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Publicado el 10 Mayo, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

¿”Cuentapropistas” con tanto desarrollo industrial?

Imagen ilustrativa: Periódico Trabajadores

Enrique Valdés Machín

Recientemente mientras caminaba por barrios de La Habana  quedé impresionado con el “desarrollo industrial” alcanzado por buena parte de los trabajadores por cuenta propia, que operan desde las llamadas mesitas hasta aquellos disgregados en espacios públicos,  alrededor de establecimientos estatales y hasta dentro de las propias áreas de algunos.

Por esos días me pregunté cómo es posible que la industria cubana deseche la posibilidad de adquirir en esos lugares las almohadillas sanitarias tan necesarias para las mujeres, y hasta subordinadas  a un ¿rígido? censo a principios de cada año.

Cuestionaba también la buena calidad de la oferta de máquinas de afeitar que hasta hace unos meses se vendían en los mercados artesanales, y hoy desaparecieron, de los estropajos de aluminio, de los cepillos de dientes…

Admiré entonces la incursión de algunos en la elaboración y venta de medicamentos, de café mezclado, de detergente en todas sus variantes; ponderé su capacidad para encontrar y vender jabas de nailon,  a pesar de que estas permanezcan desaparecidas de las tiendas de  origen.

Fui sorprendido por el desarrollo de la industria del termómetro y el esparadrapo, ausentes de nuestras farmacias desde hace años, o al menos invisibles para los usuarios; igualmente por el acabado de los toma corrientes, la variedad de breaker, y la posibilidad de adquirir uno solo de los tres recipientes de cola loca que conforma el envase antaño vendido en tiendas TRD.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención fueron los relucientes modelos de pilas de agua a tan solo 20 cuc y, hasta la firma Gryza que ostentan en la parte superior; indagué acerca de este exitoso emprendedor pero ninguno de los vendedores me supo decir quién era.

De ese mundo de sorpresas me despertó un grito de algo así como ¡agua! y el corre corre que de inmediato se formó en una suerte de candonga al aire libre ubicada en el Mónaco, en el municipio de 10 de Octubre.

¿Por qué emprendieron esos  “emprendedores” una carrera tan rápida? ¿Será que estaban de manera ilegal y con artículos mal habidos?

Para encontrar  una respuesta busqué la Resolución 42/2013 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), encargada de ofrecer los servicios de orientación y autorización para el Trabajo por Cuenta Propia (TCP).

La referida normativa jurídica refrenda que los TCP tienen el deber de “realizar exclusivamente la actividad o las actividades para las cuales están autorizados, y comercializar las producciones y servicios que realicen”; así como utilizar en el ejercicio del trabajo, materias primas, materiales y equipos de procedencia lícita.

Comprendí entonces la razón de la dramática carrera y la estrepitosa recogida de la mercancía.

Gryza no es el nombre de ningún empresario exitoso sino la marca estatal de las pilas fabricadas en Cuba para el programa de ahorro de agua, y  su precio en las tiendas de venta de materiales es casi ocho veces menor que el ofertado en el mercado de la reventa.

¿Cómo es posible que con una resolución tan clara florezcan a la vista de todos, en un mercado ni tan negro ni tan subterráneo, tamañas ilegalidades? ¿Por qué permitir que los esfuerzos estatales por acercar a precios bastante asequibles artículos de primera necesidad para la población, se vayan por la borda?

Si la propia normativa prevé el retiro de la licencia a solicitud de los órganos de inspección o de los funcionarios de las direcciones de Trabajo  en los casos de violación de la legislación, ¿qué justifica la impunidad con la cual operan hoy los infractores?

Preocupa, además, el expendio en esos sitios de medicamentos normados, de producciones destinadas a la industria eléctrica, de mercancías cuya materia prima es de dudosa, dudosísima procedencia.

En mi andar por esta Habana alguien me dijo, periodista no se preocupe por nada, si necesita un  cohete para viajar al espacio, una escafandra o un unicornio como el que se le perdió al cantautor Silvio Rodríguez, acuda a esos lugares, allí se vende de todo lo que ellos no fabrican. (ACN)


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