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Publicado el 6 Octubre, 2017 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

CRIMEN DE BARBADOS

Heridas impunes (+ video)

El terrorismo, silenciado por los grandes medios de comunicación cuando las víctimas son países pobres, es uno solo y en todos causa el mismo efecto: muerte y destrucción.
Heridas impunes.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz pronunció las palabras centrales del acto de masas y la velada solemne en honor a las víctimas del sabotaje aéreo del avión de Cubana de Aviación en Barbados perpetrado por terroristas mercenarios pagados por Estados Unidos. (Foto: fidelcastro.cu).

Por IRENE IZQUIERDO

Todavía duelen las heridas del horrendo crimen de Barbados y, no obstante haber transcurrido 41 años, en el alma de cada cubano subsisten tan frescas como en la piel de los estadounidenses las provocadas por el ataque a las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, cuando cambió la vida de muchas personas, al ver con estupor cómo en minutos la violencia cercenaba la existencia de miles de seres totalmente ajenos a los entramados de la política.

Más recientemente, se registran las acciones o actos de organizaciones distinguidas por forma violenta de actuar, ocasionando, crímenes masivos y escindendo vidas inocentes en diversas ciudades del mundo.

Solo el terrorismo ha podido estremecer de tal manera el andar de pueblos enteros. Esta sucesión de actos de violencia realizados para infundir terror, miedo o pavor, no se justifica y quienes los ejecutan merecen el más severo de los castigos, aun cuando muchos de estos asesinos se cubran con un manto protector que ha trabado el accionar de la justicia y alimentado el instinto criminal.

Noches de desvelo

Heridas impunes.

Un monumento a las víctimas del sabotaje al avión cubano, se erige en Paradise Beach, Barbados.(Foto: cubaminrex.cu).

Los peritos investigadores del Laboratorio Central de Criminalística, trabajaron arduamente en la identificación de las víctimas del sabotaje en pleno vuelo a la aeronave de Cubana de Aviación CUT 1201. Como a todo el pueblo de Cuba, la noticia los sacudió; fue como un golpe al mentón. No podían entender que un DC-8 hubiera caído a causa de una explosión. Por supuesto, parecía raro; por eso, antes de partir hacia el lugar de las investigaciones, en Barbados, realizaron la preparación de rigor y se documentaron con diversas fotos, historias clínicas, entrevistas a los familiares y todo lo que facilitara la información para el trabajo pericial.

La indagación la llevaron a cabo en dos partes: identificación de las víctimas e investigación del hecho, aunque ambas están siempre muy interrelacionadas. El hallazgo de los restos de los jóvenes nos provocó otro momento terrible.

Durante el proceso se adueñó de ellos una tristeza muy grande y se preguntan una y otra vez cómo era posible que el odio hubiera reducido a aquello tanta vida, tanta alegría, tanta gloria… Esta investigación tuvo una connotación especial. Por un lado, la angustia de tanta pérdida, y por el otro, al pensar en las causas de tan grandes pérdidas y dolor, el deseo de que la justicia imperara de una vez, sobre todo al saber que todavía los terroristas culpables permanecen impunes.

Heridas impunes.

Momentos de intenso dolor. (Foto: bohemia.cu).

Diez años después del suceso -en 1986-, en Cuba se publicó el libro de Julio Lara Alonso La verdad irrebatible sobre el crimen de Barbados, en cuyas conclusiones expone que las pruebas suministradas por los elementos analizados durante la investigación indican claramente que en el interior de la aeronave estallaron dos artefactos explosivos incendiarios; que la segunda explosión ocurrió en la zona cercana al baño número 2 y provocó importantes daños y una combustión sumamente corta, pues a los pocos segundos el avión penetró en el agua, por haber afectado esta explosión el sistema de cables de control del timón horizontal.

Comprobaron, igualmente, que los artefactos explosivos tenían agregadas sustancias incendiarias, que produjeron dos focos independientes de combustión.

Lara ofrece como causa de la pérdida de esta nave aérea y de sus ocupantes la detonación de los dos artefactos explosivos, uno colocado en el centro de la cabina económica de pasajeros y el otro, como ya se ha enunciado, en la zona de los baños traseros.

Y concluye con lo siguiente: “En este anexo no procede que hagamos las recomendaciones pertinentes, ya que estas llevarían implícita la destrucción del imperialismo norteamericano y sus chacales a sueldo de la CIA, cerebro y manos del monstruo que cometió este horrendo crimen”.

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Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo