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Publicado el 15 Julio, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

PRENSA CUBANA

Día tras día

Hoy, cuando la Unión de Periodistas de Cuba corona su aniversario 57, siguen mereciendo oportuna reverencia las palabras que Fidel intercambió con intelectuales del país en junio de 1961
Día tras día.

Fidel junto a Guillén, Alfredo Guevara y Carpentier, durante el encuentro con la intelectualidad cubana.(Foto: granma.cu).

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Este 15 de julio el gremio de la prensa cubana celebra otro aniversario de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), organización social y profesional, no gubernamental, constituida en 1963, al fusionarse el Colegio Nacional de Periodistas, la Asociación de Reporteros de La Habana, la Asociación de la Prensa de Cuba y pequeñas organizaciones y asociaciones que agrupaban a reporteros, corresponsales, correctores de pruebas, fotógrafos, camarógrafos, dibujantes y humoristas.

Dos años hacía, entonces, que Fidel había intercambiado con un grupo de intelectuales (16, 23 y 30 de junio de 1961) en un ambiente que Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Alfredo Guevara, Miguel Barnet y otras personalidades recordarían para la posteridad como de total transparencia.

Durante casi 60 años, lo analizado por el máximo líder de la Revolución cubana allí ha devenido pauta no solo para quienes hacen literatura, sino también para quienes ejercemos la insustituible labor de informar.

Así, estas líneas evocan aristas de aquel discurso final que ha pasado a la historia como Palabras a los intelectuales.

Si no lo hacía con total claridad él mismo, seguramente lo harían con su acostumbrada turbiedad, de forma solapada, los partidarios de la desunión, los que en verdad no parecen haber nacido para las verdades…

Día tras día.

El 23 de diciembre de 1993 Fidel habló a los periodistas con tanta claridad como a los intelectuales en 1961. (Foto: cubaperiuodistas.cu).

Bien sabía el Comandante en Jefe que a una parte de la intelectualidad le preocupaba la libertad para la creación artística. Dentro y fuera del auditorio había quienes temían que la Revolución pudiera sofocar el espíritu creador de  escritores y artistas, ahogar esa libertad, en particular la de contenido en la expresión del arte.

No sé si algunos ignorarían aún la visión del Comandante en Jefe. Solo sé que, tras calificar la discusión como instructiva, amena y más apta para aprender que para enseñar, fue cristalino al expresar:

“Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad, que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades, que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades…”

Por ello consideró innecesaria y sin razón de ser la preocupación acerca de que el proceso revolucionario fuese a asfixiar al espíritu creador.

“…el campo de la duda —dijo— no queda ya para los escritores y artistas verdaderamente revolucionarios… queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sientan tampoco revolucionarios.”

La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura, cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales es desarrollarlos, precisamente para que lleguen a ser verdadero patrimonio del pueblo, enfatizó.

A 59 años de aquel momento, puedo imaginar el silencio en la sala de la Biblioteca Nacional, plumas y bolígrafos tratando de tomar apresuradas notas, cabezas asintiendo sin notarse a sí mismas en ese comprensivo movimiento.

Día tras día.

Consecuentes con la historia.

Fidel sumaba, poco a poco, solo con la verdad, solo con la palabra, solo con los argumentos, hasta a quienes quizás habían llegado allí más mordidos por la tendencia a restar o a dividir que a

multiplicar.

Su discurso fue un estacazo contra el desaliento, contra la duda, contra el pesimismo.

“Creo que sin ser optimista no se puede ser revolucionario —reiteró— porque las dificultades que una Revolución tiene que vencer son muy serias.  ¡Y hay que ser optimistas!  Un pesimista nunca podría ser revolucionario”.

De igual modo, sin un ápice de condena, lamentó la oportunidad perdida por quienes, pudiendo ser protagonistas de los cambios revolucionarios aquí, preferían “sumergirse en las entrañas del monstruo imperialista”, convertidos en “prófugos y desertores de su patria.

“En cambio ustedes —subrayó— tienen la posibilidad de ser más que espectadores: de ser actores de esa revolución, de escribir sobre ella, de expresarse sobre ella”.

Maestro de la oratoria y virtuoso de la demostración, Fidel no perdió la ocasión de usar hasta ese humor tan usual en las venas de la población cubana y, por supuesto, de su intelectualidad. ¿Si no, por qué los apuntes a ras de agenda cesan para dar paso a la risa cuando él comenta:

“Y que ha habido querellas, ¿quién lo duda?  (RISAS.) Y que ha habido guerras y guerritas aquí en el seno de los escritores y artistas, ¿quién lo duda?  (RISAS.) Y que ha habido críticas y supercríticas ¿quién lo duda?  y que algunos han ensayado sus armas y han probado sus armas a costa de otros compañeros, ¿quién lo duda?

“Aquí han hablado los “heridos”…  Afortunadamente no han pasado los cadáveres, sino los heridos (RISAS)”.

En 2021 se cumplirán seis décadas de aquel diálogo en el que, como también observó Fidel, sobró espacio para expresar y defender  puntos de vista con entera libertad.

Día tras día.

Siempre en 26 y junto a Fidel.

Por generaciones, ha quedado, en zumo, una frase: Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.

Tampoco fue tan sintética. En el discurso prosigue así:

“Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir.  Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie     —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera—, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella.  Creo que esto es bien claro”.

Entonces, hablando como se le habla al hijo amado, dejó, transparente, visionaria, la siguiente recomendación:

“…a lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí.  Teman a otros jueces mucho más temibles: ¡Teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra! (OVACION.)

Julio de 2020. ¿Quién dice que Fidel ya no está?

Creadores, artistas, periodistas, otros intelectuales llevamos, sin hacernos un inventario interno día a día, la esencia de aquellas palabras.

Que ha habido y habrá desertores, ¿quién lo duda?  Que ha habido y habrá guerritas con reclutados que cambian dignidad por billetes, ¿quién lo duda? Que han emergido maestros y maestras en el arte de escribir con tan anfibológica y “modernista” técnica que su giro podría ser lo mismo para la izquierda que para la derecha: nadie lo dude.

Pero son los menos y no componen verano. No es ese ni el periodismo, ni la literatura, ni el arte ni la cultura que nos sustenta como nación. Aun así, mucho olfato, tímpano, tacto y visión. Aunque pasen los años, las décadas, los siglos, aquella gran verdad dicha por el Che (“al enemigo ni un tantito así”) es gemela expresión de lo que desde la Biblioteca Nacional nos dijo, también a todos, Fidel… por ese primer, simple y extraordinario, derecho de la Revolución a existir.

Día tras día.

Con la Covid en el puño.


Pastor Batista

 
Pastor Batista