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Publicado el 6 Abril, 2020 por Jessica Castro Burunate en Nacionales
 
 

Contra el poder que limita y lacera

Contre el poder que limita y lacera.

El documental En busca de un espacio, de Marilyn Solaya, cuenta las historias de las sufragistas y feministas cubanas durante las primeras décadas del siglo XX. (Foto: radiosurco.icrt.cu).

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Agresiones sexuales, matrimonios forzados, falta de derechos cívicos y políticos, acoso cotidiano; ser vista como posesión de… cuentan una larga historia de desigualdad y discriminación que tiene como centro a las mujeres. El feminismo no es una moda, ni es algo nuevo en la historia nacional. Resultado de ese movimiento fue la aprobación de la ley para administrar los bienes de manera independiente (1917), la de la patria potestad (1917) y la del divorcio vincular (1918) –las dos últimas fueron pioneras en Hispanoamérica– y el derecho al voto en 1934. Todavía hoy se sigue luchando por equilibrar la balanza, así como transformar esa norma social que asigna roles y límites, y reproduce la desigualdad.

Cuando en la década de los años 70 del siglo pasado, el movimiento internacional ampliaba sus objetivos, Cuba vivía su propia revolución y comenzaba el camino de institucionalizar el principio de igualdad entre hombres y mujeres.

Sin embargo, declararse feminista sigue siendo motivo de cuestionamientos y ataques. En el espacio virtual, asumido como plataforma de denuncia y sensibilización, algunas activistas sufren acosos y agresiones. Este nuevo espacio de disputa es apenas la extensión de un entramado social donde sigue predominando una cultura machista y patriarcal.

Desde hace dos décadas, la psicóloga Yohanka Valdés Jiménez se ha especializado en estudios de género, lo que se convirtió en un compromiso de vida más que en su profesión. “A veces cuesta que las propias mujeres se declaren feministas porque hay todo un imaginario que transmite una confrontación permanente con los hombres. El feminismo desde la práctica activista, el compromiso de la academia o la comunicación social ubican los problemas que afectan las vidas de las mujeres pero también de los hombres, de la sociedad toda. Es una mirada sistémica a las raíces de por qué las mujeres seguimos experimentando cierta cuota de desigualdad.

Contre el poder que limita y lacera.

Yohanka Valdés Jiménez afirma que asume al feminismo. como un compromiso de vida. (Foto: Cortesía de la entrevistada).

“Muchas veces no somos conscientes de cuáles son esas desigualdades que marcan nuestra cotidianidad, como madres, hijas, esposas, o desde el punto de vista profesional. Y vemos cómo en esos espacios se estructuran formas de funcionar que tienen lógicas patriarcales y machistas por las que no siempre podemos actuar con la misma autonomía y legitimidad que los hombres”, explica la especialista del Centro Oscar Arnulfo Romero, el cual organiza un programa anual de actividades y una campaña contra la violencia de género de alcance nacional, desde 2007.

Para la activista, en un mundo donde las mujeres tienen un techo invisible que limita sus oportunidades, es importante abogar por políticas que disminuyan esas brechas. Pero esto siempre debe acompañarse de un cambio en el imaginario social, y particularmente en el de los decisores que elaboran las políticas y atienden su implementación.

Hablemos de violencia

“Hay detalles que recuerdo bien: la vajilla rota, mis dificultades para respirar por los dolores en el cuerpo. Porque eso sí, el rostro no me lo golpeaba; podía no lucir bien en el escenario”, es este uno de los tantos testimonios que en los últimos meses han publicado, de forma anónima, mujeres cubanas en la plataforma de apoyo a las víctimas de la violencia de género YoSíTeCreo.

La página –dentro de la red social Facebook– también socializa infografías e imágenes para ayudar a comprender cómo socialmente se ha naturalizado la violencia, y lo que esto implica para las víctimas que en muchas ocasiones deciden no denunciar.

Contre el poder que limita y lacera.

Fuente: Informe ejecutivo de la Encuesta Nacional sobre igualdad de Género 2018. (Foto: LAYDIS MILANÉS/ CUBAHORA).

Para Valdés Jiménez, la violencia es quizás la expresión más fuerte de esa desigualdad, y gracias al activismo ha ganado visibilidad en sus diferentes expresiones. “Ha habido un tránsito en nuestra sociedad de ir reconociendo y particularizando formas de violencia: física, psicológica, económica, el acoso; pero todavía no es suficiente. También hay violencia cuando la norma social regula los derechos sobre tu cuerpo, lo que te puedes poner, dónde debes andar, a qué hora de la noche puedes estar; cuando cierras mis espacios, intentas manipular, controlar mi cuerpo, mis expectativas”.

La Encuesta Nacional sobre Igualdad entre los Géneros (Enig-2016) aportó algunos datos reveladores. El 39.6 por ciento de las mujeres entrevistadas sufrió violencia en algún momento de su vida, y el 26.7 por ciento en los 12 meses antes de la encuesta. De las que reconocieron ser maltratadas, solo el 3.7 por ciento acudió a alguna institución u organización social; han sido la Policía, la Fiscalía y la FMC los lugares adonde más recurren.

En 2017 BOHEMIA publicó el reportaje Dar amparo a la esperanza, sobre violencia doméstica. Entre las necesidades levantadas por la investigación estuvo la preparación de quienes reciben los casos, tanto en la comunidad, en las instituciones como durante el proceso penal. Esa capacitación que se realiza por medio de talleres donde se involucran la PNR, Seguridad Social y la FMC, debe ser una práctica institucional.

“Puede ser que llegue una víctima a la Policía y no se reconozca y trate como tal”, opina la psicóloga. Parte del problema –agrega– está en que no existe un protocolo específico de atención a las víctimas. “Se debe partir de reconocer que este es un problema social que compete a todas y todos. No es un problema personal, aunque tenga una expresión individual”, enfatiza. El 39.6 por ciento de las mujeres y el 43 por ciento de los hombres encuestados, en 2016, consideraban que la agresión al cónyuge es “problema interno de la pareja y que nadie debe inmiscuirse”.

Contre el poder que limita y lacera.

Intervención pública de la campaña Evoluciona, contra el acoso callejero, otra forma de violencia que viven diariamente las mujeres cubanas. (Foto: Perfil de Facebook de EVOLUCIONA).

Aunque todavía se consideran insuficientes, espacios como las casas de orientación de la mujer y la familia, de la Federación y la consejería de atención a las mujeres víctimas y sobrevivientes que ofrece el Centro Oscar Arnulfo Romero, pueden brindar acompañamiento y asesoría, que para ser efectiva debe ser multisectorial.  “La reparación requiere asesoría legal, capacidades para que las mujeres puedan comunicar lo que sienten, porque hay una sociedad que te juzga, y te dice que eso es un problema de la casa, que trata de minimizar ese dolor que te acompaña toda tu vida. Cuesta mucho trabajo reconocerse víctima y si no lo reconoces no se va a transformar”, refiere.

Equidad para la igualdad

“La sociedad cubana tiene la ventaja de haber colocado, de manera muy revolucionaria, en sus documentos normativos igualdad de derechos para mujeres y hombres. Por eso, en ocasiones es difícil demostrar que realmente nos queda un camino por transitar.

Contre el poder que limita y lacera.

Mensajes promovidos a través de las redes sociales por activistas y proyectos con enfoque de género. (Foto: Tomada de Facebook).

En la práctica necesitamos manejar el término equidad para acercarnos más a la igualdad porque estamos en puntos de partida diferentes. “Incluso si fuera el mismo, los obstáculos para llegar a la meta van a ser distintos a los de los hombres. También necesitamos hablar de la diversidad de las mujeres. No puedes tener la misma política para quienes viven en la ciudad que para quienes viven en zonas rurales. No es solo el género lo que sienta desigualdades, también el color de la piel, la territorialidad…”, concluye.

El feminismo no es una puerta a la confrontación, es una apuesta por una sociedad más justa, que acepte las diferencias pero rechace la desigualdad, que desnaturalice y condene la violencia.

 

 

 

 


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate