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Publicado el 28 Septiembre, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

¡Qué clase de “tío” ese Mastrapa!

Viaje a la memoria con el tío Mastrapa.

Incansable lector. (Foto YACIEL PEÑA DE LA PEÑA).

PASTOR BATISTA VALDÉS

Es sencillamente inevitable. Estos días de septiembre aumentan la carga de recuerdos que durante todo el año bullen dentro del tunero Róger Enrique Mastrapa Pérez o “Mastrapa el de los CDR”, como suele llamarle el pueblo, en una suerte de extensión patronímica con boleto a la mismísima eternidad.

Y es que, si bien ya acumula varios años física o formalmente jubilado, más terco y duro que la enfermedad alojada dentro de él, Mastrapa sigue siendo obligada referencia, no solo tunera sino para el país, en lo que respecta al trabajo de la mayor organización de masas en Cuba: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

El asunto, les adelanto, no tiene fondo cuantitativo. No se trata de que haya sido, posiblemente, el hombre que durante más tiempo dirigió los CDR en este archipiélago (más de tres décadas). Se puede dirigir durante un siglo entero y no legar un pétalo generacional. Pero no es ese el caso de  él, a cuya pasión, inteligencia y extraordinaria capacidad de comunicación y de movilización popular están ligadas numerosas experiencias extendidas y enraizadas por toda la geografía nacional.

Para muchos de quienes lo conocen sigue siendo curiosamente interesante, y hasta asombroso, cómo sin haberse sentado jamás en una universidad –excepto para dejar cautivados a estudiantes y profesores con su caudal de experiencias prácticas- Mastrapa haya podido halar a tanto pueblo, desde que con apenas 13 años despuntó como incansable  guerrero contra la inercia y los formalismos.

Por ahí debió empezar a anidar el secreto que lo condujo, sin pretensión personal alguna, a escalonar sus modestos servicios a niveles de CDR, zona,  distrito, seccional, región, provincia y país (en Holguín, Santiago de Cuba, La Habana y Las Tunas), incluido el Secretariado Nacional, además de haber integrado Comités Municipales, Regionales y Provinciales del Partido, la Asamblea Nacional en calidad de Diputado, así como delegaciones a cuatro congresos del Partido y a Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes.

FÍJESE DON KIKE

Viaje a la memoria con el tío Mastrapa.

Mastrapa, toda una vida dedicada al trabajo de los CDR y a Cuba. (Foto: archivo del autor).

Fue bajo su democrática y movilizadora dirección en Las Tunas, que nació y se extendió una de las  experiencias más enraizadas: la caldosa cederista.

Cuenta el colega Róger Aguilera Morales, de la Agencia Cubana de Noticias, que allá por julio de 1979 ya los tuneros José Enrique Pérez (Kike) y su esposa Luz Marina Zaldívar (Marina), eran vértice del barrio para elaborar un sustancioso caldo con carne de gallina y viandas.

Entonces, entre lengüetas de fuego, humo y olorosas emanaciones,  un vecino llamado Rogelio Díaz Castillo, profesor universitario, comenzó a tañer las cuerdas de su guitarra, en una suerte de inspiración que terminó legándole a los CDR y a Cuba la popular melodía, al son de un criollo “fíjese Don Kike, fíjese Marina, con esta caldosa qué bien se camina…”

Sobra decir que desde entonces es difícil hallar un CDR verdaderamente activo y entusiasta en toda la nación, cuyos miembros no preparen y degusten cada 28 de septiembre, nacimiento de la organización, la mencionada caldosa.

Pero si a alguien hubiera que culpar (atención enemigos) por la fuerza con que en pleno Período Especial despegó el autoconsumo o autoabastecimiento familiar, allá, entre edificios del poblado de Vivienda, en Majibacoa, y en otras zonas de la provincia… esa “cárguensela” también al hombre que por entonces permanecía más tiempo entre comités de defensa que detrás de un buró de trabajo.

Fue así como miles de familias empezaron a convencerse de que, para enfrentar lo que se nos venía encima, era perfectamente posible aprovechar todo pedacito de tierra en patios, solares y áreas yermas, para producir viandas, frutas, condimentos…

Pero digo más: carguémosle también a Róger Enrique Mastrapa  el detonante que condujo a la formación de patrullas montadas (con campesinos) para combatir al delito en zonas rurales, así como el fomento de grupos de vigilancia diurna, con jubilados y amas de casa, también en la ciudad, a fin de proteger los bienes y neutralizar cualquier acción del enemigo interno.

A su humilde hoja de haber hay que sumarle el modo en que revolvió al territorio en torno a la reforestación, al imprimirle un sentido popular a esa tarea, que alcanzó su punto más alto en el sureño municipio de Manatí, para luego extenderse como pólvora.

Así,  cepas de plátano, latas y bolsos desechados pasaron a cumplir una función totalmente nueva y “contagiosa” en cuadras, viveros y otros espacios del ámbito familiar, comunitario y social, donde semillas y posturas desplazaron del “hit parade” a las mejores canciones del momento.

Y por si no bastara, infinidad de esposas, a bordo de una sana carcajada, culparon y aún responsabilizan a Mastrapa, de la fiebre que se mantiene pegada a cientos de esposos, inclinados sin medida sobre el tablero de un dominó que también fue rescatado por el entonces Coordinador Provincial de los CDR, a modo de fraternal competencia, como alternativa para ocupar mejor el tiempo libre en barrios urbanos y asentamientos rurales.

DIVISIÓN PARA MULTIPLICAR

Viaje a la memoria con el tío Mastrapa.

Experiencias puestas en práctica por este hombre se extendieron por todo el país. (Foto: PASTOR BATISTA).

De inicio, la noticia me supo a tierra. En total esplendor de trabajo y resultados, Mastrapa era designado para formar una fuerza productiva agrícola, a la postre División  Mambisa, a la que nombró Mayor General Vicente García González, en justo honor al caudillo que encabezó a los tuneros contra el dominio español.

Inclemente, el Período Especial pretendía matar de hambre a quien se parara por delante. Había que producir frijoles (alimentos), tan importantes como los cañones, al decir del General de Ejército Raúl Castro Ruz, a la sazón Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Mastrapa no vaciló un instante. Con un largo machete bien ceñido a la cintura, sombrero de yarey o boina de estrella solitaria en la cabeza y camisa de manga al puño, le metió el pecho a una misión que despegaría con fuerzas obreras, movilizadas, ante el éxodo humano que ya tenía lugar de zonas campesinas hacia la ciudad.

No lo digo yo. Lo sabe Las Tunas: con más voluntad que limas, azadones y machetes, consciente de que “si no hay tractor se montea con bueyes” y con el poder de la palabra como la más eficaz arma de combate, Mastrapa llegó a convertir en verdaderos “leones” a miles de hombres y mujeres que, proporcionalmente hablando, llegaron a producir tanto o más alimento que las mismísimas estructuras convencionales de la Agricultura.

Su táctica fue estructurar una emulación sin precedente, en la que a cada columna mambisa puso el nombre de un patriota de las gestas independentistas del propio territorio, además de generar marcado conocimiento y motivación histórica entre productores y población rural, al punto de devenir cada chequeo todo un acontecimiento sociocultural.

Aún saltan ante los ojos del recuerdo la vehemencia con que los contendientes regateaban hasta la contrapelusa del más “insignificante” parámetro emulativo, la apoteosis que generaba la entrega del Cañón Mambí: artefacto real conservado por los ganadores hasta el próximo corte, o la fiesta en que concluía cada actividad, con el rescate de juegos, tradiciones, repentismo, acciones de beneficio social…

Con razón, a la vuelta de un tiempo la fuerza movilizada se extinguió totalmente, desplazada por quienes habían decidido “coger el monte” o integrase desde él. Mastrapa había logrado su propósito de “sembrar al hombre junto al plantón”.

Incansable, como siempre, por entonces seguía sorprendiendo con nuevas “locuras” como el Jaleo mambí, para llevar sobre carretas y otros medios de transportación, viandas, frutas y vegetales directamente hasta barrios urbanos, en medio de un ambiente no menos alegre y optimista, sin afectar las entrega al Estado.

Sepa el lector, también, que cierto día, tal vez sobre un taburete recostado a su comandancia, se le metió entre ceja y ceja darle verdadero sentido al nombre de muchos asentamientos de la provincia. ¿Cómo era posible que no hubiera ni una mata de níspero en el caserío homónimo, o en La guanábana, El marañón o El dátil…?

De manera que comenzó a desatar todo un movimiento de siembra de especies en cada lugar afín, a la vez que, no menos entusiasmado, fomentó una finca para el rescate de frutas escasas o peligro de  extinción, que llegó a tener más de un centenar de variedades.

Y si a tierra me supo, a priori, aquella noticia inicial de su injerto en el giro agrario, un sabor a fango me dejó luego la decisión de desmovilizar al Estado Mayor de la División Mambisa y dejar sus poderosas e incondicionales huestes bajo el mando en que mucho antes de ser formadas por Mastrapa debieron estar.

¡QUÉ CLARO SIGUES, COMPADRE!

Viaje a la memoria con el tío Mastrapa.

Aparentemente quieto, desde la casa sigue sin dar a torcer su rebelde brazo. (Foto: LEIDYS MARÍA LABRADOR).

No por casualidad meses atrás, en este año 2020, casi le supliqué a Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba, por entonces todavía Vicecoordinador Nacional de los CDR, que en alguna visita a Las Tunas no dejara de contactar, al menos por unos minutos, con ese eterno cederista que continúa ahí, al pie del cañón ¡Qué claro sigue “el viejo”, a la sombra de su apacible oleaje hogareño!

De mis más íntimos diálogos con él  y de sus múltiples declaraciones a la prensa, pongo estos apuntes en conocimiento y a consideración de los lectores de Bohemia, mediante “mini-preguntas” y “super-respuestas” no menos breves y concisas.

¿Los CDR?: “Fruto de la capacidad visionaria e infinita del Comandante en Jefe; un complemento de la escuela, de la familia y de la comunidad, un instrumento autóctono del barrio, sin el cual se debilitaría la unión, la solidaridad, la alegría; pero también un espacio abierto donde los jubilados, amas de casa, las personas desvinculadas o limitadas en el orden físico y hasta mental pueden ayudar en lo que necesite la Revolución”.

¿La vigilancia?: “Primera tarea que nos dio Fidel a los CDR. No por gusto la palabra Defensa está en el nombre de la organización. Eso no solo significa hacer guardia una noche; es enfrentarse todo el tiempo a las mentiras que cada vez esparcen más el enemigo y la contrarrevolución; es donar sangre, vacunar niños, recoger materias primas, tener limpio y lindo el barrio, sembrar plantas, asistir a los actos políticos y reuniones, poner una bandera, preocuparse porque los niños asistan a la escuela, denunciar lo mal hecho, ayudar a los casos sociales, asistir a los días de la defensa y cuantas tareas más requieran la etapa o el momento que se viva”.

¿Tu método, tu estilo de trabajo?: “Los que siempre aprendí de Fidel, Raúl, Almeida y el Che: la vinculación directa con la población, saber oír, interpretar los desvelos y preocupaciones de la gente, estimular y reconocer las proezas y hazañas de los colectivos y personas individuales, tener fe y confianza en el pueblo, sin usar nunca la demagogia o la mentira. Tampoco valerse de métodos efectistas o triunfalistas. Y por encima de todo, el ejemplo personal, unido a sentir como nuestro el problema que tenga alguien a nuestro alrededor.”

¿Cómo fortalecer el trabajo de la organización?: “Haciendo acciones concretas para recuperar creadoramente, con inteligencia y respaldo de pueblo, lo que antes se hacía en todas partes, casi siempre con recursos muy limitados, pero con gran voluntad, entusiasmo y participación de niños, jóvenes, adultos e integración de diversos actores o factores de la comunidad.

Viaje a la memoria con el tío Mastrapa.

Mastrapa confía en que se puede rescatar así, hoy, el fervor cederista de aquellos años. (Foto: ALEJANDRO GARCÍA).

“Quiero subrayar la palabra jóvenes. Hay que insertarlos. Son presente y continuidad. Estaríamos cometiendo un grave error si subestimáramos o no aprovecháramos su estratégica y alegre presencia a todos los niveles, su promoción a cargos de dirección, su combinación armónica con la experiencia de quienes acumulan más años en el trabajo de los CDR.

“Y todo eso está en manos de quienes dirigen la organización. Por eso siempre emplee lo que considero la mejor directiva: ese artículo del Che titulado El Cuadro, columna vertebral de la Revolución. En él y en las enseñanzas de Fidel está todo. No hay que buscar mucho más.  A seis décadas de haber nacido nuestra querida organización, ahí tenemos la mejor brújula para el trabajo presente y futuro”.


Pastor Batista

 
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