0
Publicado el 5 Abril, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

PROGRAMA ENERGÉTICO EN CUBA

Las “chismosas” de Edelbio colgaron sus guantes

Al calor del empeño nacional por hacer un mayor y mejor uso de las fuentes de energía renovable, un panel solar llena de luz las hasta entonces oscuras noches de una humilde familia campesina, en el centro del Archipiélago cubano

Las “chismosas” de Edelbio colgaron sus guantes.Texto y foto PASTOR BATISTA VALDÉS

Han transcurrido tres años, tres meses y todavía a Edlebio González Echemendía le parece que está viviendo la emoción de aquella primera noche, cuando apretó el interruptor y, ¡zas!,  la sala de la modesta casita quedó como si fuera de día.

Atrás quedaban más de 60 años de linternas, faroles, mechones y chismosas, gracias a la instalación de un moderno panel solar, aparentemente más cercano a la ciencia ficción contenida en un filme que a la realidad de aquella zona rural, próxima a las estribaciones de la Loma de Cunagua, en los límites municipales de Morón y Bolivia.

“¿Qué sí hemos resuelto? Imagínate que con esa energía funcionan sin problemas nuestro televisorcito de pantalla plana con su cajita, un ventilador y cinco bombillos led”, comenta Edelbio, acogido desde hace algún tiempo a jubilación, después de haberse “pegado al trabajo duro de verdad”, durante toda su vida, primero en el sector azucarero, luego en la construcción y finalmente en la Cooperativa de Producción Agropecuaria El Vaquerito.

“Tú no tienes idea de lo importante que ha sido para nosotros tener ese panelito en estos días. Si no fuera por él no podríamos estar informados todo el tiempo de la situación del nuevo coronavirus en la provincia y en el país, porque en verdad mi esposa y yo no nos perdemos la revista de la mañana, el parte de las 11:00 AM, la mesa redonda y el noticiero estelar de la televisión.

“Hace poco nos trajeron de Morón un papel con orientaciones y medidas relacionadas con la prevención de esa enfermedad y al leerlas me percaté de que casi todo ya lo sabíamos y lo estábamos haciendo, gracias a la televisión cubana.”

—¿Alguna interrupción o dificultad con el panel?

“Ninguna; eso ha funcionado bárbaramente desde que lo instalaron, aunque…  una vez cayó un trueno en esta zona y me lo afectó un poco, pero los especialistas vinieron, le pasaron la mano y quedó como si nada hubiera sucedido.”

—¿Cuánto pagas por electricidad?

Antes de responder, a Edelbio se le escapa un ocurrente chasquido de lengua, sonríe y, con ese tono ocurrente, tan propio del guajiro cubano, afirma:

“Apenas diez pesitos al mes… pero qué va, como me gusta estar al día o adelantarme, yo pago el año completo.”

—¿Has soñado tener un día corriente eléctrica procedente de la red nacional?

“Claro que lo he pensado; con ella podríamos tener más equipos funcionando, pero pon ahí que vivo tranquilamente así, porque si de algo estamos y estaremos agradecidos mi esposa, mi hijo, mi nieto y yo es de ese panelito que tú ves ahí, porque vino a mejorar nuestras vidas.”

A aproximadamente dos metros de mí, Edelbio levanta el brazo derecho en señal de saludo y de triunfo. En otras circunstancias, estoy seguro de que mi mano sentiría en este instante el cordial estrechón de la suya, pero él ha visto mucha televisión en las últimas semanas y sabe que toda prevención es poca frente a la Covid-19. Por eso se ajusta el nasobuco cada vez que alguien llega a la portada de la vivienda.

También yo levanto mi brazo en gesto de despedida. Desde un extremo del portal de la casa, radiante, un panel parece saludarme. Allá, al fondo, quizás en ese rancho o cuarto para desahogo, donde el campesino suele guardarlo todo “por si acaso un día…” debe estar pendiendo de un clavo fijado a la pared algún viejo farol chino o una de esas chismosas criollas hechas con un frasco y mecha de trapo o saco de yute… las mismas que para tranquilidad de Edelbio  “colgaron sus guantes” cuando el panel llegó y dijo: “Con permiso, aquí estoy yo”.


Pastor Batista

 
Pastor Batista