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Publicado el 7 Septiembre, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Baracoa y la tensa espera de Irma

Pobladores de un edificio del malecón de Baracoa buscan resguardan sus bienes. Foto: Radio Baracoa

Pablo Soroa Fernández

Baracoa, 7 sep (ACN) Más de 10 mil vecinos del litoral, desde Yumurí hasta Nibujón (límites con Maisí y Moa) están protegidos por el Consejo de Defensa Municipal (CDM), cuando el huracán Irma se aproxima lenta e inevitablemente, hacia las cercanías del primer núcleo poblacional fundado en Cuba.

Dentro de los posibles damnificados que en esa vulnerable zona han demostrado con hechos su percepción de riesgo (fortalecida por la anterior incursión de Matthew), figuran quienes habitan el malecón más nororiental de la ínsula caribeña, con el cual se han enseñado diversos fenómenos hidrometeorológicos, entre ellos el huracán Ike, en septiembre de 2008, precedido de un mar de leva, pocos meses antes.

Aunque algunos no asimilan el rigor de la experiencia, y en horas tempranas de la noche deambulaban por el centro de la ciudad, en general la población baracoana ha respondido con disciplina a las orientaciones de la Defensa Civil.

Se prevé que antes de que haga acto de presencia el meteoro, se resguarden las 36 mil 483 personas previstas en los planes de evacuación, en opinión de Roelvis Ramos Tomacén, jefe del grupo de trabajo político-ideológico del CDM.

En casas de familiares y amigos, túneles acondicionados y en cuevas donde existen o se han creado condiciones aceptables, afrontarán el paso de Irma los habitantes de una ciudad.

Ese actuar es meritorio e imprescindible ante la inminencia del ciclón y sus casi seguras consecuencias: las penetraciones del mar, intensas lluvias y las avenidas de caudalosos y abundantes ríos.

Su disposición para refugiarse en el lugar indicado, no lejos de su vivienda, subrayaron a ACN integrantes de la familia Gresesky-Labaceno, quienes residen en las márgenes del Toa, donde el puente que cruzaba sobre esa corriente fluvial y era considerado una de las siete maravillas de la ingeniería civil guantanamera fue hecho trizas la madrugada del cinco de octubre de 2016.

Antonio, el cabeza de familia, no quiere afrontar jamás una jornada como aquella, en la cual “nunca sentí tan cerca mi desaparición física, pero tampoco la solidaridad de mis amigos, vecinos y autoridades del municipio”, sentenció.


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