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Publicado el 4 Diciembre, 2020 por ACN en Nacionales
 
 

Antonio Samuel Matos, el ejecutor de la roca eterna

El holguinero, devenido santiaguero, es como me lo había imaginado: sencillo, discreto, apasionado, cualidades imprescindibles para asumir una histórica misión que no hubiera deseado acometer nunca, porque quería al invicto líder de la Revolución cubana vivo para siempre, como tantos compatriotas que no concebían aún soltarse de sus manos
Matos, el ejecutor de la roca eterna.

La roca de más de 50 toneladas escogida en las cercanías de la Gran Piedra no estaba pulida, sino de forma natural y hubo que quitarle los vestigios de su estructura geológica milenaria. (Foto: MIGUEL RUBIERA JUSTIZ/ACN).

Por AÍDA QUINTERO DIP
La humildad en persona constituye el mejor calificativo para definir una vida de entrega total a la Revolución como la de Antonio Samuel Matos Díaz, quien tuvo el privilegio de ser escogido como ejecutor de la roca eterna que atesora, desde el 4 de diciembre de 2016, las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba.

El holguinero, devenido santiaguero, es como me lo había imaginado: sencillo, discreto, apasionado, cualidades imprescindibles para asumir una histórica misión que no hubiera deseado acometer nunca, porque quería al invicto líder de la Revolución cubana vivo para siempre, como tantos compatriotas que no concebían aún soltarse de sus manos.

“Pienso que esa selección respondió, sobre todo, a mi aval de trabajo caracterizado por la disposición, entereza, lealtad y compromiso demostrados en 48 años de trayectoria laboral en la Empresa Constructora Militar número 1, de la Ciudad Héroe, el único colectivo en el cual me desempeñé”, expresa.

“Ese alto honor, agrega, me fue concedido después de haberse aprobado en 2006 el proyecto del arquitecto Eduardo Losada, con su interpretación del entorno histórico de la obra que yo modestamente debía ejecutar para ser colocada bien cerca del Maestro Martí, además de Céspedes y Mariana, en ese sagrado altar de la Patria”.

Antonio Samuel cumplió todos los requisitos que exigía el proyecto de su principal artífice, desde sus dimensiones, textura y granulometría, toda vez que la roca de más de 50 toneladas escogida en las cercanías de la Gran Piedra no estaba pulida, sino de forma natural y hubo que quitarle los vestigios de su estructura geológica milenaria.

“Debido a la compartimentación existente tuve que ser tornero, electricista, albañil, ejecutor, enchapador escultórico. Gracias a mi preparación, tenía dominio de esos oficios y la colaboración incondicional todo el tiempo del sanluisero Yordenis Manual Jerez”, subraya.

Ni a la grandeza ni al reconocimiento aspiró nunca este hombre, pero le pusieron en las manos una obra que, sin proponérselo, lo haría trascender y a la que dedicó ingenio creador y su corazón de cubano revolucionario que todo se lo debe al proceso emancipador, iniciado en Cuba el primero de enero de 1959.

Está orgulloso de la raíz guajira, de su natal Naranjo Agrio, en Sagua de Tánamo, y de la familia, especialmente del padre que, dejando atrás siete hijos y una precaria situación económica, se incorporó en 1957 sin miramientos al Ejército Rebelde como integrante de la columna 9 en el II Frente Oriental.

Matos, como le dicen en el ámbito laboral y social, no es un artista ni un escultor, es sencillamente tornero, “y a mucha honra”, como él confiesa, lo que ensancha su mérito. Ha ocupado varias responsabilidades en la empresa como jefe del taller de maquinado, de la base de reparación de medios, en la subdirección de equipos y talleres, además de maestro de los novatos e innovador con participación y resultados relevantes en foros nacionales.

No obstante ese aval, nunca imaginó que en 2009, siendo representante de calidad de la industria de materiales de su entidad, pasara a formar parte de un reducido grupo de trabajo, asesorado por el General de Cuerpo de Ejército Ramón Espinosa Martín, para transformar una bloquera en un sitial histórico especial donde se preparó el monolito amado por Cuba desde hace cuatro años.

Este cubano también está orgulloso de la familia que ha creado, de su esposa Beatriz, el nieto, el hijo dedicado a la defensa de la Patria y las hijas, una médica y la otra licenciada en Contabilidad y Finanzas, a los que agradece el apoyo, la comprensión, pues en aquellos años desconocían qué tarea lo alejaba tanto tiempo del hogar.

“Mi consagración a ese empeño me permitió asimilar mejor el sentido del momento histórico que me tocó vivir, es mi tributo íntimo a Fidel, mi modesto legado a la familia, a la empresa, donde me jubilé hace apenas dos meses y, en particular, a Santiago de Cuba, donde realicé mi sueño”, confiesa con emoción.

“Me consuela saber, añade, que Fidel nunca está solo, junto a ese grano de maíz donde cabe toda su gloria está el pueblo fiel a su legado y los amigos del mundo continuadores de su ejemplo; lo acompañan también elementos alegóricos de su entrañable Sierra Maestra: chinas pelonas a ambos lados de la roca que simbolizan los combates de la Plata y Uvero, helechos y jazmín de café que evocan el perpetuo verde olivo y los balaustres representativos de las 19 columnas guerrilleras forjadas en la guerra”.   (ACN).


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