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Publicado el 9 Mayo, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Horarios de centros estatales ¿para el servicio de todos?

Si “el cliente siempre tiene la razón” y se trabaja para complacerlo, ¿entonces por qué los horarios de muchas unidades del comercio no se corresponden a ese requerimiento?

Una de las calles habaneras más transitada, Obispo, es un boulevard con numerosas tiendas que cierran sus puertas en el mismo horario del resto de los establecimientos de su tipo. Foto: Alberto Borrego/Periódico Granma

Jeniffer Rodríguez Martinto

Recientemente visité el Municipio Especial Isla de la Juventud y una de las cosas que más me sorprendió fue constatar que a altas horas de la madrugada algunos establecimientos estatales estuvieran abiertos no solo para la venta de bebidas, confituras y cigarros, como suele suceder en La Habana, sino, además,  productos de primera necesidad, incluidos alimentos.

Ello me hizo reflexionar sobre un tema que hace mucho tiempo me causa inquietud: los horarios de servicio de las unidades del Estado.

Para quienes trabajan de lunes a viernes, de ocho de la mañana a cinco de la tarde, y sábados alternos hasta el mediodía, es bastante reducido el tiempo que pueden dedicar a ir de compras,   por lo cual los minutos de almuerzo en muchas ocasiones suelen destinarse a acudir al mercado o a la tienda más cercana en busca de aquellos artículos necesarios en la cotidianidad.

Tal situación trae consigo que en zonas de alta concentración de centros laborales, los establecimientos comerciales tengan  grandes colas en esos horarios, y por ende, exista una extensión del período oficialmente establecido para el almuerzo o descanso.

¿A quién no le ha ocurrido que al llegar a la casa a las seis o siete de la tarde-noche, en dependencia de la lejanía del trabajo o el estado del transporte público, recuerda que olvidó comprar pasta dental, o que el día anterior se le acabó el arroz? En estos casos, y por tales circunstancias, varios son los jefes que consienten estas “necesarias” indisciplinas.

Algunos podrían decir: “que lo compre el domingo, en que no se trabaja”, pero lo cierto es que este día todos quieren descansar, y lo que antes funcionaba hasta las dos de la tarde, cada día cierra más temprano.

Y es así, en La Habana, muchas personas trabajan y descansan en los mismos horarios: la mayoría de las consultas médicas  y trámites suelen ser por la mañana; gran parte de los servicios gastronómicos y comerciales, hasta las seis de la tarde…, y mientras tanto, los únicos que parecen percatarse de esa brecha son los trabajadores por cuenta propia.

Existen tres razones que en debates con amigos y familiares han salido a relucir relacionadas con el asunto: la primera, referida a la seguridad. Muchos alegan que unidades que antes trabajaban 24 horas ya no lo hacen debido a la ocurrencia de delitos en horarios nocturnos.

Segunda posible causa: baja recaudación en los turnos de la madrugada; y la tercera: necesidad del ahorro de portadores energéticos teniendo en cuenta la situación que enfrenta el país.

Ahora bien, si el sector privado cuenta con los mecanismos suficientemente efectivos para evitar percances por las noches, y, además, les resulta rentable hacerlo: ¿acaso no puede el Estado asumir su rol en tal sentido?, ¿qué se encuentra en un negocio particular abierto a las dos de la mañana? Pues los mismos productos que en las tiendas, y a precios elevados.

En el caso del ahorro de energía, es un tema sensible y de vital importancia, no obstante, ¿empleando correctamente el fluido eléctrico en determinadas unidades, no se podrá extender el servicio de otras con alta demanda de la población?

Una de las calles habaneras más transitada, Obispo, es un boulevard con numerosas tiendas que cierran sus puertas  en el mismo horario del resto de los  establecimientos de su tipo. Cubanos y extranjeros, estos últimos acostumbrados a concurrir  en sus respectivos países a los comercios por las noches, se ven reflejados en cristales oscuros que les devuelven la imagen de la añoranza.

Algunas naciones, gracias a la Internet, explotan el llamado comercio electrónico, que consiste en la compra y venta de productos a través de medios electrónicos, pero en Cuba, víctima de un bloqueo norteamericano que dura más de 50 años aún está un poco distante tal posibilidad, aún cuando se han dado  pasos como el pago de determinados servicios mediante tales vías.

Ante este panorama, en el que todavía debemos optar por métodos más tradicionales, valdría la pena replantearse cómo hacerlos más viables para la población.

Si “el cliente siempre tiene la razón” y  se trabaja para complacerlo, ¿entonces por qué los horarios de muchas unidades del comercio no se corresponden a ese requerimiento? o, lo que es lo mismo, ¿por qué no podemos disponer de los servicios cuando los necesitamos? (ACN)


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