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Publicado el 3 Diciembre, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL. Con el legado inspirador de Finlay

Mediciana cubanaNo hay mejor ocasión para celebrar el Día de la Medicina Latinoamericana que el 3 de diciembre. En igual fecha, de 1833, nació en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, el doctor Carlos Juan Finlay Barrés. Hombre de mente lúcida, símbolo de honradez y compromiso con una profesión que entraña gran vocación de servicio, dedicó su vida al estudio de la fiebre amarilla y el cólera, los dos problemas epidemiológicos más importantes del país en su época y de los más significativos de América.

El 14 de agosto de 1881, Finlay presentó ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana el trabajo titulado El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla. En este describe las tres condiciones necesarias para que el padecimiento se propague: la existencia de un enfermo, un sujeto sano apto para contraer la enfermedad y un agente capaz de trasmitirla.

Comenzaban así los estudios de entomología médica en el mundo, de los cuales al científico cubano se considera iniciador. Reconocido así por el doctor Gregorio Delgado García, historiador de la Salud Pública, en ocasión del aniversario 170 del nacimiento de Finlay, cuando destacó, además, no solo la labor investigativa del sabio, sino su quehacer como fundador de la organización de la salud pública cubana.

Para generaciones de profesionales de la medicina, hombres y mujeres de ciencia de Cuba y de otras partes del mundo, la vida y obra de Finlay han sido y son inspiración permanente. Los resultados de sus estudios constituyen fuente de inagotable valor para investigaciones sobre paludismo, dengue y otros males.

De la trascendencia de ese legado y la importancia de preservarlo se habla en la jornada de homenaje a los más de 470 mil trabajadores de la salud pública cubana, que tiene lugar del 8 de noviembre al 15 de enero, y está dedicada a rendir merecido tributo al Comandante Ernesto Che Guevara en el aniversario 50 de su caída en combate en Bolivia, y al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al cumplirse un año de su desaparición física.

La impronta de Fidel, principal inspirador de la salud pública cubana desde 1959, demuestra en un sector tan humanamente importante, su compromiso con el pueblo, en fecha tan temprana del triunfo de la Revolución. Los programas de formación de médicos, construcción de policlínicos y hospitales, y el del médico y la enfermera de la familia (que revolucionó conceptos en el sistema sanitario nacional y cuyo funcionamiento actual se trabaja en fortalecer) ilustran sus notables aportes.

Pero sus contribuciones se palpan también en los 162 países donde casi 373 mil colaboradores cubanos de la salud han ofrecido y ofrecen su ayuda solidaria desde 1960. Entre los ejemplos más recientes están Dominica, donde una brigada médica socorrió a los damnificados por el huracán María; y México, que despidió hace poco al grupo de profesionales que atendió a los afectados por el terremoto causante de un centenar de muertos en Oaxaca.

En estos días de homenaje vale reconocer a los miles de colaboradores que en 63 naciones ayudan en estos momentos a los más necesitados, y también a quienes en Cuba –en un hospital, policlínico o consultorio en cualquier lugar del país, en especial en sus lugares más intrincados–, y pese a carencias materiales, contribuyen a mantener los indicadores de salud que distinguen a la Isla.

Es oportuno elogiar igualmente a los trabajadores que durante el paso del huracán Irma mantuvieron los servicios de salud con eficiencia y calidad, preservaron los recursos materiales en las entidades sanitarias y, luego, emprendieron la recuperación.

Sin embargo, más allá de las contingencias -ante las cuales en nuestro medio suelen acoplarse bastante bien los mecanismos, a la vez que aflora lo mejor que cada uno lleva adentro- es preciso llamar a la reflexión acerca de los desafíos que en la práctica cotidiana tiene el sistema sanitario cubano, en aras de lograr su eficiencia y sostenibilidad.

En ese camino es indispensable contar con un profesional cada vez más competente y hacer un uso racional de los recursos. Es vital que en las instituciones del sector, a las cuales acuden personas aquejadas de algún problema de salud y ya de hecho con cierto grado de vulnerabilidad, prime el buen trato y no prevalezcan actitudes inapropiadas de los que ensombrecen la obra común y ponen en tela de juicio la ética que distingue a la mayoría de los que allí laboran.

Evocar al sabio cubano que en el siglo XIX legó a su patria y a la humanidad el fruto de su perseverancia y humildad, trae a la memoria la larga nómina de científicos ilustres nacidos en esta tierra, que tanto hicieron por el bienestar de sus semejantes. Nombres que hay que reverenciar con el actuar diario.


Redacción Digital

 
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