rebelde que no dejó morir al apóstol, justo en el año de su centenario; de quien escaló montañas y asentó la dignidad humana en la cima del Turquino.

Años después, lo conocí personalmente y besé su rostro barbudo. Fue un día imborrable. Aprendí a amarlo como se ama a un padre. En estas aciagas horas, lo he llorado como tal. La consternación es infinita, y eterna será siempre mi veneración a Fidel.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia