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Publicado el 12 Julio, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

SOCIEDAD CUBANA

Aquí, Juan Portal en Campo Hatuey

Jubilado ya, un hombre deja atrás todo el derecho que este país le da a permanecer tranquilamente en su hogar y, con las botas bien puestas, decide irse a cultivar hortalizas y vegetales en uno de los organopónicos con que cuenta la ciudad

Aquí, Juan Portal en Campo Hatuey.Texto y foto PASTOR BATISTA VALDÉS

Juan Portal Hernández sabe muy bien que, a esta altura de su vida, pudiera estar acogido a la tranquilidad de ese hogar donde todo hombre o mujer recoge, en familia, lo que en sentimientos ha sembrado durante décadas.

Allí, además de sosiego y placer, tuviera todo el tiempo del mundo para administrarse a su antojo cada minuto.

Pero la divina trampa que suelen tender los peldaños del pasado terminó atrapándolo, como a tantos cubanos, para quienes la jubilación no pasa de ser un bulto de letras sobre papel, cuño y una chequera casi siempre incapaz de congeniar con las necesidades reales que traza cada mes.

Por ello, y por esa carcomilla que le provoca la inactividad, llegó hace alrededor de seis años hasta el organopónico Rancho Hatuey, en Sancti-Spíritus, donde no hubo la menor objeción para emplearlo en la plaza que allí aguardaba por brazos con ganas de producir.

“Y aquí estoy —me dice— encargado de algo tan importante como es la recogida o cosecha de toda la producción para su posterior entrega a los centros que abastecemos.

“No sé porque a los jóvenes no les gusta mucho esta labor: una de las más tranquilas y necesarias, porque se trata del fruto de tu trabajo en esos canteros donde mantenemos entre diez o doce tipos de hortalizas y vegetales que hacen mucha falta para balancear la dieta y para la salud humana.”

No fue, sin embargo, Rancho Hatuey el debut de Juan Portal en el escenario agroproductivo…

“¡Qué va! Con anterioridad yo había pedido tierra en usufructo y me la concedieron. Estuve diez años cultivando tabaco, pero se me formó una hernia y el médico me aconsejó que no siguiera en esa actividad. Todo el mundo sabe que el tabaco es un cultivo muy exigente y yo no debía estar arando tierra, cargando mucho peso, ni haciendo esfuerzo físico exagerado.

“Ese tiempo de trabajo allí vino muy bien para lo que ahora estoy haciendo en este organopónico, al que me gusta llegar a eso de las 6:00 de la mañana, con el fin de aprovechar bien las primeras horas porque a medida que avanza el día el sol se pone molesto de verdad y uno adelanta menos.”

— ¿Y qué le resulta más fácil ahora a Juan Portal: desyerbar un cantero, recoger habichuelas o redactar una información para Radio Sancti-Spíritus?

En el sudado rostro del horticultor aflora una criolla sonrisa, queda  pensativo apenas unos segundos y expresa: “Puedo hacer las dos cosas todavía… porque fueron también muchos años vinculado a la información. Y eso no se olvida. Yo te diría que uno se muere con eso dentro.”

Entonces, animado con un niño, refiere su vínculo con el periódico Escambray, prácticamente desde que esa publicación vio luz primera; su pasión por la fotografía de prensa, su paso por la radio, su colaboración con la revista de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y su manía de hacer periodismo por donde quiera que pasaba.

“Nadie sabe cuánto agradezco todo lo que hice y todo lo que aprendí en ese giro”, me dice.

Lo sé, Juan. Sancti-Spíritus también lo sabe; del mismo modo que hoy debemos conocer y reconocer esto que de forma anónima haces, como miles de cubanos más y como muchísimos jubilados que no pueden adaptarse a la “puñetera” idea de estar dándose balance en el portal de su casa todo el día, habiendo no solo necesidad de ingresos dentro de ella sino también de brazos dispuestos a producir alimentos para toda la sociedad.


Pastor Batista

 
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